Crímenes de odio y la Conciencia nuestra de cada día

Treyvon Martin

En la lluviosa noche del domingo 26 de febrero, Trayvon Martin, de 17 años, fue a una tienda de comestibles en Sanford, Florida, Estados Unidos. Cuando volvía a casa con dulces y una botella de té helado que había comprado, le dispararon. El asesino, George Zimmerman, no escapó. Dijo que había matado al chico en “defensa propia”, pero existe una fuerte opinión pública en torno a que le disparó motivado por los estereotipos raciales predominantes respecto a los afroamericanos en Estados Unidos. La policía de Sanford le creyó y lo dejó libre. Desde entonces, muchos testigos aparecieron, se revelaron llamadas al 911 y las noticias sobre el asesinato provocaron estupor mundial.

Agnes Torres era una brillante sicóloga mexicana, activista en la defensa de los derechos de la comunidad LGBT. A pesar de su destacada carrera, la Universidad donde estudió sicología, se negó a darle el título, debido a su condición de transexual. El viernes 9 de marzo de este año, algunas personas la vieron subir a un automóvil con una maleta. El lunes 12, el cuerpo de Agnes apareció muerto, desnudo, degollado y abandonado a las orillas de la carretera Siglo 21. Juan Pablo Castro, un político mexicano dijo que “Ella se merecía lo que le pasó”.

Agnes Torres

Daniel Zamudio, era un joven de 24 años que vivía en Santiago, Chile. A principios de Marzo, fue golpeado hasta que perdió la conciencia. Sus atacantes lo quemaron con cigarrillos. Desfiguraron su cara. Le golpearon con una enorme piedra repetidas veces el estómago y la cara. Quebraron una botella en su cabeza: con un trozo de vidrio cortaron parte de su oreja y marcaron tres Swasticas en su piel una y otra vez. Forzaron los huesos de sus piernas hasta que los sintieron quebrarse. Su muerte cerebral fue declarada hace dos días. Los doctores dicen que sus órganos están tan dañados que ni siquiera sirven para donación. Daniel Zamudio era homosexual y fue atacado por quienes se dicen herederos de los Neonazis.

Shaima Alawadi, musulmana, 32 años, 5 hijos, Iraquí residente en Estados Unidos, quien se había mudado recientemente a San Diego desde Michigan, fue encontrada en su casa la semana pasada severamente golpeada. Alawadi murió en el hospital el pasado sábado. Sus atacantes dejaron una nota al lado de su cuerpo: “Vuelve a tu país, terrorista”.  Mirando a la cámara y bañada en lágrimas su hija preguntó: “Ustedes se llevaron a mi madre. Se llevaron a mí mejor amiga. ¿Por qué? ¿Por qué hicieron esto? ”

En la muerte de Trayvon, Agnes, Daniel y Shaima, así como en la de cualquier persona que sea asesinada en crímenes de odio en razón de su raza, género o religión, los primeros culpables son, por supuesto, los agresores. Pero no nos engañemos porque no son los únicos. Vivimos en una sociedad que ha normalizado la violencia en la vida cotidiana: Culpables de estas muertes son también las iglesias o religiones cuando avalan en su seno a cada uno de esos predicadores, estudiosos, líderes y representantes que niegan la igualdad y separan a los seres humanos en deseables y no deseables, legitimando el odio, la discriminación y las conductas violentas como parte de su ética; son también culpables las instituciones públicas que no se comprometen seriamente para educar en igualdad; son culpables la mayoría de los políticos y autoridades de gobierno, que ahora se lamentan pero, una y otra vez, rechazan tomar cualquier medida a favor de una mayor inclusión y con ello – por omisión- promueven la violencia y normalizan la discriminación.Todos ellos, son culpables e hipócritas.

Daniel Zamudio

Pero también es culpa nuestra. Somos la humanidad y  aunque cueste aceptarlo, pertenecemos a la misma especie que los que asesinan por odio, los que fomentan la discriminación, los que rechazan planes de educación en igualdad: Nos quedamos en silencio ante ellos, viendo, escuchando, eligiéndolos. Por lo tanto, parte de la sangre de Shaima, de Daniel, de Agnes, de Treyvon  salpica a nuestras conciencias: Los que hacen el mal, están dispuestos a todo para lograr sus objetivos mientras que los que hacen el bien temen, tienen reservas y dudas acerca de que podría pasarles si van más allá.

La amabilidad, la honradez, el cuidado del prójimo- lo conozcamos o no- se han vuelto conductas heroicas, extraordinarias: Ser activista es estar expuesta (o) a la odiosidad y la incomprensión; involucrarse en actividades comunitarias es “una pérdida de tiempo” y defender los derechos humanos “una tarea inútil”. ¿No es esta la opinión oficial?  ¿Cuándo la vida de una persona comenzó a importar tan poco? ¿Cuándo olvidamos que la diferencia entre otros y nosotros es sólo gramatical? ¿Cuándo las bases de nuestra convivencia pasaron a ser letras talladas en bronce pero no en nuestra conciencia: Libertad, Igualdad, Fraternidad?

Shaima Alawadi

Si existe una idea sobre el destino de la humanidad, esta idea debe ser puesta alrededor de la Honestidad, la Compasión y el Sentido de Justicia. Lo que nos hace iguales, es que somos diferentes, creados en forma única, especial y sin repetición. Esta riqueza es un regalo divino, no debería ser motivo de discordia y en ningún caso razón para la violencia o el crimen. El odio no es necesario. La violencia, tampoco. Hay ejemplos bien documentados en la historia que prueban esto. Sin embargo, el cuidado y la preocupación generosa y solidaria, son fundamentales para sobrevivir. Esto parte por entender que no existe aquello de “los nuestros” y “los otros”. Sólo existimos “Nosotros”.

Si el concepto de humanidad aún merece atención, tenemos que dársela ahora más que nunca, en estos tiempos inciertos, de cambios feroces. Esto significa convertir las ideas en intenciones y las intenciones en acción. Quiere decir actuar en coherencia con lo que pensamos y defender en los hechos lo que decimos defender. Detener los crímenes de odio es nuestra responsabilidad aquí y ahora. El odio NO es una opinión, es una conducta criminal. Quienes promueven la segregación, la violencia, la subyugación de una parte de la humanidad en razón de su raza, religión, género u otra, son criminales; y deben ser identificados, nombrados, inscritos en listas, denunciados y castigados. Si la base del crimen de odio es el rechazo a la diferencia, todos somos víctimas potenciales.

Podemos realizar pequeñas o grandes acciones, desde nuestro entorno: Es posible levantar la voz contra la violencia y la discriminación en cada momento y lugar porque estas lacras están presentes en todas partes: En la fila del banco, en la escuela, en el lugar de trabajo, en un restaurante. Podemos empezar hoy por tener una conducta inclusiva y de tolerancia cero a la intolerancia, y así, transformar lo que hoy son acciones extraordinarias por la paz y la integración en parte de nuestra rutina diaria. No es sólo contra la violencia que tenemos que levantarnos; tenemos que pelear especialmente contra nuestra comodidad de cada día. La falta de conciencia respecto a nuestro destino común como humanidad es nuestro peor enemigo y el mejor aliado de los que asesinan por odio.

Actualización: Al término de mi jornada, hoy 27.03.2012. fui informada de que Daniel Zamudio murió. Q.E.P.D Daniel Zamudio…Gracias a los Honorables del Parlamente Chileno La Ley contra la Discriminación lleva  7 años durmiendo en el parlamento. Ustedes Honorables sientan tambien responsabilidad de esta muerte.

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