¿Es el Hiyab un Obstáculo a la Convivencia Social?

Yasmin Elsayed. Foto: Radio Netherland

Yasmin Elsayed. Foto: Radio Netherland

En los últimos años, el Islam se ha convertido en la religión por opción de muchos chilen@s. Los flujos migratorios desde países de medio oriente y áfrica del norte, así como la presencia de refugiados de lugares en conflicto como Palestina, Siria y África Occidental, ha hecho la presencia musulmana cada vez más notoria en la sociedad chilena.

Según el censo oficial del 2002, unos 3.000 ciudadanos practican el Islam en Chile. Sin embargo, la inclusión de la población musulmana en la vida cotidiana y su aceptación como una minoría legítima, o sea, como un grupo cuya representación no es mayoritaria pero se considera parte de la sociedad y  no como un grupo extraño e indeseable, no está exenta de problemas.

Durante los últimos años, las denuncias por discriminación contra musulmanes se han vuelto frecuentes  y quienes las sufren especialmente son mujeres y niñas debido al uso del Hiyab (Pañuelo Islámico), que las hace un objetivo fácil de la burla, los prejuicios y los estereotipos de una sociedad conocida históricamente por su alto grado de racismo, orgullo de clase, chauvinismo y exclusión social, que hacen de Chile uno de los países más desiguales del mundo según la OCDE.

En octubre de 2010, las autoridades del Colegio “W.A. Mozart”  en Santiago, prohibieron a la niña Yasmin Elsayed, de 8 años de edad, de asistir a clases porque usaba el hiyab o pañuelo islámico. Se le dijo que si no se lo quitaba, sería expulsada del colegio, es decir, se le negaba su derecho constitucional a la educación por exhibir un elemento de identidad religiosa. Los padres de la niña recurrieron al Ministerio de Educación. El Ministro de aquél entonces, Joaquín Lavín, dio todo su apoyo a la familia elsayed porque ” En nuestras escuelas no puede haber discriminación religiosa: Tenemos que respetar el multiculturalismo y la diversidad en Chile”.

Finalmente, Yasmin fue admitida nuevamente bajo la condición de que usara un hiyab que combinara con los colores del uniforme de la escuela. Sin embargo, fuentes en los medios de comunicación reportaron que este no es el primer caso de discriminación en dicha escuela y que habría otros 4 más que no fueron denunciados.

Otro caso de discriminación en el cual el hiyab fue el problema, ocurrió en agosto de 2012. Fabiola Palominos, chilena conversa al Islam, fue forzada a quitarse el hiyab para poder cobrar un cheque la una sucursal del Banco Estado Rondizzoni, en Santiago de Chile. Actualmente, ella tiene una demanda en curso contra el Estado Chileno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el siguiente vídeo puedes ver la cobertura de prensa del caso y no te pierdas los comentarios de los usuarios de youtube, derramaban Islamofobia por todos lados.

El último caso de discriminación contra una mujer musulmana ocurrió en Febrero de 2013. Maya Nura, chilena conversa al Islam, fue asaltada por criminales en las calles del centro de Santiago, a plena luz del día. Perdió todos los documentos, las tarjetas de transporte, Cédula de Identidad, etc. Cuando recurrió a la policía (Carabinero) que usualmente patrulla las calles para garantizar la seguridad de la ciudadanía, él se rió de ella y se rehusó a prestarle la ayuda apropiada. En vez de eso, comenzó a preguntarle si era extranjera, si entendía español y a mirarla de arriba a abajo por su atuendo (jeans, una túnica hasta el muslim, hiyab). A pesar de la insistencia de Maya, el carabinero no puso atención a sus necesidades de ayuda en función de la situación de emergencia y Maya tuvo que, finalmente, recurrir a la buen voluntad de terceros.

El Problema No es el Hiyab

A primera vista, parece que es el hiyab la raíz de todos los males y es muy fácil llegar a la conclusión de que si una niña o mujer musulmana no quiere tener problemas en la sociedad, debe quitárselo. Pero no es así. El problema real es la ignorancia y el prejuicio que existe en América Latina en general y en Chile en particular contra las minorías, sean religiosas, étnicas o sexuales. Aunque todas las mujeres musulmanas dejasen de usar el hiyab, esto no cambiaría la percepción sobre ellas, sólo por el hecho de ser tales.

Esconder los elementos de la identidad religiosa, no es la solución, es sólo barrer el problema debajo de la alfombra. Además ¿Por qué las mujeres musulmanas tenemos que escondernos? El hiyab no impide a la gente mirarnos a la cara, así que el argumento de que sería un obstáculo para la interacción y el reconocimiento legal es una falacia. No se les pide lo mismo a las monjas católicas ni a ninguna mujer perteneciente a otras confesiones religiosas que usan cruces, rosarios al cuello, tocados y brazaletes con imágenes de santos.

Es verdad que el Islam es una religión de reciente aparición en Chile, pero los derechos constitucionales y el deber de los funcionarios públicos de asistir a los ciudadanos no lo es. Es deber del estado asegurar el respeto al derecho a la propia imagen en la forma de símbolos religiosos o culturales. Existe una importante conexión entre el derecho a profesar y expresar la propia religión y otros derechos fundamentales como el derecho a la integridad psíquica y el derecho a la libertad de expresión. La garantía de Igualdad ante la Ley incluye esos aspectos que son parte de la individualidad y del espacio personal.

La ignorancia de la gente común no diferencian entre la política y la subjetividad cuando se trata de las mujeres musulmanas. Castigan con sus prejuicios a las mujeres que usan Hiyab por lo que los países llamados islámicos hacen a las mujeres. Hay lugares donde las mujeres son obligadas a usarlo, pero esto es diferente a lo que cada mujer piensa sobre su hiyab. No se admite que las mujeres musulmanas podamos decidir sobre ello. Nos juzgan desde la política, no como sujet@s y con ello caen en lo mismo que critican: Reproducen la opresión y cosificación de seres humanos que no comprenden.

Sin embargo, en este punto, depende de l@s mismos musulmanes y musulmanas ser proactivos y pedir a las autoridades islámicas del país que se hagan responsables: No es posible que, por un lado, se estimule a las mujeres a usar el hiyab y que no exista apoyo institucional cuando ellas son objeto de discriminación. Esto es especialmente importante en el caso de las conversas quienes pueden verse aisladas por sus familias y amigos y perder sus redes de apoyo y comunicación cuando deciden optar por el Islam como su religión.

Las autoridades de las mezquitas y los centros islámicos de Chile tienen que compartir conocimiento sobre nuestra Fe y liderar planes de integración con la comunidad chilena; establecer instancias de consulta y apoyo legal para las y los musulmanes, especialmente en asuntos de discriminación; ofrecer conferencias y espacios de diálogo con los medios, periodistas, líderes de opinión y otras confesiones religiosas para alcanzar un mayor entendimiento del Islam por parte de la sociedad y evitar la reproducción de estereotipos dañinos. Por último, sería una buena idea trabajar en redes de colaboración con las agencias gubernamentales y organizaciones de mujeres para reducir la vulnerabilidad de nuestras hermanas ante este tipo de situaciones.

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