Para Entender la Opresión de la Mujer en Arabia Saudita

A nadie le pueden pasar inadvertidas las repetidas referencias y noticias sobre los nuevos pasos que están intentando dar las mujeres en Arabia Saudí. Siempre se resalta la posición de la mujer en ese país y en los fronterizos: Mujeres bajo un régimen patriarcal y machista, que no pueden conducir ni votar, que son vejadas porque su rol se ha reducido a aquél que desarrollan en casa. Sin embargo, esto es absolutamente contrario al Islam, aunque se lo culpa generalmente de la opresión de la mujer en los países musulmanes.

El Islam está basado en el Corán. El Corán, en tanto revelación, se organiza en torno a 3 ejes: La Justicia, la Razón y la Libertad. De acuerdo a esto, la opresión de la mujer , aunque se diga que es en nombre de los valores islámicos, es un atentado, una vejación y una herejía a la esencia misma del Islam y de la palabra de Allah.

¿Por qué este tipo de maltratos no influyen en el trato que desarrollan nuestros gobiernos con esta petromonarquía? Deberemos considerar la evolución de los acontecimientos antes de pasar al análisis que explica esta permisividad en concreto.

En nuestros días existe una percepción tan política del Islam que la aproximación a sus temas no se hace nunca desde su teología y/o ciencias, sino que está centrada en los clichés que recibimos sobre las agresiones de las mujeres, su lapidación y demás.

Para entender la opresión de la mujer en Arabia Saudita, vamos a presentar los fundamentos de la ideología que Arabia Saudita dice defender y sobre los que sustentan su vejación de la mujer y su falta de derechos, así como factores circundantes que contribuyen a su situación.

El Wahabismo

Arabia Saudita representa una versión extrema y dogmática del Islam, vinculada más a los intereses de sus monarcas que al espíritu del Corán.

El Wahabismo como doctrina de pensamiento tuvo su origen en los territorios que constituyen hoy la actual Arabia Saudí. Surgió como reforma para combatir la enajenación en que estaba sumido el mundo musulmán bajo el Imperio Otomano.

Para ello, Muhammad Ibn Abd al-Wahhab (1703-1792), basándose en las ideas desarrolladas por Ibn Taymiyya, un estudioso islámico particularmente machista, cuatro siglos antes, intenta volver a formular el Islam en torno a su eje fundamental: La expresión de la unicidad de Dios (Tawheed) de la cual deriva el camino que debería llevar a los musulmanes a la verdadera liberación. La reflexión de Wahhab tiene como fundamento la vuelta a la fe purificada de todo tipo de politeísmo, lo cual  permitiría a los musulmanes un despertar espiritual.

Ibn Abd al-Wahhab entiende la afirmación del Tawheed como la única salida que permitiría a los musulmanes recuperar la fuerza que tuvieron los primeros fieles (al-salaf); sólo este Tawheed, basado en una lectura nueva y exigente del Corán y de las palabras del profeta, podrá conseguir la liberación del yugo extranjero, de la corrupción y de la decadencia.

De acuerdo a esto, hay que comprender el surgimiento del Wahabismo no como la expresión de una evolución teológica en el Islam, sino como una respuesta política a una situación política (la supuesta degradación social provocada por la intervención extranjera)

Así, cuando Wahhab firmó una alianza con Muhammad Ibn Saud, de la actual dinastía gobernante tenía la clara intención de reformar la sociedad musulmana al menos en su corazón, en Arabia, donde se encuentran La Meca y Medina, en un momento en el que en el Imperio Otomano manifestaban signos de decadencia por todas partes.

Pero la toma de poder por los Saud –apoyados por los británicos– se expresa por medio de un pensamiento literalista y estricto, alejado de la fuente viva de reforma que se esperaba y éste es un hecho no atribuible a su autor sino a sus “representantes” posteriores.

La Casa de Saud

Desde entonces, los Saud hacen y deshacen a su antojo, conservando una lectura patriarcal de los textos que ya habían sido desde hace tiempo androcéntricos y exportan sus ideas al extranjero gracias a la impresión de libros relacionados con la jurisprudencia y el derecho islámicos según su parecer y callando con dádivas tanto a occidentales como a orientales quienes, pudiendo esforzarse por una interpretación diferente y más inclusiva, reciben este material sin cuestionarlo, porque les parece más auténtico o islámico… y porqué hacer la vista gorda paga muy bien.

Los Medios

¿Qué hacen los medios mientras esto se va desarrollando? No podemos obviar que el uso del lenguaje y de determinada terminología nunca es inocente, y menos en un tema del que parece que todo el mundo puede hablar y donde han surgido “nuevos expertos” que atormentan a la población con sus análisis, supuestamente, objetivos.

Si sumamos a esto la incapacidad de nuestro mundo occidental de entender cualquier otra forma de pensamiento que se distancie de su universo cultural, dejando de reproducir su propia experiencia; tenemos como resultado una negación del “Otro”, que se ve reducido al exotismo, y a etapas anteriores en la evolución de la historia humana. Etapas que occidente califica de bárbaras.

Las Autoridades Islámicas

Muchos ulemas no han sabido innovar para que el pensamiento islámico esté contextualizado. Se trata de una realidad que Rashid Reda ya reflejó a finales del siglo XIX: “es sobre todo porque los ulemas – sabios- no han sabido renovar su apologética por lo que muchos musulmanes se han desatendido de su fe”. Pero a todos nos debe importar, independientemente de lo que hagan los ulemas, que cada mujer que sufre vejación tanto si esto sucede en Arabia como en nuestras sociedades occidentales democratizadas y democratizadoras.

La Respuesta

Debemos alzar la voz en contra de todo tipo de discriminación sexista que atribuye a las mujeres roles prehistóricos y que las consideran faltas de voz por la masculinización que han sufrido los textos religiosos y legales.

Por otro lado, sería injusto dejar de mencionar los movimientos feministas universales en general y musulmanes en particular, porque están desafiando la lectura tradicional de los textos y descubriendo la naturaleza feminista del propio Corán. Son movimientos necesarios porque la fidelidad al Corán y a la Sunna no reside en la repetición de sus palabras y en el comentario de las distintas glosas, sino en el entendimiento del sentido dinámico de su contenido.

A occidente le falta consistencia cuando se trata de las mujeres musulmanas. No se puede dejar de notar cómo se mueven los hilos de la “Democracia” cuando tienen intereses en los recursos naturales y económicos de un estado sin preocuparse mucho por lo que sufren los autóctonos de ese país.

El apoyo de las políticas de un país u otro no puede surgir sólo desde el interés que se tenga en lo que ese país nos esté aportando, debe salir desde el deseo utópico de apoyar y defender a las víctimas de tales injusticias, tanto cuando tienen lugar cerca de nuestras fronteras, como en sitios remotos de este, nuestro planeta.

En palabras de Gema Martín Muñoz, no es el déficit de democracia en los Estados musulmanes, déficit que erróneamente se atribuye al Islam, sino la falta de voluntad democratizadora de unas élites gubernamentales que cuentan con importantes apoyos exteriores y que han encontrado en el “Miedo al islamismo” la coartada ideológica que les permite ocultar sus comportamientos despóticos y justificar su falta de democracia.

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