Declaración de las Mujeres Árabes Participantes en la 57º Sesión ONU sobre Status de la Mujer

Las mujeres árabes denuncian la inoperancia de sus gobiernos post-revoluciones

Las mujeres árabes denuncian la inoperancia de sus gobiernos post-revoluciones

Las mujeres del mundo árabe siguen contribuyendo en pie de igualdad con los hombres en los movimientos populares demandando un cambio democrático. Los efectos y el impacto de estos movimientos, que exigen la libertad, la justicia, la igualdad, la dignidad por leyes que protejan los derechos y libertades de las personas y de los grupos en el marco de una moderna civil democrática del Estado, constituyó un punto de inflexión en la vida de las personas de la región.

Por desgracia, el aumento del conservadurismo político y religioso aliados con el fundamentalismo de agendas tribales con la apariencia de movimientos pro-democracia en Egipto, Túnez, Libia, Yemen y Siria, se han traducido en un retroceso en los derechos de las mujeres y su participación equitativa en la sociedad. Por otra parte, las mujeres y niñas de la región se enfrentan a nuevas formas de violencia política organizada, que a menudo no logran ser castigadas por el Estado y a las cuales el Estado no ha logrado proteger de manera eficaz, incluyendo el acoso sexual, violaciones en grupo, y la intimidación relacionada con su compromiso cívico. Como resultado de ello, los derechos y los logros de las mujeres se han visto gravemente socavados, y las mujeres han sido marginadas y acosadas al participar plenamente en la vida pública, así como de la toma de decisiones claves en su vida privada.

Esta retroceso se demostró durante todo el proceso constitucional en Egipto. En primer lugar, las mujeres fueron excluidas del comité central que se reunió para proponer enmiendas y llevar a cabo las discusiones clave.  Luego, el comité reunido sacó disposiciones de la Constitución vigente que garantizan la igualdad entre mujeres y hombres, criminaliza la trata de mujeres y niñas y permite a las mujeres la garantía de protección sobre el control de sus propios cuerpos. Por otra parte, la nueva Constitución aprobada en diciembre de 2012 otorgó al Estado y a la comunidad el derecho de vigilar la moral, permitiendo así a los grupos extremistas fundamentalistas el derecho de restringir las libertades individuales.

En Túnez, Libia y Yemen, los nuevos regímenes están tratando de reemplazar la terminología y los principios de igualdad, adoptando un lenguaje menos estricto que designa a las mujeres como complementario a los hombres y hace que sea más fácil para el Estado para justificar un futuro incumplimiento de las políticas y convenios que afirman la igualdad de las mujeres en sus derechos humanos con la de sus homólogos masculinos.

Nosotras, las mujeres de los países árabes, consideramos que la igualdad plena y completa entre hombres y mujeres es la base para el progreso y el cambio hacia la transformación democrática. Los siguientes derechos deben ser garantizados por las normas relativas a derechos humanos y ser defendidos en estos nuevos regímenes: la libertad, la dignidad y la justicia social. Éstos están en consonancia con los derechos por los que se luchó en las revueltas árabes y por los que las mujeres, los hombres y los jóvenes siguen luchando por hoy. Reconocemos que el desarrollo sostenible, la paz duradera y la seguridad no se puede lograr y más bien, se verá seriamente comprometida, sin la participación plena e igualitaria de las mujeres. También hay que destacar la inclusión de la mujer en el logro de la justicia social durante las fases de transición en los países árabes, que es un punto esencial de partida para la protección de los derechos civiles, económicos, sociales, culturales, políticos y de salud de las mujeres.

Hacemos hincapié en la necesidad de abordar con urgencia y denunciar como ilegales todas las formas de discriminación, la violencia, la explotación y la marginación sobre la base de género en las esferas pública y privada, incluyendo el debilitamiento de las libertades personales de las mujeres y su seguridad física y psicológica. Debemos respetar y hacer cumplir los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales, de salud y reproductivos, como se estipula en los diversos instrumentos internacionales de derechos humanos, particularmente la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, y los planes acordados, tales como la Declaración de Beijing, la Plataforma de Acción y la Declaración de Viena y el Programa de Acción de la Declaración de la Asamblea General de ONU sobre la Eliminación de todas las Formas de Violencia contra la Mujer, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de las resoluciones del Consejo de Seguridad 1325, 1820, 1888, 1889 y 1960 (que forman parte del marco jurídico y normativo internacional sobre los derechos de las mujeres).

Creemos que el marco legal y normativo internacional es fundamental para promover los derechos de las mujeres en nuestra región. Si bien existen fuerzas a nivel nacional que amenazan con deshacer todos los avances que se han logrado en materia de igualdad de las mujeres, nuestras prioridades son: (i) el uso de las convenciones internacionales de los derechos de la mujer como garantía a las constituciones nacionales y (ii) proporcionar mecanismos para la protección contra la violencia, ya sea  física o psicológica, la mutilación genital femenina (MGF), el matrimonio precoz, el abuso conyugal, la violación marital o cualquier otra forma de violencia contra las mujeres y las niñas. Otro aspecto que merece atención crítica son las leyes de estatus personal de nuestros países que se han atrincherado en la discriminación de género con respecto a la unidad más fundamental de todas las sociedades: la familia.

Trabajaremos en la promoción de la agenda para poner fin a la violencia contra las mujeres, mientras que apoyamos plenamente el marco internacional legal y normativo en materia de protección y promoción de los derechos de la mujer; creemos que es necesario que haya un enfoque global sobre la aplicación de este marco. Necesitamos un plan de ejecución global sobre la violencia contra la mujer, que incorpore objetivos concretos y comunes, incluidas las leyes y su aplicación, el compromiso de los recursos, la institucionalización del trabajo sobre la violencia contra la mujer en los marcos nacionales y las medidas especiales para los países en transición. Dicho plan crearía una mayor responsabilidad y esperamos que acelere la aplicación de las normas y marcos existentes a nivel nacional.

Esperamos con nuestra mejor disposición esta reunión tan importante para potenciar el papel de la ONU en la protección y promoción de los derechos de la mujer, y hacemos un llamamiento a los Estados Miembros a que se comprometan a un plan de ejecución global para poner fin a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

Fuente: Awid

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