El Varon Violento, por Liliana Mizrahi

Otro tipo de relación es posible…

El varón violento, agresor de género, machista, misógino es un dictador.

Un tirano. Impone su voluntad a la fuerza, por medio de la violencia. Los golpes para imponer su autoritarismo son fuertes. Golpes físicos. Maltrato psicológico. Insultos. Desvalorización y descalificación  cotidiana. Silencio o malas respuestas. Exhibición de las infidelidades, manipuleo con el dinero. Inducción de la violencia en la mujer. Cara de culo. Abuso de la superioridad física, violaciones matrimoniales reiteradas. Humillación.

¿Su objetivo? Debilitar a la mujer para poder dominarla y someterla a su voluntad…Ese tipo de varón no sabe que le teme a la mujer, jamás creería algo así. La realidad es que le tiene miedo pero da vuelta la escena, entonces él le mete el miedo a ella, para debilitarla, neutralizarla, poder controlarla y convertirla en un ser dependiente incondicional y disponible.

Su objetivo es reducirla, como persona, a su mínima expresión. Neutralizar su fuerza y su capacidad de creación y cambio. Jibarizarla: achicarle la cabeza con amenazas, mentiras, dogmas, prejuicios. Todo lo que signifique atacar su inteligencia. Fabricar otro ser, otra mujer con otra identidad, sumisa y obediente que esté a su disposición. Que no piense. Que soporte la convivencia con un tirano torturador y se quede. Una mujer apta y disponible para todo maltrato.

Si la mujer se atreve a pensar, opinar, razonar críticamente la realidad puede ser que encienda y reavive la violencia del varón, porque razonar, opinar, inteligir, ser inteligente es transgredir el mandato de renunciar a sí misma y salir de la pasividad que el violento necesita. Una mujer que rompe la inercia es una mujer amenazante. Se necesita una mujer pasiva, sumisa, sin voz, apta para todo maltrato. Y hay mujeres aptas para todo sometimiento y dolor. Ellas eligen también y tienen miedo también.

“Semi víctimas y semi cómplices, como todos” J.P. Sartre

Si una mujer estuviera educada en la realidad de su propio derecho a su autodefensa, tendría otra cabeza, otra mentalidad. Reconocería la violencia más rápidamente. Sabría que está expuesta a morir. La violencia le resultaría desagradable como para permanecer ahí donde tiene tanto malestar.

Si una mujer estuviera educada en la autodefensa, se sentiría fuerte y apta para poner límites precisos y firmes. O para irse.

¿Por qué se quedan las mujeres maltratadas?

Porque no reconoce la violencia como violencia. Como la conocen de antes, la tienen naturalizada e incorporada como un lenguaje materno. Aprendieron la vida así y no hicieron nada con lo que vivieron. No reconocen la violencia como destructiva porque la racionalizan, esperan un cambio del otro pero ellas no cambian, convierten la violencia en circunstancial aunque se repita, la convierten en otra cosa, celos, inseguridades. Banalizan el malestar, el golpe o el insulto, pero se sienten cada vez peor, pero… se queda ¡sí! en algún lugar, en algún sentido, está cómoda. Todo se repite igual y es previsible. Está sobre adaptada y no lo sabe. El vínculo es un pacto donde se ha negociado (inconscientemente) qué hacer con la violencia.

Esa mujer tiene miedo de crecer, de cambiar, tiene culpa si lo hace. Está bloqueada en cuanto al “darse cuenta” de qué se trata lo que está viviendo. Es convencional.

La conducta de un maltratador, violador, abusador es auto-concedida.

Es una conducta patriarcal, antisocial auto-concedida, porque fue educado así y creyó que tenía derecho a imponerse de cualquier modo. Le hicieron creer eso, se lo creyó y lo asumió. Se cree y se siente único, superior. Eso le deben haber enseñado y eso aprendió. Cuando encuentra una mujer que piensa como él, se unen porque se re-conocen y le dan continuidad a la violencia que seguramente aprendieron y vivieron en la infancia. Están enredados, enmarañados, incrustados uno con el otro. Sin poder ni querer desprenderse porque los dos tienen miedo de crecer pero no lo saben.

Están encerrados. Las mujeres creen que no hay salida. Sí hay salida. Siempre hay una puerta que no abrimos todavía. Tenemos que fortalecernos en todas sus formas. Salir de la ignorancia en todas sus formas, eso nos va a dar el coraje y la libertad que necesitamos para irnos de donde no nos aman ni nos cuidan.

Se trata de asumir nuestra contemporaneidad, somos las mujeres fuertes de este tiempo.

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