Mujeres y Patriarcado Religioso

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Pensar a las Mujeres y su respuesta al Patriarcado Religioso más allá de los modelos.

Es cierto que, actualmente, todas las religiones – el Islam también- son, en la práctica Patriarcales y Machistas. Sería caer en la negación decir que los abusos que se cometen en nombre de las religiones, no tienen un efecto concreto en la vida de muchas mujeres alrededor del mundo.

Desde la prohibición del aborto terapéutico hasta la de conducir un auto, los mensajes revelados se han utilizado para reforzar la opresión contra el género.

No obstante, yo pienso que esto no se debe a los libros sagrados en sí. Yo creo que los mensajes revelados admiten una lectura de opresión o de liberación.

El problema no es si las revelaciones admiten una lectura feminista: Es obvio que admiten todo tipo de lecturas, incluyendo las feministas o des-constructivas. Es la autoridad histórica de las lecturas machistas como criterio de verdad y el androcentrismo como eje en la relación con lo divino, que dan origen a la opresión y violencia, lo que debe ser objeto de crítica.

Desmantelar el Patriarcado en la religión, no es sólo visibilizar lo femenino en lo místico, lo histórico y lo experiencial. Hay que desacralizar el androcentrismo como el referente intelectual y el “mainstream” espiritual al cual responden las lecturas de liberación.

Más Allá de “La Mujer Creyente”.

El Patriarcado ha construido una “Creyente ideal” para el control de las mujeres en las religiones. Un imaginario silencioso, obediente, renunciante y mutilado, al cual las teologías y movimientos feministas tratan de responder creando el propio.

Sin embargo, el propuesto por el feminismo en la fe es todavía complementario y responde a una concepción binaria del mundo y las personas; tiene sesgos que incluyen a expresiones identitarias diversas con un criterio de anormalidad validando, de esta forma, la construcción patriarcal de lo femenino en la Fe.

A menudo, en la teología o espiritualidades feministas se aplican los mismos criterios de igualdad de lo masculino y lo femenino del feminismo institucional heterocéntrico: Se les concibe como fuerzas destinadas a juntarse, se habla de la liberación espiritual para una unión en parejas más plena y no por autonomía personal. O bien, insistiendo en la liberación de la mujer a través de la maternidad porque “Es la que da vida y nutre el mundo, por ello su posición espiritual es sublime”.

Desde las teología feministas se asumen modelos de mujeres, que responden a una perspectiva limitada de ¿Cómo Debe Ser Una Mujer Espiritualmente Liberada? La mayoría de las veces, la respuesta es un arquetipo altamente heteronormativo, que no concibe a esta mujer liberada de otra forma que heterosexual, en pareja, casada y madre o queriendo serlo, con cualidades patriarcales en su cáracter como la bondad, la comprensión, el deber de ser acogedora y conciliadora, la hacedora de paz.

No se cuestionan ni el matrimonio, ni la heterosexualidad como ideología ni la maternidad, obviando con esto, intencionalmente o no, estructuras y narrativas en las cuales el discurso patriarcal religioso tiene amplio campo de control del cuerpo y las decisiones de las mujeres.

“Las Herramientas del Amo nunca Destruirán la Casa del Amo”. 

No todas las mujeres creyentes son heterosexuales, no todas las heterosexuales desean unirse en un formato contractual de obligaciones y no todas las casadas entienden el sexo como una expresión metafísica de lo divino, en la cual tienen un rol subalterno de complemento a lo masculino. No toda heterosexualidad  es normativa.

Antes de erradicar el Patriarcado de las revelaciones, descolonizemos la teorización feminista sobre la Fe. No asumamos un arquetipo de mujer a priori, ya que este ejercicio da autoridad al Patriarcado y sus Modelos de Mujer Creyente, como necesarios para elaborar la reflexión y la critica feminista; con esto, nos arriesgamos a reproducir nuestro encarcelamiento como sujetos espirituales, de la forma que lo hace el androcentrismo en imaginarios destructivos y unidimensionales de Santa, Madre o Puta.

Valorar el grado de desarrollo espiritual y la agencia sobre lo religioso de una mujer por su mayor o menor funcionalidad a modelos, sean o no del Patriarcado, NO es emancipador sino absolutamente limitado y facilita la exclusión que pretendemos superar/resignificar.

No sólo hay que destruir lo femenino en el patriarcado religioso, sino también todas las narrativas del Divino Feminino porque son normalizadoras. No estamos haciendo Feminismo si promovemos una idea monolítica de “La Mujer” y un discurso que condiciona su desarrollo espiritual a marcos de disciplina y control que, al final, envilecen las expresiones de identidad y diversidad sexual, por más que los llamemos “emancipadores”.

Apropiémonos de la Teología, recuperando poder sobre nosotras mismas. Legitimemos la perspectiva feminista de las religiones, cometiendo sacrilegio contra las “Mujeres Ejemplares” (machistas o feministas,) para que quedemos sólo nosotras, las mujeres diversas, reales e imperfectas, como expresión de vida y testimonio de humanidad

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