Eugenia: “A mi Madre le Costaba Entender que su Propio Hermano me Había Violado”

Muchas violencias afectan la vida de las niñas…

*Por Eugenia Salazar

Eugenia es una mujer dulce y lúcida que la vida me ha regalado como amiga. Aún no nos conocemos en persona pero la confianza traspasa barreras físicas. Vive en Buenos Aires, tiene una hija, un trabajo y muchas esperanzas. Cree en el amor y ama. Hace honor a su nombre. Eugenia: La de noble origen.

Lo que ha pasado Eugenia es la historia de miles de mujeres que cargan con el estigma de la violencia, con el dolor de los golpes y el trauma del abuso, que se llevan mordidos entre los dientes, porque se nos ha dicho que “De eso no se habla”. La Cultura del Silencio perpetua la violencia en nuestras vidas. Las víctimas no son un problema social, sino el abusador. Nuestro silencio no debe ser cómplice de la impunidad, de la indiferencia del sistema judicial, de la sociedad que normaliza estos actos terribles contra la integridad humana. Por cada persona que habla de la violencia sufrida, al menos dos ciclos de maltrato terminan: El del que habla, que al romper el silencio se libera y el de alguien que lee, que toma conciencia para evitar el maltrato propio o de alguien más. Gracias otra vez, Eugenia.

“A mi Madre le Costaba Entender que su Propio Hermano me Había Violado”

 Hoy decidí contar esta historia que me cuesta decir, por que siempre la dejé de lado para poder avanzar, a pesar de todo. Empezó cuando nos mudamos todos juntos. Tengo una familia numerosa y habíamos alquilado una casa para reparar gastos. Yo en ese momento era pequeña , toda mi vida había vivido ahí.

Mis padres se la pasaban trabajando y siempre quedábamos al cuidado de los tíos o familiares; los fines de semana estaba siempre con mi madre, ella nos llevaba a la plaza a jugar. Era el único momento en el que sentía cariño; pero cuando mis padres se juntaban, era un infierno. Ellos no se llevaban muy bien y siempre había gritos y peleas. Mi papá era muy agresivo y nos pegaba con cables. Él los ponía doble. Yo y mi hermano sufríamos eso, cada vez que no hacíamos algo bien. Siempre, recuerdo las marcas en las piernas y toda la forma del cable , la verdad su falta de amor hacia nosotros era constante yo siempre me sentí como una carga para ellos por que los dos transmitían lo mismo.

Cuando fuimos muchos más grandes, mi hermano salía a, lo que en ese momento, se llamaban Videos, un lugar chiquito que lo acogía para olvidarse de que en su casa había violencia y desamor; yo me quedaba siempre en la casa de una señora a mirar telenovelas; siempre soñaba con el príncipe azul, pero hasta ahora no llego y ni creo que vaya a llegar.

Ya a la edad de 8 años tuve mi primer golpe en la vida. La verdad no recuerdo bien como fue la primera vez que perdí mi inocencia, sólo recuerdo la puerta y él diciéndome que cambiara la sábanas, ni me acuerdo cuando, sólo sé que cuando me di cuenta, él me daba dinero para que me callara la boca. No lo pude contar sino hasta los 16 años, cuando mi prima dijo que a ella la había violado su padrastro. Al tiempo ella dijo que era mentira, pero como mis padres le prestaban más atención, entonces decidí contárselos; en realidad, sólo se lo dije a mi madre, que jamás me creyó.

Ella me mandó a psicopedagogos, psicólogos de todo tipo, hasta que de una de ellas le dijo que era verdad. A mi madre le costaba entender que su propio hermano me había violado, ese al cual mi abuelo le había dicho que cuidase porque era el más débil, y en el cual tenia confianza ciega.

Mi mamá siempre me preguntaba por qué yo rompía las bombachas y los corpiños y yo ni recuerdo lo que le decía, solo vivía por vivir. Un tiempo después nos mudamos a donde vivo ahora. De todas formas nada cambió. Mis padres se llevaban cada vez peor y mi papa era cada vez mas violento. Yo y mi mamá le teníamos miedo, hasta que un día mi mamá se animó a mandarle una carta donde le decía que se fuera. Después de eso, cuando mi papá llegó le tiró la ropa por la ventana.

Desde ahí nos quedamos los tres solos, pero mi hermano se tomó muy apecho lo del abandono; de todas formas mi padre siempre estuvo ausente, pero él había decidido reemplazarlo. Ahí empezó mi segundo calvario. Cada vez que no hacía lo que quería, me golpeaba. Siempre recuerdo la primera vez, que fue por que le hice un churrasco crudo y se enojó y me golpeó. Hasta la marca me dejó, ya que me desvió la nariz. Siempre tenía que estar todo como él lo pedía. La verdad lo sufrí mucho por que siempre me decía que era una inútil ,una estúpida y demás insultos.

Eran tales las ganas de salir de mi casa, que cuando podía salir, me la pasaba en otras casas menos en la mía o de fiesta. En ese momento tenia amigas a quienes les gustaba salir de farra y siempre me enganchaba .

En una de esas fiestas conocí a un chico al que le decian “Figu” o algo así. Me encantaba. Al poco tiempo me metí en su casa y nos pusimos de novios. Siempre cuando salía del colegio iba a la casa y estábamos juntos, a tal punto que me embaracé de él. Cuando le dije lo de mi embarazo, reaccionó mal, me dijo que me quería, pero que no estaba preparado para ser padre y me dejó al poco tiempo, por otra mucho menor que yo pero de la cual el había estado enamorado siempre.

Finalmente le conté a mi mamá que estaba embaraza. Ella se puso a llorar, se enojó conmigo y me echó, entonces decidí volver a la casa de él. Su mamá me dejó durmiendo en la casa de la abuela que estaba enferma. No saben la conmoción que tenía cuando vi que enfrente estaba lleno de basura. Era una casa humilde, pero ver esa basura me hizo pensar como íbamos a terminar yo y mi bebé. Yo sin secundaria y sin trabajo.

Al día siguiente fui a mi casa y mi mamá me estaba esperando. Me dijo que abortara, que era lo mejor. Sin darme cuanta mucho de la situación me subieron al auto para ir a una clínica y ahí me hicieron un raspaje. No sé que decir. Cuando sentí que ya yo no tenia mi bebé en la panza, sentía mucha culpa y dolor pero ya lo había hecho.

Seguí el colegio normalmente. Terminé de rendir mis materias y nos fuimos de vacaciones a la casa de mi abuela, ella vive en el campo y a mi mamá le parecía lo mejor para olvidar lo que había pasado. Uno de esos domingos donde se juega al fútbol, fui a ver uno de los partidos y me tropezé con un chico; él era morocho, pero realmente hermoso, fue un flechazo a primera vista. Luego seguí hasta la casa de mi abuela para cambiarme e ir al baile. Era una tradición después de los partidos, iba todo el pueblo.

Entonces fui. En ese momento yo sufría de ataques de asma y justo me toco sufrirlo allí. Me sentía tan mal que me desmayé. No me di cuenta y cuando abrí mis ojos era él quien me llevaba al hospital. Al llegar, le preguntaron quien era yo y él dijo “mi novia”. Desde ahí no nos separamos más.

Jamás me olvido de la primera vez que fui a su casa, él le dijo a su mamá: “Ma! es el amor de mi vida, me voy casar,formar una familia..” y la madre le dijo que estaba loco. Nos dieron el desayuno y me fui a la casa de mi abuela, porque al día siguiente volvía a Buenos Aires. Mi relación con él era maravillosa, fue un gran amor, creo hasta ahora el mejor de mi vida, él era protector, me cuidaba, realmente me amaba y yo lo sentía así, era mutuo.

Ya estaba en mi tercer año, a punto de terminar la secundaria , él vino a verme y habló con mi papá para pedirle mi mano, se quería casar conmigo. Era tan feliz, por fin iba a salir del infierno de mi casa, pero no fue así. Al poco tiempo nos enteramos que tenia leucemia y que era fulminante. No tuvimos tiempo. A los dos meses falleció. Fue una de las cosas mas difíciles que tuve que pasar en la vida, me tuve que reinventar de nuevo.

Esa es un poco de mi historia. Sólo quiero que sepan que se puede seguir a pesar del dolor. Yo ahora soy madre soltera y lucho con mi hija para ser felices por que algún día todo llega .

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