Feminismo Comunitario Desde las Raíces Americanas

Feminismo comunitario: Saber ancestral al servicio de la Justicia social en A.Latina

Feminismo comunitario: Saber ancestral al servicio de la Justicia social en A.Latina

Perú, Lima – El pasado mes de marzo en el marco del festival Nosotras Estamos en la Calle, tuvo lugar en el local del Programa Democracia y Transformación Social, un taller sobre feminismo comunitario impartido por las activistas bolivianas Julieta Paredes, Adriana Guzmán y América Maceda de la asociación Mujeres Creando Comunidad.

A lo largo de tres horas tuvimos la oportunidad de escuchar los análisis, planteamientos y propuestas de estas mujeres que durante más de 30 años llevan luchando por despatriarcalizar Bolivia y lograr la materialización de su utopía: la construcción de la comunidad de comunidades.

El feminismo comunitario es un movimiento que ya tiene representaciones en varios países de Abya Yala, una forma de denominar América Latina, que engloba el deseo de recuperar la memoria de las otras formas de hacer de los pueblos precoloniales, al tiempo que denuncia el patriarcado y colonialismo de la mirada europea sobre el continente americano.

– ¿Nos podrías explicar un poco vuestra propuesta de feminismo comunitario?

América Maceda: Para nosotras es importante comenzar diciendo que los sueños se construyen con el cuerpo y con sus manos, porque somos feministas y hacemos la política desde el cuerpo, y porque también creemos aún en la esperanza y reivindicamos la utopía. No estamos de acuerdo con que nadie nos robe el derecho a soñar. Tenemos nuestros sueños y creemos que hay que construirlos con este cuerpo y con estas manos.

Abya Yala vive un momento fundamental que da la posibilidad de pensar, de soñar con otro mundo distinto. Los procesos que están viviendo nuestros pueblos, y fundamentalmente el proceso que está viviendo Bolivia, nos da la posibilidad de pensar que el sistema -llámese capitalismo, sistema de clase, sistema de género, para nosotras el patriarcado- se puede destruir hoy y construir otra forma de vivir y otra forma de relacionarnos. Nos encontramos ante el desafío de hacerlo nosotras, las organizaciones sociales. ¿O creemos que nuevamente hay que delegar nuestros sueños a un gobierno, hay que delegar nuestros sueños a un caudillo, a una caudilla, a una persona, a un movimiento mientras nosotras volvemos a la casa a sentarnos a esperar que la revolución se haga, que es lo que ha pasado con la democracia, y con la izquierda también?

Ahorita hay que reivindicar algo que es fundamental: que las revoluciones se hacen desde el pueblo, que los gobiernos no hacen revoluciones, que el Estado no soporta revoluciones, que las instituciones y las ONG no hacen revoluciones, ni las financian. Quienes hacemos las revoluciones somos las organizaciones sociales, somos los movimientos sociales, y es desde el pueblo que se hacen las revoluciones.

-¿Y eso qué significa exactamente?, ¿qué implicaciones tiene?

AM: Significa hoy responsabilidad política; por eso estamos aquí y le robamos tiempo al tiempo en Bolivia, para construir una propuesta, porque es el momento de construir, de proponer y esa es la responsabilidad política que asumimos. La lucha de los movimientos sociales, de las mujeres, tiene muchísimos años y ha sido fundamental contra el neoliberalismo, basándose en la denuncia y las reivindicaciones. Ahora no es suficiente con exigir, es fundamental proponer en qué mundo quiero vivir, cómo quiero que sean las relaciones, cómo quiero que sea la organización. En ese contexto surge el feminismo comunitario.

En 2003, después de la insurrección del pueblo en Bolivia, lo que se llamó la Guerra del Gas, surge la Asamblea de Mujeres. Nosotras estábamos en las calles defendiendo con nuestro cuerpo también la vida de nuestras hermanas y hermanos, nos organizábamos en asambleas y asumimos la lucha desde el feminismo con la Asamblea Feminista, pero con las características del proceso en Bolivia. Por la fuerza de nuestro ser aymaras, de nuestro ser quechuas, de nuestro ser guaraníes, reconceptualizamos, tras 1.500 años de opresión, aquello que aprendimos del feminismo y construimos la propuesta del feminismo comunitario.

Es una propuesta de vida, no solo para las mujeres, que parte de la comunidad. Forma parte de la Alianza de Mujeres, mujeres campesinas, indígena-originarias, mujeres prestatarias, cuentapropistas, gremiales. Mujeres que también han tenido una educación machista. Discutimos en qué mundo queremos vivir y qué mundo queremos para nuestros hermanos también. Discutimos no sobre qué porcentaje, si queremos el 30 o el 25 o si ya podemos avanzar hasta el 50 por ciento, sino que planteamos que somos la mitad de cada pueblo y hablamos de cómo acabar con el patriarcado. Hay que romper las falacias de la tecnocracia del género, que nos han hecho creer que con un porcentaje podían resolverse las cosas.

-¿Cómo explica el feminismo comunitario las particularidades del patriarcado que se vive en América Latina?

AM: Si se reconocen como teorías académicas el comunismo, el socialismo, el marxismo, ¿por qué cuando se habla de feminismo no se la considera una teoría social? Básicamente porque está hecha por mujeres y desde las mujeres. Rescatamos esa lucha pero rescatamos otras luchas de otras mujeres y también las llamamos feminismo. Reconocemos que en la historia ha sido el feminismo quien ha nombrado el patriarcado como un sistema y ha empezado a luchar contra ese sistema. Pero nosotras estamos en un contexto distinto que llamamos Abya Yala.

Sabemos que el tiempo no es lineal, ni circular pero en términos gráficos, para poder explicar esto, hacemos una distinción entre dos espacios geográficos separados, dos momentos y dos procesos distintos. En 1492 hubo una invasión, porque no ha sido conquista, ni descubrimiento como dicen, ha sido una invasión violenta sobre los cuerpos de nuestras abuelas y abuelos, de nuestros antepasados. Reconocemos que en Europa existía un patriarcado con ciertas características: hay libros que muestran cómo la Iglesia perseguía a las mujeres y las encarcelaba; una mujer que tenía ciertos saberes de curación era una bruja y había que quemarla. Es decir, ya existían formas de dominación sobre el cuerpo de las mujeres. Cuando llega la colonización llega toda esa violencia, también sobre los cuerpos de nuestros hermanos varones. Los trabajos forzados en las minas, la violencia, los asesinatos… La colonia se inserta con violación de mujeres, con muerte.

En el continente americano también existía un patriarcado, al que llamamos patriarcado originario. Tenía otras características distintas y era menos violento, pero no por eso mejor. Denunciamos este patriarcado con sus violencias y explotaciones porque se hacía sobre el cuerpo de las mujeres. Por ejemplo, el inca se iba a las comunidades y empezaba a reclutar niñas, las sacaba de su comunidad y las usaba de criadas, amantes, cocineras. En ese proceso esos dos patriarcados se juntan y se entroncan. Nosotras vivimos el entronque patriarcal: el patriarcado europeo asentado sobre el patriarcado originario.

-¿Cómo creéis que llega el feminismo occidental a Latinoamérica?

Adriana Guzmán: Igual que este proceso de imposición colonial, igualito nos llega el feminismo, como una teoría académica de las universidades. Llega con una posición desde arriba y se empiezan a copiar desde las instituciones. Se crean posiciones de mujeres que se dicen feministas, que agarran el género y crean una tecnocracia de género, lo despolitizan, se olvidan de que existe un sistema, una estructura que permite las condiciones de desigualdad. En respuesta a esta tecnocracia, y rompiendo con esta idea de que Europa es lo mejor y la medida de todas las cosas, hay quienes no toman esa posición porque consideran que el feminismo es altamente revolucionario; entonces surge el feminismo autónomo en Latinoamérica. Son las mujeres autónomamente, fuera de estas instituciones que se han hecho desde la ONG, las que se organizan y proponen un feminismo distinto. De ahí nace Mujeres Creando, una propuesta de feminismo autónomo. Básicamente es un feminismo que no se piensa en las universidades, sino que se hace desde el cuerpo y en las calles.

-En vuestra propuesta de feminismo comunitario habéis reconceptualizado varios términos clave para el feminismo. ¿Nos podrías hablar un poco de ello?

AGRecuperamos la palabra feminismo desde una autonomía epistemológica porque consideramos que ser feminista no es un privilegio de nadie; ni de la academia, ni de las hermanas o compañeras de Europa, ni de América del Norte. También visualizamos al patriarcado, construimos ideas, teorías, categorías y conceptos que son capaces de explicar una realidad para hacer acciones y transformar. Somos feministas, pero desde esta vivencia de un patriarcado distinto. Es una necesidad para nosotras histórica y ética.

Para nosotras el feminismo es la lucha de cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, en cualquier tiempo de la historia, contra un sistema que la oprime o que quiere oprimirla. De cualquier mujer, porque pensamos que no es un privilegio de nadie; en cualquier parte del mundo, porque no es un privilegio ni de Europa, ni del Norte; en cualquier tiempo de la historia, porque no pensamos que haya surgido en 1789 con la Revolución francesa. Las resistencias de las mujeres existían ya en Abya Yala. Nuestras abuelas también resistían este patriarcado originario, porque es una cuestión natural, porque una no se deja oprimir libremente. Las mujeres han hecho una resistencia aquí de todo lo que eran relaciones de poder, desde sus cuerpos.

Ese sistema para nosotras es el patriarcado, pero también necesitamos reconceptualizar este concepto porque no creemos que sea un sistema de opresiones de los hombres sobre las mujeres, sino que es el sistema de todas las opresiones, de todas las discriminaciones, de todas las explotaciones que sufre la humanidad (hombres, mujeres y personas intersexuales por razón de clase, raza o género) y la naturaleza., aunque ha sido construido históricamente sobre el cuerpo de las mujeres y eso significa que es posible destruirlo y plantear otra forma de vida.

Y es importante puntualizar qué entendemos por género porque también muchas veces el feminismo ha sido reducido hacia el género. El género son las cárceles sociales que nos ponen de lo femenino y lo masculino. Y no son iguales, en el género se construye esta relación de subalternindad de lo femenino y de superioridad de lo masculino. Los compañeros sufren opresiones a partir del género, pero su cárcel es superior a la de las mujeres, tiene privilegios. Pero género no es patriarcado, es solo una parte de las formas de opresión que se articulan en el patriarcado, tanto para los hombres como para las mujeres, pero con privilegios para los hombres y con opresiones fundamentalmente para las mujeres.

Julieta Paredes: Nosotras estamos pensando desde nosotras mismas, por nosotras mismas pero por nuestra comunidad. Y en esta práctica que es un mandato de la pachamama, es fundamental pensar lo qué somos y no que nos piensen, que nos digan quienes somos, que nos pongan desde fuera géneros, razas, colores, que nos exploten en los cuerpos. Todo eso es la construcción histórica de lo que ha sido el sistema: el patriarcado y los sistemas de opresión. Cuando decimos teoría social estamos hablando de un concepto propio desde el feminismo comunitario, no nos interesa entrar en una disputa académica. Para nosotras es buscar las causas de los problemas sociales, encontrar un camino para solucionarlos y hacer una propuesta de sociedad en la que queremos vivir. Estamos hablando de conocimiento útil. Queremos desmitificar la historia de nuestros pueblos. Esta es nuestra metodología epistémica para construir el feminismo. Epistemia, para nosotros es el camino de cómo conocemos. La metodología son los pasos que damos, que no es lineal, es una reconstrucción variable.

-En la actualidad muchos feminismos están recuperando el cuerpo como espacio desde el cual articular teorías y prácticas políticas. ¿Qué lugar le dais vosotras?

JP: El primer punto de la metodología que usamos para conocer es el cuerpo. No somos mujeres blancas, somos mujeres empobrecidas por el capitalismo y el neoliberalismo, somos lesbianas, aymaras y mujeres revolucionarias, mujeres del proceso de cambio en Bolivia. Cuando empezamos a mirar desde nuestro propio cuerpo, y empezamos a hacer política desde nuestro cuerpo nos ubicamos en el entronque patriarcal. No es lo mismo ser feminista comunitaria que ser feminista en Nueva York, en un despacho de ONU Mujeres.

La revolución contra el sistema en última instancia se define sobre el cuerpo de las mujeres. Desde el feminismo comunitario estamos diciendo que si las otras revoluciones han fracasado, que si el sistema patriarcal vuelve, ha sido porque no se ha tenido en cuenta a la mitad de cada pueblo que somos las mujeres. Los actores de las revoluciones eran los hombres, no la comunidad. Por eso nunca ha habido ese cambio.

El proceso de cambio en Bolivia puede transitar hacia el mismo abismo patriarcal que cualquier otro proceso en la historia, porque los bolivianos y bolivianas no estamos vacunados contra el patriarcado, es una lucha que tenemos que hacer. La revolución en Bolivia debe hacerse desde el feminismo comunitario o con el feminismo comunitario o con las mujeres y el feminismo comunitario. Lo estamos diciendo en ese orden porque a nosotras también nos cuesta discutir con las mujeres que no son feministas. Aunque ya hay un respeto por el feminismo y exista la tesis política de la Alianza de Mujeres, no sigue siendo fácil. La última ley integral contra la violencia hacia la mujer, Las Bartolinas y el propio Evo Morales, hablaban de hacer una ley para que no se ejerza violencia sobre las personas, que es como decir todo o nada. Tenemos que hacer específicamente una ley para protegernos de la violencia por ser mujeres. A las mujeres nos pegan, nos matan por ser mujeres, no por ser pobres o por ser madres.

-Habláis de comunidad al mismo tiempo que denunciáis también el machismo de algunos planteamientos de la cosmovisión indígena…

JP: Chacha Warmi y Kari Warmi es la cosmología aymara que plantea que el mundo sería par. Chacha es hombre y Kari, mujer. En las discusiones conceptuales que hay sobre el proceso de la cosmovisión indígena, nos están diciendo que el mundo andino es así. Y no estamos de acuerdo porque, ¿quiénes comen más en las comunidades la mejor porción?, ¿quiénes no cocinan, ni crían a las guaguas (niños/as)?, ¿quiénes deciden en la comunidad? ¡Los chachas, los hombres! Nos han querido mentir, decir que la comunidad es par, que hay una relación de complementariedad. No han elegido armonía, ni equilibrio, ni reciprocidad aunque sí definen por estas palabras otras relaciones. Cuando hablamos de complementariedad en teoría de conjuntos o en cualquier discurso hay algo principal, y alguien complementa con alguito, la yapita como decimos.

-¿Y por qué han elegido los indigenistas esta palabra “complementariedad” para determinar la relación entre hombre y mujer?

JP: Sospechamos que, existiendo otras tantas palabras como reciprocidad, armonía o equilibrio, han usado esta palabra porque quieren determinar y naturalizar en el mundo andino, ese patriarcado ancestral. Busca naturalizar la desigualdad y los privilegios de los varones en las relaciones de género. La comunidad es entendida como lo rural, lo posible en el campo, y es entendida como el Chacha-warmi: la naturalización de la opresión de las mujeres.

En la comunidad hay autoritarismo, hay machismo, hay corrupción, flojera, mediocridad, propiedad privada e individualismo. Estos elementos impiden que la comunidad exista con toda la fuerza. Por culpa del patriarcado está caminando desequilibradamente. Queremos que camine con sus dos pies, haga con sus dos manos, mire con sus dos ojos. Necesitamos ambas manos y ninguna es más importante que otra. Si las mujeres nos ponemos a hacer lo mismo que hacen los hombres y ellos lo que hacemos nosotras el proceso se detiene. Son distintas formas, pero son iguales. Cada cuerpo tiene que tener su propia autonomía, su propio paso.

AG: La comunidad es una categoría que nos permite ir construyendo eso que es nuestra utopía, que es la comunidad de comunidades. En términos políticos significa recuperar la autoorganización porque no creemos que el Estado por más que sea progresista vaya a cambiar las relaciones de poder, ni las jerarquías. Recuperamos esos elementos de la comunidad como la reciprocidad, la lucha contra la propiedad privada con la propiedad comunitaria…pero no queremos la comunidad que hoy existe. Hay que construirla con otra mirada, no queremos comunidades machistas, porque también hoy en esas comunidades matan a las mujeres, se sanciona socialmente a quien aborta, aún no existe autonomía sobre sus cuerpos. Hay que cambiar la forma de organizarnos, la forma de relación, discutir quién hace ese trabajo impago, quién cría a las guaguas, quién tiene responsabilidad política con la vida cuando planteamos comunidad. Planteamos una construcción política, social, de frutos de la tierra y nuestro trabajo para que esa comunidad se materialice en nuestra utopía, en nuestra esperanza.

-Y hasta que alcancemos la utopía comunitaria, ¿qué hacemos mientras tanto para que el mundo de una vuelta?

AM: Mientras tanto, son fundamentales acciones de reparación contra la opresión histórica que hemos vivido las mujeres. Para pensar esas acciones hay que pensar en tiempo, cuerpo, espacio, movimiento y memoria de las mujeres. Mientras sigamos creyendo en esa historia oficial donde las mujeres no hemos sido más que la hermana, la esposa de…mientras no recuperemos nuestra memoria que es histórica, que también es cuerpo y también son saberes, no es posible esta reparación que necesitamos para que la comunidad se constituya en esta utopía que nosotras creemos.

Mientras el tiempo siga siendo esta limitación del sistema económico en el que las mujeres no tenemos tiempo para capacitarnos, para organizarnos… No tenemos tiempo porque el sistema nos está robando nuestro tiempo, y eso significa que el sistema nos está robando nuestra vida. Por eso el patriarcado es un sistema de muerte, porque nos roba tiempo impago de la crianza de las guaguas, de la familia. Por eso dicen: las mujeres envejecen más rápido, es una cuestión física, biológica. ¡No jodan! Nos están explotando, envejecemos porque nos levantamos a las cinco de las mañana y nos acostamos a las tres de la madrugada, ya sea por la guagua, el mercado, para vender. Es un sistema que nos mata cada día, o que nos mata con el femicidio o con la violencia.

AG: La base fundamental que reproduce el capitalismo es el trabajo impago que hacemos las mujeres. Entonces mientras quienes luchan contra el capitalismo, llámense comunistas, anarquistas, no reconozcan este trabajo impago de las mujeres, le están permitiendo al capital explotarle, no es una lucha frontal contra el capitalismo. Y en tanto no se reconozca, como ha pasado con los movimientos de izquierda, no estás transformando el sistema económico.

F: ¿Cómo entra el feminismo comunitario al análisis de cómo la política actual de los gobiernos progresistas, que han intensificado una forma de acumular capital basada en el extractivismo, está afectando a la vida y cuerpos de las mujeres?

AG: Nosotras no somos del MAS, la tarea del gobierno es permitirnos transitar a las utopías, no joder mientras nosotras transitamos. Que haga sus leyes, sus reformas, lo que tenga que hacer. Este feminismo comunitario responde a una historia concreta. El feminismo de la igualdad y de la diferencia, responden también a su contexto, entienden el patriarcado como la opresión de los hombres sobre las mujeres, lo que hace que las feministas luchen por su lado, y los que luchan contra la clase, por el fin de la racialización, vayan por el suyo y no miren al patriarcado como una articulación, no miran la opresión que hacen sobre nuestros cuerpos y sobre las tierras. El otro día nos decían en la radio: pero ¿cómo ustedes mujeres van a cuestionar la maternidad o hablar del aborto, si ustedes han de dar de mamar al mundo? Claro, es la cosificación de nuestros cuerpos y la expropiación de nuestro útero, para permitirse discutir cuándo y cuánto tenemos que parir y que no podemos abortar. Eso exactamente es lo mismo que hacemos con la naturaleza, con la tierra.

JP: La propuesta de sociedad que estamos planteando libera a todos y todas. El otro elemento es la naturaleza, sentimos que con la naturaleza somos como un cuerpo. Cuando hablan de la madre tierra no lo entendemos, porque la tierra no es solo madre, es guagua, es abuelita…hay que dejarla descansar, no es una teta eterna. Hay que revisar nuestras concepciones sobre la naturaleza.

-¿Qué opinas de la diversidad de feminismos que están surgiendo en América Latina?

JP: Sigue habiendo muchos privilegios en el llamarnos feministas, el privilegio de manejar desde la institucionalidad las grandes cooperaciones internacionales y continuar desde ahí apoyando el patriarcalismo y machismo del propio gobierno, que no asume las responsabilidades que tienen con las luchas que las feministas comunitarias estamos haciendo. Hay un plan de igualdad de oportunidades que no tiene plata, ha surgido de las organizaciones sociales, sin embargo son las feministas institucionales las que siguen controlando ese dinero. Luego dicen sí, sí, sí, somos diversas, somos todas feministas. Pero no somos todas feministas en el mismo plano de luchar contra el patriarcado y contra el sistema. Cuando nosotras entendemos la diversidad hablamos de los posicionamientos políticos, desde las identidades políticas. No se trata de ser diversas y tolerantes, no. Hay que hablar de una identidad y de un posicionamiento político para descubrir desde tu existencia, desde donde vos eres: lesbiana, queer, gay, blanco, eso no importa, son las distintas formas en las que la pachamama nos ha pintado. Otra cosa son los privilegios y eso no es interculturalidad, no es una diversidad.

Nosotras no buscamos un mundo solo indígena, no hay un feminismo indígena porque, si no, tendría que haber un feminismo blanco. Es importante no volver a racializar el feminismo. El feminismo comunitario viene a decirle a Europa: dejen sus privilegios, construyamos comunidad, posiciónense ante el entronque patriarcal, del que las feministas europeas han bebido también. Pero también ha habido feminismos allá como Louise Michel , que nadie las recupera como el feminismo anarco. ¿Dónde están los feminismos antipatriarcales de Europa? Las interpelamos, ¡posiciónense ante el entronque patriarcal!

Hay que superar el individualismo. El neoliberalismo te ha dicho: tú solita y solito tienes que caminar hacia la eficiencia, hacia el éxito. Te ha planteado que te deshagas de todas las articulaciones que como individua voluntaria y políticamente querías hacer y que habíamos construido como pueblo. Esas ligaciones como la de los sindicatos, las identidades políticas dentro del sistema. El neoliberalismo dice: ¿para qué te vas a sindicalizar?, vos individualmente busca tu futuro. En España, donde nuestras tías y abuelas se han ido a trabajar, ¿cuál es la crisis que está viviendo el individualismo neoliberal de España? No tienen sindicatos, ni organización social porque habían abandonado esos espacios…recién están empezando de nuevo a movilizarse, porque el neoliberalismo ha producido un individualismo recalcitrante: no hagas solidaridad, no hagas grupo, no hagas sindicato, no hagas acción social…y encuéntrate en el bar y tómate unas cañitas con sus tapitas.

-¿Por qué surge la necesidad de impulsar Mujeres Creando Comunidad frente a este primer proyecto que fundaste con María Galindo de Mujeres Creando? ¿A qué necesidades crees que responde vuestro movimiento, que no se estaba abordando en este primer feminismo del que participas?

JP: Hemos hecho luchas históricas no solamente para Bolivia, sino también para Abya Yala. Hemos sido parte de la construcción de una contestación, una crítica y un posicionamiento ante el neoliberalismo, la tecnocracia de género y la institucionalización del feminismo. Lo que pasa es que el sistema mismo, el patriarcado, tiene mecanismos de seducción muy jodidos, a los que es muy difícil resistirse y ahí se prueba la calidad de la propuesta que estés planteando. Y no porque nosotras no hayamos podido caer en esa seducción… esa seducción también se ha planteado ante nosotras, desde el individualismo, desde el éxito, el ser artista y el exhibicionismo personal. Te pueden decir “¡Pucha qué rebelde eres, cuán coherente, cuán autónoma, qué revolucionaria!” y así mismo te comen el corazón.

Creo que la diferencia fundamental es que con mis hermanas hemos repetido “las revoluciones se hacen con nuestro pueblo, por muy cojudo, machista, lesbofóbico, homofóbico que sea”. Ahí tenemos que centrar la discusión; es por amor a nuestro pueblo no es por amor a mí misma. Me amo a mí misma pero quiero vivir en mi pueblo y con mi pueblo. Y nuestro pueblo tiene gente que es una mierda, pero es una mierda que es parte de lo que nosotros somos. No soy ninguna persona pura, también tengo mis propias mierdas, y me las tengo que mirar y pedir disculpas. Se trata de una cuestión de toda la comunidad, de recuperar nuestra memoria histórica. Hemos hecho Mujeres Creando porque hemos querido siempre aportar a la transformación de la situación de nuestros pueblos.

De repente nos hacemos refamosas, viajando aquí y allá, y en Bolivia no construíamos nada. Y eso no es posible. Un tiempo te puedes tragar el cuento de que el pueblo a veces es cojudo, es fascista, pero a partir del año 2000 decidimos continuar con nuestro pueblo, construyendo con él.

-¿Cómo surge la alianza que habéis hecho con otras feministas comunitarias como Lorena Cabnal, de Asmimaxaj en Guatemala?

JP– No es una alianza, Lorena no era feminista comunitaria. Fue ella la que nos encontró. Venimos desde el año 2003 haciendo discusiones y entonces ella comienza a hablar también de feminismo comunitario. El feminismo comunitario es eso, en tanto en cuanto comenzamos a compartir un mismo contenido, ella se nutre de lo nuestro y nosotras vamos bebiendo de lo que ellas también van pensando y haciendo.

El feminismo comunitario nace en Bolivia y desde aquí nosotras llegamos al resto de Abya Yala. Las distintas compañeras lo que van haciendo es unir sus luchas hasta que se llaman feministas comunitarias y confluimos. Nosotras tenemos 23 años de lucha, de feminismo comunitario tenemos 10 años más. Es una lucha de mucho tiempo, ¿no? Pero el feminismo comunitario nace allá, no es que hacemos alianzas. Para nosotras es importante visibilizar el proceso indígena de Bolivia. El feminismo comunitario nace y surge porque es parte de un proceso indígena en Bolivia, cosa que no pasa en Guatemala, en México, Ecuador o Chile.

Al ser un proceso que viene desde los pueblos indígenas recupera y da sentido a las luchas de todo el continente. Por eso es importante Bolivia como proceso de cambio. Es importante visibilizar las luchas de las otras compañeras que han estado desde el feminismo de los movimientos populares. Pero el resto de las feministas comunitarias no ha participado de las luchas feministas que hemos dado en el continente, por ejemplo del feminismo autónomo, de la denuncia de la institucionalidad. Entonces, nosotras traemos toda esa memoria, tanto de la relación de las luchas políticas de nuestros pueblos, las luchas indígenas, como de las luchas feministas a lo interno del feminismo.

Las otras compañeras vienen y enganchan sus prácticas de lucha política, algunas llamándose solo feministas, otras llamándose solo mujeres indígenas, y se enganchan al feminismo comunitario. Es importante rescatar la memoria, ese tránsito, el simbolismo de lo que hoy es el proceso de cambio de Bolivia pero no para hacer sucursales, ni subgrupos, sino para generar una nueva metodología de construcción. Es un feminismo comunitario de mucho tiempo, respetando el camino, pero tampoco hay que sobreponer unas a las otras para poder respetarnos en las diferencias.

-¿Qué proyectos tenéis ahora? ¿Cuáles crees que son vuestros principales retos del momento actual?

JP- Ahorita hay tres cosas que han sido incorporadas dentro de las luchas de las mujeres de nuestro pueblo. Uno es el marco conceptual del plan de las políticas públicas del gobierno del hermano Evo Morales, que eso ya es política pública y lo reflejamos en nuestro libro ”Hilando fino. Desde el feminismo comunitario”. La otra es la tesis política de la alianza de mujeres, que es una alianza de varias organizaciones sociales.

La tercera lucha que queremos plantear es conceptualizar, que ya lo hemos hecho, la propuesta de despatriarcalización y que sea también política pública del actual gobierno. Claro, no se está cumpliendo como tendría que ser, pero sólo plantearlo ha sido un gran logro. Pero nosotras a nivel interno no podríamos hablar de la despatriarcalización si no construyéramos la comunidad entre nosotras. Y eso es jodido, es difícil, pero es lo que nos permite aquí venir a hablar, nos permite tener instrumentos para explicar qué es la comunidad y desde dónde estamos hablando de la comunidad.

Agustina Daguerre para Feminicidio.net

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