Musulmana, Activista y Feminista

Hace un tiempo atrás, Laure Rodriguez Quiroga, Presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España y destacada representante del Feminismo Islámico, me pidió que respondiese a un cuestionario. Después de dos meses, he decidido publicarlo en el blog porque creo que es una manera de dar a conocer un poco de mí y de mis motivaciones respecto al feminismo y el Islam.

Creo que conversar abiertamente, sin importar el medio o el canal, es una forma de construir Sororidad en cualquier clase de comunidad y alrededor de cualquier objetivo. El ir y venir de mensajes, da origen a vínculos que, como hilos, sirven para   tejer redes. La puesta en común es un pilar básico de cualquier labor compartida.

También, Para evitar malas interpretaciones y habladurías, no hay nada mejor que interpretarse y hablar por sí misma. Es un honor para mí publicar esta sencilla conversación, con la máxima exponente de la causa de la mujeres musulmanas en la Península Ibérica, posible gracias a la tecnología, que une voluntades y acorta distancias.

Hablanos un poco de tí, de tu historia de vida…

Soy chilena y actualmente vivo en Buenos Aires. Musulmana conversa. Amante de los libros y los viajes. Soy licenciada con distinción máxima en Relaciones Públicas. Tengo estudios de Comunicación y un Postgrado en Gerencia Social. He desarrollado mi carrera en Chile y en el extranjero en comunicación comunitaria, proyectos de desarrollo y docencia universitaria.

Soy también escritora, bloguera e investigadora independiente en temas de Feminismo y Género así como activista por los derechos de las mujeres. Actualmente me siento parte del colectivo feminista “Mujeres del sur”. He participado como conferencista en varios seminarios y congresos relacionados con el tema de la comunicación, el desarrollo y el cambio social en Chile, Perú y Ecuador.

¿Cómo llegaste al Islam? ¿Cómo lo conociste? ¿A través de quién? ¿Qué imagen tenías del Islam antes de entrar? ¿Qué te atrajo de él? 

Mi relación con el islam es de larga data. Llegué sola, como se dice “Allah guía a quien quiere”. Yo tenía una noción vaga del Islam en mi niñez y lo relacioné por mucho tiempo con ideas pescadas al vuelo durante el noticiero, sobre todo con guerras, atentados y opresión de la mujer lo cual, tristemente, no difiere mucho de la idea que tiene mucha gente.

Después, vine a escuchar del Islam en la universidad. Lo que más me llamó la atención, fue la historia sobre el Profeta Muhammad (saw) un iletrado elegido para comunicar una revelación y como ésta cambió el destino de muchos pueblos. En ese tiempo no había internet y muy poca información disponible. Además Concepción, mi ciudad de origen, es tradicionalmente católica y mi universidad, clásicamente masona; que yo sepa, hasta el día de hoy, no hay otros cultos fuera de los cristianos, aparte de una sinagoga. Pero no estoy segura ya que hace tiempo salí de mi país.

Me atrae del Islam su simpleza y a la vez su magnífica profundidad. Elegí el islam porque estoy de acuerdo con lo que dice acerca de Dios; tiene como base la igualdad en la creación entre hombre y mujer; pone al ser humano como responsable consciente de sus acciones; lo estimula a buscar la Fe a través del conocimiento y hace del corazón el centro de la comprensión de Dios, lo cual enfatiza la importancia de las intenciones al desenvolvernos en la vida; es una doctrina de liberación, al reconocer en cada ser humano el derecho a manejar su vida espiritual.

¿Cómo reaccionó tu familia al conocerlo?…

¿Mi familia? ¡Pues ellos felices si yo estoy feliz! Cuando me convertí y lo hice público, recibí felicitaciones de mi familia y amigos. Muchos de ellos me dejaron mensajes, saludos, tarjetas. Consideraban que había tomado una decisión valiente. Vengo de un medio y de una familia católica. La mayoría no sabe claramente que es el islam, así que valoro mucho esta muestra de amor incondicional y de profundo respeto hacia mis decisiones.

¿Es fácil vivir como musulmana en un país como Argentina?¿Hay un rechazo por parte de la sociedad hacia los musulmanes?

Yo diría que es muy fácil. En primer lugar porque existe una actitud abierta hacia lo nuevo, lo diferente. Hay leyes e instituciones que resguardan el “derecho a ser”, a tener tus opciones y no ser discriminado por ello. En ese sentido, Argentina es un país muy avanzado. La presidenta Cristina Fernández se hizo presente el año pasado en el Eid al-Fitr y ha manifestado que ninguna mujer puede ser discriminada en Argentina, por usar elementos distintivos de su religión, en clara referencia al hiyab.

Es un país de constante migración por lo tanto muy cosmopolita. La verdad es que muestras de antipatía por mi opción religiosa no he recibido de parte de ningún no-musulmán. Todo lo contrario. No he encontrado obstáculos fuera de la comunidad musulmana para insertarme, ni relacionarme con mis vecinos, amigos, colegas, compañeras activistas.

Sin embargo, depende de cada uno de nosotros. Si consideramos a los demás como lacras por no ser musulmanes, y nos vivimos quejando de la sociedad en la que vivimos, no esperemos que tengan una actitud de comprensión e interés por el islam. La actitud con respecto al islam de parte de los demás depende en gran medida de la manera en que nosotros como musulmanes nos acerquemos a ellos. La desconfianza hacia el islam ya existe, gracias a los medios de comunicación y los estereotipos. Lo peor que podemos hacer es aumentar esa desconfianza, volviéndonos antisociales en nombre de la religión y haciendo de la falta de empatía una virtud.

Eres una activista en las redes sociales, ¿qué papel crees que juega internet en las luchas de los derechos de la mujer?

Soy activista en las redes sociales y también en el mundo 1.0. Ambos se combinan y potencian. Para alcanzar la igualdad de género en todas sus formas, debemos ser capaces de comunicarnos en la forma más rápida, fácil y barata posible. Sin comunicación no hay acciones, y sin acciones no alcanzaremos el desarrollo. El derecho a la información y la comunicación no son privilegios de los Editores, tampoco son de uso exclusivo de los Periodistas. Son derechos de la gente y nos pertenecen en tanto hagamos uso de ellos. En este sentido, el mundo virtual y los nuevos medios son fuente y razón de empoderamiento en la nueva ciudadanía de las mujeres.

Establecer presencia online, dar a conocer nuestras ideas y hacer escuchar nuestra voz, puede ser el primer paso hacia el cambio social. Conectarse para trabajar juntas por un mejor presente y futuro, es necesario. Tenemos que estar abiertas a las posibilidades de encontrar online, las soluciónes y el apoyo que necesitamos. La conectividad es una ventana abierta de par en par a través de la cual mostramos nuestras acciones y construimos puentes por los cuales la información, las alianzas, los consejos, van y vienen. Que cada una de nosotras pueda hacer valer su voz sin intermediario ni representante es fuerte, pero todas las voces juntas en torno a un objetivo común es aún más poderoso. Los nuevos medios son las herramientas que nos pueden ayudar a producir el cambio social simultáneo y con equidad para todas y todos.

¿Crees que es necesario que las mujeres musulmanas se relacionen y formen parte activa en proyectos de mujer en general? 

Creo que es necesario, pero no obligatorio. Personalmente creo que el islam es un mensaje para toda la humanidad, por lo tanto, ningún asunto humano nos debe ser ajeno, sean o no musulmanes los afectados. No pienso que la práctica religiosa  sea contraria al activismo social, cuando este último se centra en altos ideales. Me preocupa más bien que se justifiquen violaciones a los derechos humanos en nombre de la religión, que cualquier transgresión que yo pueda cometer por salir a defenderlos. En mi caso, creo que es una responsabilidad. Si la humanidad tiene un destino trascendente, una misión divina en la tierra, la opresión, la desigualdad, la injusticia, el hambre son heridas en nuestra dimensión divina ante las que no puedo estar indiferente. En este sentido, me ha inspirado mucho el compromiso social de una hermana de la ciudad de La Plata (Argentina),Isabel Amoretti.

No obstante, así como la religión no se obliga, la militancia social tampoco. Son motivaciones personales. La mayoría de mis compañeras, me incluyo, llegamos al activismo político por alguna situación que nos toca directamente y nos exige participar. Es una experiencia única, a partir de la cual se genera una reflexión respecto a tu rol en el mundo. Luego sales, te involucras y tejes redes con otras mujeres que han tomado la misma decisión, por distintas razones. No todas las mujeres tienen la misma historia y en el caso de las mujeres musulmanas también es así. No todas somos iguales. Hay que tener en cuenta que todo lo que hacemos en nuestra vida tiene que tener un significado para nosotros en términos individuales.

¿Tienes contacto o formas parte de organizaciones de mujeres en tu país? ¿Cómo reaccionan cuando conocen que eres musulmana?

Cuando trato con otras mujeres, saber que soy musulmana les provoca alegría e interés, es un elemento de diversidad valorado como una riqueza, no como una desventaja ni una razón para el aislamiento. También estoy llevando un curso de Gestión socio-comunitaria con perspectiva de género. Tratamos temas como la violencia o los derechos de la mujer; es una instancia en la que he podido compartir el punto de vista de mi Fe sobre asuntos que tocan a la sociedad donde vivo en un plano de total respeto, aceptación e igualdad.

¿Crees que la islamofobia genera una reacción de autodefensa en los musulmanes? 

Creo que la islamofobia, por un lado, y la “kufarfobia” (Kufar=no musulmán), por otro, son venenos nocivos para el diálogo interreligioso y la convivencia de las personas. Se equivocan los que siembran el odio contra el islam y también se equivocan los que llaman a los musulmanes a aislarse  de todo por temor y para no contaminarse con los asuntos del “Dunia”(vida mundana)

Desde este punto de vista, no entiendo cómo puede promoverse un islam integrador si no conocemos la realidad del mundo, las razones por las que sufren las personas, sus dudas espirituales, etc. La Dawa es un deber y para ello, tenemos que salir al mundo. Si creemos que el islam es la respuesta a la sociedad en la que vivimos, tenemos que aceptar que somos parte de ella y que para cambiarla, tenemos que estar ahí. Sino, vendrán otros con sus mensajes y muchas de las cosas que dirán serán en contra del islam.

Si queremos una sociedad mejor, tenemos que dejar de demonizarnos unos a otros. Detrás de las etiquetas hay seres humanos y todos los seres humanos queremos el bienestar social y la paz. Para ello necesitamos colaborar unos con otros. La colaboración se consigue reconociendo en el otro al “próximo prójimo”, como decía Mario Benedetti. El aislamiento alimenta la incomunicación, el prejuicio, la intolerancia. No es bueno en lo absoluto.

¿Cómo afecta a las mujeres? ¿Crees que las mujeres somos utilizadas como el chivo expiatorio?

Respecto a la situación de las mujeres en particular, no puedo hablar por todas ellas. Yo hablo por mí. Lo que digo es lo que pienso, hablo en mi nombre y no en nombre del islam ni de las mujeres musulmanas. Siento un genuino respeto por la libertad que tiene cada persona de explicarse a sí misma. Pienso que, en realidad, son ciertas libertades las que se ven afectadas como consecuencia del prejuicio, la falta de pensamiento crítico, el maniqueísmo, el miedo, la verticalidad del poder y el autoritarismo en las opiniones. Yo no me he sentido un chivo expiatorio, simplemente porque no he permito, ni permitiré, que me conviertan en uno.

 

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