Eva Duarte y la Revolución de la Subjetividad

Conocí una María Eva Duarte, allá por el 2004, cuando estudiaba en Buenos Aires y la resaca de la crisis había lanzado a mucha gente a vivir y dormir en la calle o a acumularse, como polvo sobre la alfombra, en pensiones de 100 pesos al mes que proliferaban entre el Congreso y la Plaza Miserere.

Esta Maria Eva que yo conocí, habia nacido en Mendoza, era bailarina de folklore y gustaba de escuchar Chamamé. Pasé muchas horas de muchos días, en su departamento de un ambiente en la calle Agüero al 900, tomando mate, comiendo empanadas y bailando tango conmigo misma, al son de uno de los tantos discos de vinilo que María Eva, la bailarina, guardaba como un tesoro. Mi amiga había nacido en 1952 y su padre era de apellido Duarte. Le debía su nombre, por supuesto, a otra María Eva Duarte, la legendaria, la que un 26 de julio de 1952, a las 20.25 de la noche, dió su último suspiro, siempre pensando en sus dos grandes pasiones, tan repetidas en sus discursos: Perón y el Pueblo.

Esta María Eva, de la cual “se ha dicho todo, o todo está por decirse”, según la cita Alicia Dujovne Ortiz en su biografía “Una Pasión Argentina”, es la que nos ocupa hoy.  Nació Eva María Ibarguren; como actriz se llamó Eva Duarte;  después de su matrimonio con Juan Domingo Perón, pasó a ser Maria Eva Duarte de Perón; los asesores del gobierno le pusieron Eva Perón; el pueblo, la llamaba Evita. Murió a los 33 años años, mucho antes de que supiéramos su nombre.

Con motivo de los 60 años de su fallecimiento, el gobierno argentino ha decidido rendirle un homenaje en los billetes de 100 pesos. Ella, que tanto buscaba el contacto con el pueblo, podrá cumplir ese deseo después de muerta, en papel moneda. La frase pronunciada en uno de sus discursos “Volveré y Seré Millones” cobra un irónico sentido hoy.

Mucho se ha dicho sobre Evita Duarte, “La Santita de los Descamisados”: Biografías, Tésis, Películas, Operas Rock. De tantas formas se la ha llamado: Bastarda, Yegua, Puta, Santa, Madre de los Pobres, Jefa Espiritual de la Nación, El Mito Negro y el Mito Blanco, La Señora, Esa Mujer… Lo que queda de la vida de Evita, es su incansable acción en pro de la Justicia Social, sus jornadas de 18 horas de trabajo de inauguraciones, audiencias y entrevistas; un museo con sus vestidos de diseñador y el lujo inolvidable de sus joyas; una estatua en Barrio Norte; el registro de sus discursos y de su imagen, reproducidos e imitados hasta el cansancio, pero jamás igualados – Se acuerdan cuando la Bolocco quiso ser Evita? Fiasco total.

¿Fue Evita feminista?

Depende del punto de vista. Tal vez, no parezca muy feminista promulgar el derecho a voto de las mujeres argentinas, para que ese voto fuera útil a Juan Domingo Perón; a lo mejor no se siente muy feminista, que en su libro “La Razón de mi vida” sostenga que todo lo que ella es, lo es “Gracias al General Perón”.

Muchas feministas dirán que Evita sólo reprodujo la dicotomía del mundo público- privado en la arena política: Perón gobernaba y ella cuidaba del pueblo; Perón era el padre autoritario y racional mientras Eva era la “Madre de los descamisados”, que hablaba siempre “dejándoles el corazón”; Perón el líder natural y Eva, la magdalena arrepentida, expiando los pecados de su pobreza en la ayuda social; Perón, el macho competitivo siempre a la caza del poder y Eva, la renunciante, la que rechazó todos los honores, pero nunca abandono la lucha.

Sin embargo, hay en Evita un elemento de feminismo que es innegable: La enorme revolución de su propia subjetividad. Una mujer que se construyó a sí misma, por que así lo decidió, negándose a aceptar el destino de campesina servil a un patriarcado estanciero; una actriz mediocre, blanco de las risas y desprecio por su clase y origen, que se recrea a sí misma a partir de la desgracia, en un tiempo que la mujer era sólo para la cama y la cocina. Una mujer que hizo de su dolor personal, una lucha colectiva.

Eva Ibarguren se convirtió, por fuerza de voluntad, en Evita y pateó todos los tableros de su propio destino: ¿No es acaso ese proceso – más allá de la academia-  lo que llamamos Feminismo? Esa revolución del Yo femenino, para ser lo que se decida ser: Otro yo, un Nosotros, Un Pueblo.

La revolución a la que Evita puso su nombre se gestó  primero dentro de ella, a partir de su propia conciencia de ser. Fue una revolución Evitista y después Peronista; una revolución en la que dejó todos los jirones de su vida y se convirtió en la historia de un pueblo y la gesta de una clase social, que la elevó a los altares de la leyenda, desde donde se proyectó eternamente en la conciencia colectiva de los argentinos.

Película Juan y Eva 

Película Eva Perón. Ester Goris, Argentina

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