Líderes Religiosas: Mujeres Transformando la Fe

Las mujeres lideran las reformas espirituales que el mundo necesita

Las Mujeres lideran los cambios espirituales que el mundo necesita.

Hace unos años atrás, líderes espirituales de cada rincón del mundo se juntaron para re-imaginar el rol que la Fe puede jugar en crear un mundo pacífico. Hubo delegados del Vaticano y Chamanes Indígenas de todo el mundo. El Rabino Meir Lau asistió junto con el Grand Mufti de Siria y el de Bosnia. El reverendo Jesse Jackson estaba ahí.  El Dalai Lama, ausente debido a las presiones de China, envió representantes. Los 2 mil participantes de la Cumbre Mundial del Milenio por la Paz representaban diversas razas y religiones pero tenían una cosa en común: Eran hombres.

Cuando una de las organizadoras, Dena Merriam, preguntó por qué sólo un puñado de mujeres había sido invitada para ayudar a definir la agenda espiritual para el próximo milenio, le contestaron que era difícil encontrar mujeres líderes espirituales “las tuvimos que convencer que sus voces importaban”.  Así, Merriam y otras mujeres crearon la Iniciativa Global de Mujeres por la Paz y comenzaron a aplicar sus fundamentos espirituales en el conflicto de Israel con Palestina “las mujeres no están esperando que se les de el poder” dice ella y agrega que ha sido testigo de un mar de cambio en el paisaje religioso en la última década.

La Participación de las Mujeres

Encuestas diversas muestran que las mujeres, independiente de su origen, país o religión son más sensibles a ser religiosas que los hombres, pero también tienen una mayor invisibilidad en los altos niveles del liderazgo espiritual. Las mujeres están proscritas de los roles de liderazgo, si bien poco a poco y gracias a su propia lucha han comenzado a generar cambios.

Ha cambiado la percepción sobre las mujeres como líderes espirituales.  Ahora hay mujeres que son vistas como tales, lo cual hace 30 años era impensable. En el 2006 la obispo Katherine Jefferts se convirtió en la presidenta de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos. En el mismo año, Ingrid Mattson fue la primera mujer electa como presidenta de la sociedad Islámica de Norteamérica. En Malaysia, hace algunos años, dos mujeres se incorporaron como miembros de la Corte de Sharia, una institución que ha sido históricamente presidida por hombres y hace poco en Arabia Saudita, 30 mujeres se incorporaron al Consejo de la Shura, asesor en materias religiosas.  En algunos países de Asia, mujeres de la tradición Budista han revivido la práctica de ordenar monjas, llamadas bhikkunis y en los Estados Unidos, el número de mujeres pastoras evangélicas se ha incrementado en un 10% desde 1999.

La Doctora Amina Wadud se convirtió en una de las primeras mujeres Imam en el Islam, al dirigir una oración masiva para hombres y mujeres hace más de una década y con ello desató una reacción en cadena de mujeres musulmanas liderando servicios religiosos alrededor del mundo: Laury Silvers en Canadá y Amina Teslima en México, lideran comunidades de oración mixtas. “Ahora las mujeres están liderando espiritualmente en comunidades alrededor del mundo tanto en países musulmanes como en lugares donde son minoría” dice Wadud “el punto es hacer de esto más que una sensación, una norma.”

La presencia de las mujeres y su impacto en la transformación de la Fe, es aún mayor en los niveles de base o comunitarios. Ahora las mujeres lideramos grupos de estudios y de discusión teológica; proliferan las escritoras en el campo de la espiritualidad y prominentes activistas por la justicia social, la paz y la ecología se involucran en el diálogo inter-religioso así como surgen líderes de opinión y periodistas que promueven los discursos y visiones de las mujeres acerca de la espiritualidad.

El Cambio Tiene un Costo

Sin embargo, muchos de estos logros implican un enorme sacrificio personal para las mujeres que se atreven a abrir caminos y ser pioneras del cambio. Las instituciones religiosas tienen una historia de acoso y segregación de las mujeres, usando el peso de la moral, la imposición de las opiniones masculinas sobre el rol de la mujer en la Fe y el poder de la ley.

En la Iglesia católica, las mujeres no tienen el derecho de ser ordenadas sacerdotes, pero la organización de Mujeres Católicas Predicadoras está empujando los límites ayudando a las mujeres a entrar en el sacerdocio, aunque na vez ordenadas, las mujeres son automáticamente excomulgadas. Después que la sacerdotisa Janine Denomme murió de cáncer de seno, se le negó incluso el servicio funerario en la iglesia a la cual ella había asistido por años.

La activista Anat Hoffman lidera “Mujeres del Muro” un grupo de mujeres judías que desafían las restricciones ortodoxas de la Torá en el muro occidental de la ciudad de Jerusalén. Los Fundamentalistas Islámicos han amenazado de muerte a Amina Wadud y a otras progresistas musulmanas. En el año 2000 la iglesia Mormona excomulgó a Margaret Toscano por decir que el Profeta Joseph Smith le hubiera dado a las mujeres un lugar en el sacerdocio.

En cuanto al diálogo inter-religioso, las mujeres también llevan la cabeza en iniciativas de este tipo. Un buen ejemplo es Tehmina Kazi en Reino Unido, presidenta de British Muslim for Secular Democracy ( Británicos por una democracia secular) un grupo que reúne a personas de distintas confesiones religiosas y también a ateos y aconfesionales en torno a la justicia social, la libertad de expresión y los derechos humanos.

Parte del Problema, Parte de la Solución

Nadie puede negar que un sin fin de atrocidades contra las mujeres se cometen en nombre de la religión. Se dice que la religión es parte del problema en la opresión de las mujeres. Pero también puede ser parte de la solución. Mientras los estamentos religiosos se muestran reacios al cambio, ellos tienen un innegable poder sobre los asuntos públicos. Algunos expertos creen que los liderazgos religiosos son claves para entregar lo que los gobiernos, las ayudas, los tratados internacionales han fallado en entregar: paz para los 7 billones de habitantes en la tierra.

Debido a su poder para dividir opiniones, la religión es usualmente evitada en los campos del desarrollo internacional y el cambio social. Una encuesta Gallup del 2011 muestra que el 87% de la población mundial tiene algún tipo de idea religiosa. Muchos activistas están comenzando a reconocer el poder de las convicciones espirituales para fortalecer las comunidades y lograr un cambio social poderoso y sostenible.

Para Katharine Rhodes escritora del libro “God’s Troublemakers: How Women of Faith are Changing the World” dice “Las mujeres siempre han sido conducidas por su fe, desde la lucha por el sufragio en el siglo 19 hasta los movimientos anti-pobreza. Cuando miras a tu alrededor a las mujeres del medio oriente peleando por su libertad, algunas de ellas están motivadas por sus tradiciones religiosas. También pienso en las mujeres de Liberia, cristianas y musulmanas, que trabajaron juntas para protestar contra la guerra en su país y llevar a los rebeldes a la mesa de paz y asegurarse de que el Presidente Charles Taylor fuera depuesto”.

Necesitamos una revisión profunda de los fundamentos de la espiritualidad y la religión. Yo creo que el estatus de las mujeres en la religión, durante mucho tiempo fuera de los márgenes del poder, ha sido una bendición y nos ha preparado para asumir un liderazgo en los procesos de cambio que se avecinan, ya que una vez que alguien asume un cargo como sacerdote, rabino o sheikh está compelid@ a defender la estructura y no a cuestionarla. Cada una de nosotras tiene el potencial para ser una emprendedora espiritual y crear organizaciones que reflejen nuestros propios valores y sean un espacio de encuentro de nuestras sabidurías.  En el caso específico del Islam ha existido un argumento histórico- no teológico-  que separa nuestra Fe del activismo por los derechos humanos y el involucramiento en asuntos públicos pero ¿Porqué tenemos que escoger? Podemos tener ambos.

La voz de los extremismos puede ser silenciada por las voces de compasión. El mundo necesita menos teología y más compasión. Esta compasión no puede salir de otro lugar sino es de nosotras mismas. Las injusticias sociales no se resolverán en un día pero la fortaleza espiritual que no da nuestra fe puede sosternernos en el camino y ser una fuente de alivio y fortaleza para otros en la misma lucha. Para desafiar las estructuras de opresión se necesita valentía y también mucha Fe. Porque quien no Cree, no logra.

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