Los Jóvenes de Chile llenarán la Patria de Regalos

Estudiantes de Pie, y todo Chile con ellos

Ayer, mientras seguía la transmisión de la marcha estudiantil por la educación desde el sitio de “El quinto poder”, no pude evitar un dejo de nostalgia, un toque de orgullo y, sobre todo, mucho sabor a esperanza.

Me acordé delos años 80 cuando siendo yo una niña, me emocionaba con los cortes de luz del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y los pintados de murallas del MIR. No sabía nada de política, pero sabía que el señor de uniforme color rata – no lo nombro porque con esta boca como y rezo- que hablaba por la tele con voz gangosa, era una idem. En mi población, alejada del progreso y llena de vecinos nuevos, producto de las erradicaciones, la vida transcurría modesta, pero tranquila. Mi hermano y yo no ibamos al colegio en día de huelga y los días de protestas y barricadas nos quedábamos en familia, despiertos en plena noche, con las luces apagadas, reunidos alrededor de las transmisiones de radio Habana Cuba.

Me acordé del 88, el día del plebiscito. La gente había ido a votar nerviosa y decía de que si ganaba el No, habría otro golpe de estado. No pasó nada al final; o sí, pasó mucho: Esa noche, después de muchas noches, salimos a la calle a juntarnos con nuestros vecinos a hablar, en grupos de más de 3 personas. Ese día, colgar la bandera ya no fue más un acto obligatorio para evitar la multa, sino el producto de un sentimiento de libertad: “No más golpes en Chile, ni un gorila en el sillón”.

Me acordé de los años 90 cuando, siendo yo una estudiante universitaria, nos levantamos en tomas, en protestas y marchas, a lo largo del país; salimos también a la calle a pedirle al gobierno -en ese tiempo, el de Frei- un acceso más justo a la educación . Sin embargo, no logramos nada, porque algunos dirigentes de la Confech cambiaron los anhelos de justicia social por buenos puestos en el gobierno. Negociaron, pero para ellos. Una decepción total, darse cuenta que habíamos sido estafados por yuppies de la política.

Sentí nostalgia, porque mi generación, la X, habiendo vivido y atestiguado todo el dolor de la represión, de la falta de libertades, de la discriminación… Mi generación, en la que todo niño tenia un familiar cesante, un amiguito erradicado y un conocido desaparecido, no fue capaz de mostrarse como digna heredera de los que habían puesto las ideas, el cuerpo y,muchas veces, la vida por nosotros, para entregarnos un país libre. Si, un país para armar, pero libre. En algún momento, las palabras de Tomás Moulian en su libro “Chile actual: Anatomia de un mito” se volvieron fríamente proféticas: Ya no luchabamos por derechos, sino por nuestro derecho al consumo. Abandonamos nuestra ciudadanía en las plazas y nos la llevamos a los Food Court de los Malls Plaza.

Ayer, mientras veía a los estudiantes marchar por la alameda, me acordé también de unos versos  de Neruda:

Esto heredamos de los anteriores
y hoy que el rostro de Chile se agiganta, cuando echamos atrás tantos dolores,

Te necesito, mi joven hermano,
joven hermana, escucha lo que digo:,yo no creo en los odios inhumanos,

No creo que el hombre es enemigo:
creo que con tu mano y con mi mano, frente al malvado y contra sus castigos,

Llenaremos la Patria de regalos, sabrosos y dorados como el trigo.

Y me sentí orgullosa. Tengo una hija de 20 años, universitaria. Nunca pensé que su generación, en medio de tanta doctrina de shock, destinada a producir alienación, tomaría la posta de una de las luchas sociales más importante de la historia del país. Y me sentí orgullosa de que, a pesar del mal ejemplo recibido, hayan sido capaces de mirar más allá, de resistir el individualismo de cartón, donde el otro es una amenaza y no el próximo prójimo.

Sabemos, chilenos todos, que esto no es sólo por la educación: Es una cuestión vital, de supervivencia: La verdadera libertad no se construye sobre las espaldas de la precariedad laboral de otros. No hay progreso si los derechos son mercantilizables. No hay democracia si hay que pagar por ella. Es el sistema o nosotros.

Me llena de esperanza que nuestros jóvenes lo hayan comprendido. Los jóvenes de Chile se han apropiado de esta nueva revolución con la generosidad suficiente de invitarnos a ella, a pesar de nuestra falta de memoria.  Tengo la esperanza de que por fin, hay espacio para rescatar algunas  utopías:

Para que Chile sea una tierra  fértil y soleada , donde el producto de su cosecha sea siempre  la Equidad, y la Solidaridad.

Para que la gente de Chile recupere la  soberbia, la gallardia y el hambre de libertad: Para no ser por Rey jamás regida, ni a sistema neoliberal sometida.

Para que Chile sea una mesa grande y redonda como la luna,  donde siempre haya lugar para uno más.

Porque como dijo Gabriela Mistral: En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas.

Yo sé que otra sociedad es posible, pero sé también que esta es un trabajo colectivo, no sólo de la juventud. Gladys Marín, que si viviera hubiese estado ayer en la marcha, acompañando, dando fuerzas, luchando, nos advirtió: “A nuestro pueblo y la juventud a mantener la unidad, la organización y la vigilancia”.

Yo tengo esperanza porque ayer, mientras seguía la transmisión de la marcha estudiantil, juro que vi la ancha Alameda dar paso a 80 mil hombres y mujeres libres que quieren construir una sociedad mejor.

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