Había Una Vez, un País con Mujeres

Había una vez un país donde existían mujeres. Mujeres que se sentían libres de mostrar su cara sonriente a una cámara y dejar su pelo al viento. Mujeres que visitaban bibliotecas en busca de sus libros favoritos y hacían sonar la música de sus tacones en los salones de las universidades y en el hall de los hospitales. Mujeres que compartían con hombres la misión de ampliar los horizontes de la ciencia. Mujeres que contribuían con sus ideas, sueños y sabiduría natural, a la construcción de un país.

El País era Afganistán. Gracias a las guerras, al régimen Talibán y las invasiones en nombre de la Democracia, en Afganistán no existen mujeres. Existen fantasmas sin identidad ni vida, prisioneras detrás de una cárcel de tela llamada Burqa. Nos dicen que es el Islam quien ordena la opresión del género femenino debajo de esta máquina de tortura en movimiento, que ejerce un peso de 7 kilos sobre la cabeza e impide  la visión clara del entorno, haciendo a las mujeres totalmente dependientes de otro para moverse, pero no es así. No hay nada en el Corán que exija o recomiende el Burqa. El Burqa y su imaginario simbólico relacionado a la opresión de la mujer dentro del islam, es una perversión talibán motivada por la misoginia.

Se dice que esta prenda tiene su origen en la Dinastía Aqueménida del Imperio Persa, fundada por Ciro II el Grande (siglo VIaC). Por otra parte, el velo ya se usaba en Asiria (país de Asia antiguasituado en la región de Mesopotamia), habiéndose encontrado referencias escritas sobre este que datan del siglo XIII AC. Es una prenda folclórica de uso común en las tribus Pashtunes.

Cuando el régimen de los Talibanes, un grupo integrista islámico surgido en las escuelas coránicas de Pakistán, en su mayoría pertenecientes a la etnia Pashtun, impuso el Burka como obligatorio, se produce un retroceso en el desarrollo de la sociedad afgana. Un retroceso a la edad media, con toda la violencia contra los Derechos Humanos de las mujeres que ello implica…

El Burqa de tela, es el símbolo de muchos otros. El primer “Burka” que los Talibanes pusieron a las mujeres fue su exclusión total de la sociedad como seres humanos. A partir de las imposiciones del régimen, que prohibió cantar, bailar, tocar música, practicar deportes e incluso volar cometas, pasatiempo nacional afgano,las mujeres afganas tiene la prohibición de: pasear solas por la calle,trabajar, estudiar e incluso recibir asistencia médica. Tienen que viajar en el maletero de los taxis y nadie está obligado a prestarles ayuda si se encuentran en una emergencia.

Entre las decenas de miles de mujeres desterradas de la vida social afgana por cuenta de los talibanes había 7.790 maestras; se cerraron 73 escuelas en Kabul. El 65% del profesorado, el 40% de los escolares y casi la mitad de los 7.000 estudiantes de la Universidad de Kabul, eran mujeres. El golpe humano y moral, fue brutal.

A varios años de la invasión que, supuestamente, iba a traer “libertad y democracia” poco ha cambiado para las mujeres. El Parlamento afgano es una farsa de la democracia dónde concurren antiguos oponentes al régimen soviético, comunistas y burócratas nombrados por la OTAN y jefes tribales; se limitan a aprobar decretos del Poder ejecutivo.Las mujeres fueron colocadas allí para demostrar que algo había cambiado desde que se fueron los talibanes. No hay un verdadero empoderamiento.

En el 2007, por ejemplo, 165 mujeres, víctimas de violencia de género, intentaron quitarse la vida. El 85% de las afganas afirma padecer violencia en el ámbito doméstico. La mitad de las denuncias son por abusos sexuales. Los casos de violencia contra mujeres y niñas aumentaron en febrero de 2008 a un 40% en relación al año anterior. El 60% de las mujeres es víctima de matrimonios forzados. La mitad de los casamientos son de jóvenes que aún no han cumplido los 16 años, a pesar de que la ley lo prohíbe;Las niñas suelen ser entregadas como restitución por una disputa, deuda o crimen, según las leyes tribales-, pero también por la pobreza extrema que sufre el país. Un padre puede recibir entre 600 y 1.500 euros por su hija. Lo que equivale a tres años de sueldo de un trabajador.

Pero la pesadilla de las mujeres en Afganistán no acaba ahí: su existencia sin los derechos básicos y fundamentales se desarrolla en un país en ruinas, con una pertinaz sequía, empobrecido, sin infraestructuras, plagado de minas terrestres, con dificultades para encontrar vivienda y alimento, bajo los desastres de más de veinte años de guerra,con los hombres en combate y sin un sistema productivo, donde la clase culta o profesional ha huido o muerto.

La Conferencia Internacional sobre Afganistán realizada en Bonn el 5 de diciembre, organizada por fundaciones partidarias alemanas que acompañaron,activamente, el proceso de reconstrucción de Afganistán durante los últimos años, dejó claro que falta mucho por hacer en favor de los derechos de las mujeres, especialmente con respecto a la superación de la pobreza y la reconstrucción del tejido social. Afganistán depende totalmente de la ayuda internacional. El 90% de su presupuesto anual se nutre de otros países. A eso hay que añadir la existencia de una insurgencia armada en el país.

Si bien los conferenciantes en Bonn prometieron incrementar la ayuda a partir del 2014, nada garantiza un cambio significativo en cuanto a la recuperación de los espacios para las mujeres. Como dijo la activista Azizeh Khairandaish :” Es un hecho que la pobreza favorece la radicalización.” Y agregó que “impulsada por la pobreza y el desempleo, la gente joven se une a los talibanes para luchar contra el Gobierno.”

La historia registrada en fotos demuestra que hubo un pasado cercano en el cual existió un país con posibilidades y a escala humana. Un país donde había mujeres. Las fotografías también prueban que la religión puede convivir en paz con la libertad de pensarse a sí misma y ejercer el derecho humano fundamental a SER. El Burqa ha sido usado como excusa para oprimir. Si bien la amenaza taliban es latente y el camino hacia la paz muy difícil aún, ya no es tiempo de excusas. Y cuando ya no existen excusas, lo único que queda es avanzar.

(Las fotos usadas en este post pertenecen a la colección “Once Upon a Time in Afganistán”, que puede verse haciendo click en el enlace)

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