Rosa Elvira Cely y La Barbarie del Género Moderno

Vigilia por Rosa Elvira Cely

A los 35 años, Rosa Elvira Cely tenía dos grandes motivos para vivir: su hija de 12 años y la terminación de sus estudios de bachillerato.

El miércoles 23 de mayo, la mujer salió de una casa en el barrio Galerías con el ánimo de pasar por su hija, quien vivía con María, su abuela materna.

Al frente de un colegio en Teusaquillo, madre e hija se despidieron de beso en la mejilla. Rosa miró su reloj y se percató de que llegaría tarde al puesto de dulces y minutos a celular que administraba en la carrera 3a. con calle 49, en el oriente de Bogotá.

A principios de año, Rosa había ingresado al Colegio Técnico Manuela Beltrán, en la avenida Caracas con 57, para cursar décimo grado. Allí, conoció a Giovanny Serrano, de 18 años y uno de sus mejores amigos. “Yo le conseguí el trabajo en el carro de dulces. Es que el dueño es conocido mío”, explica Serrano, para referirse a Guillermo Aguilar, quien en marzo pasado contrató a Rosa para que le administrara el negocio por 25.000 pesos colombianos diarios.

El miércoles no terminaba. Rosa llegó al plantel sobre las 6:30 de la tarde. Desconocía que sería la última vez que pisaría ese lugar, su segunda casa, donde era una de las alumnas más queridas. “Una vez, evitó que me agarrara a puños con una vieja que me la tenía montada”, relata Yurany, otra estudiante.

La joven aseguró que hacía dos meses había ido con Rosa y con otros estudiantes a rumbear a un karaoke de la calle 64 con 16. “Estaba acompañada por un señor que estudia aquí, que tiene moto y arete. Cuando le decíamos que si era el novio, simplemente contestaba que era un amigo”, asevera Yurany, quien confirma la versión de la Policía según la cual uno de los asesinos de la vendedora ambulante estudiaba con ella, tenía una moto y usaba un vistoso arete.

A las 10 de la noche, según las autoridades, Rosa salió del centro educativo con dos hombres, que se movilizaban en motocicleta.Su destino: un bar en Chapinero. De acuerdo con información entregada por la Policía, los individuos conducen a Rosa, sobre las 2 o 3 de la mañana, a un paraje cercano al río Arzobispo, en el parque Nacional.

Allí, los motociclistas la violan y le propinan varias puñaladas. Incluso, uno de los sujetos usa su casco para pegarle en la cabeza. Según versiones entregadas por el Hospital Santa Clara, fue sometida a una tortura llamada empalamiento, que consiste en atravesar a la víctima con un palo. Después de cometer el acto, el hombre del arete y su compañero prenden las motos y dejan a Rosa semidesnuda y herida de gravedad. Murió luego de 4 días de agonía.

Rosa Elvira Cely, una entre tantas para aumentar la circulación de los periódicos. Una entre tantas, que logró sus 15 minutos de fama post-morten, gracias al ensañamiento del patriarcado en su cuerpo. Rosa Elvira fue una víctima más de la Barbarie del Género Moderno.

América Latina: Continente Violento para las Mujeres

Según el informe sobre Carga Global de la Violencia Armada, de los 25 países con mayor número de feminicidios, más del 50% están en América: cuatro en el Caribe, cuatro en América Central y seis en Sudamérica. Otros siete se encuentran en Europa, tres en el norte y tres en el este de Europa. Y de los restantes, tres están en Asia y uno en África.

En el informe también se afirma que en los países con altas tasas suele haber tolerancia hacia la violencia contra las mujeres y sistemas de Justicia poco eficientes, que no investigan, persiguen y sancionan a los victimarios.

Las tendencias en materia de femicidios son particularmente difíciles de supervisar e interpretar  debido a la escasez de datos. Sobre la base de los escasos datos disponibles, el informe estima,  en forma conservadora, que 66.000 mujeres y  niñas son víctimas de asesinatos violentos en el  mundo cada año. Si bien los hombres representan  un porcentaje más alto de víctimas de muertes  violentas, los femicidios representan aproximadamente 17% del total de 396.000 homicidios intencionales. Los países con tasas comparativamente altas de  homicidios también registran tasas más altas de  femicidios. En países como El Salvador y Guatemala, no sólo un gran número de hombres jóvenes son  víctimas de asesinatos, sino también una cantidad  considerable de mujeres y niñas.

Países con mayores tasas de Feminicidios en el mundo

Algunos investigadores consideran que deberían contabilizarse como feminicidio los suicidios de las mujeres cuando se producen como consecuencia de la violencia sufrida. Existen estudios que demuestran que son muchos los casos en los que las mujeres se suicidan. Por ejemplo, en uno realizado en la UE se concluye que del conjunto de mujeres que, habiendo sufrido violencia de género por su pareja, fueron parte de la muestra, un 30% acabaron suicidándose.

La humanidad hoy testimonia un momento de tenebrosas innovaciones en las formas de ensañarse con los cuerpos femeninos y feminizados,un ensañamiento que se difunde y se expande sin contención. En El Salvador, entre 200o y 2006, en plena época de “pacificación”, los homicidios contra varones aumentaron en un 40% y los de mujeres en 111%, casi triplicándose; en Guatemala, también de forma concomitante con el establecimiento de la democracia, entre 1995 y 2004 , si los homicidios de hombres aumentaron en un 68%, los de mujeres crecieron en 144%, duplicándose; en el caso de Honduras, la distancia es todavía mayor, pues entre el 2003 y el 2007, el aumento de victimización de los hombres  fue de 40% y de las mujeres de 166%.

La rapiña que se desata sobre lo femenino se manifiesta tanto en formas de destrucción corporal sin precedentes como en el caso de Rosa Elvira, así como en las formas de tráfico y comercialización que estos cuerpos puedan ofrecer, hasta el último límite. La ocupación depredadora de los cuerpos femeninos o feminizados se practica como nunca antes y,en esta etapa apocalíptica de la humanidad, es expoliadora hasta dejar sólo los restos. Podemos sin duda hablar de un “genocidio de Género”.

Muchos países  afectados o no por los altos niveles de violencia de todo tipo, han puesto en marcha sistemas integrales de supervisión. Estos  ‘observatorios’, sobre todo cuando cuentan con  la participación de la sociedad civil e institutos de  investigación fiables, pueden suministrar información esencial sobre la magnitud y la distribución  de la violencia. Estos datos resultan indispensables para desenmarañar la complicada red de vínculos entre la violencia y factores tales como el desempleo, la desigualdad, la presencia de mercados ilícitos, la corrupción, el frágil Estado  de Derecho, y la impunidad.

La capacidad de la  comunidad internacional y los gobiernos nacionales  y locales para diseñar las políticas y programas  adecuados para la reducción y prevención de la  violencia armada depende esencialmente de una  comprensión integrada e integral de la distribución y la dinámica de la violencia letal (y no letal) en el mundo. Ni una Más!

Ve el Video In Memorian de Rosa Elvira Cely

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