Hembristas, Feminismos y Feminazis

PinUp65_2nd“Yo soy Feminista.. pero no como esas Feminazis”. Quien dice esto o algo parecido no es Feminista, para nada.

No sé que pasa en los Feminismos últimamente, pero no se ve bien. Mi impresión es que pasó de ser una lucha por crear y bailar nuestra propia danza, a una pelea entre las bailarinas por definir quien tiene la mejor coreografía y cual de estas debe marcar la pauta para todas. Lo que me parece, en particular, más preocupante es que, además, esta coreografía tiene que ser adecuada para la categoría masculina, para que ellos también puedan bailar.

Antes de Seguir con mis Ideas…

Quiero aclarar que hablar de hombres, como categoría, no es lo mismo que hablar de las personas. La categoría “Hombres” es una expresión Bío-política: Una manera de disciplinar vidas en torno a roles asignados en función de la biología. De acuerdo a esto, a la categoría “Hombres” le corresponden ciertos privilegios y funciones: Autoridad sobre el espacio público, la descripción de la realidad y la definición de la verdad; uso legítimo de la fuerza y criterio de mayoría por sobre el número, por nombrar algunas.

Dicho esto, Sigo con la Idea…

Hace poco estuve en un Conversatorio sobre la Despenalización del aborto en Chile, organizado por un colectivo feminista universitario. Allá llegaron las miembras de otro grupo feminista… ¿A apoyar? NO!!! a atacar y escrachar la actividad de las universitarias.

Insólito. Doloroso ¿Desde cuando es correcto perjudicar la injerencia de otras Feministas o llamarlas Hembristas, Oprimidas, Extremistas o Feminazis entre otras categorías Patriarcales?

Lo pregunto porque, últimamente, veo poca apertura en los Feminismos. No sé si se debe a la necesidad de auto-conservación ante la arremetida brutal del Patriarcado contra las conquistas históricas de las mujeres o a la masificación del Feminismo que atenta contra su profundidad. Tal vez se debe a que las nuevas generaciones, han llegado con la “Marraqueta bajo el brazo”, sin necesidad de leer mucho, ni de reflexionar profundamente o de involucrarse en luchas que, para otras feministas, significaban arriesgar la vida.

Parece dogmatismo: Mucha atención a manejar teorías y poco esfuerzo práctico por transformar contextos. Poner a las ideas por sobre las personas. No sé a qué se debe. Sólo sé que se traduce en:

Demonización:

“Técnica retórica e ideológica de desinformación o alteración de hechos y descripciones (próxima a la inversa sacralización, o al victimismo) que consiste en presentar entidades políticasétnicas,culturales o religiosas, etc, como fundamentalmente malas y nocivas, como forma de vindicarse positivamente respecto a esas entidades o justificar un trato político, militar o social diferenciado, o también para atribuir de incorrecto lo que está en contra de lo que se cree o apoya”.

O sea, que está de moda que, entre feministas, nos colguemos el cartel de “Mala de la Película”.

Parece que no se trata ya de nosotras, ni del empoderamiento en torno a nuestros contextos y subjetividades como individuas autónomas, sino del “Movimiento”, un abstracto al estilo de la palabra “Estado” (patriarcal y hegemónico) por el cual hay que cumplir deberes para tener derechos, al cual nos debemos en nombre del “Bien Común”.

Parece que ahora los feminismos son programas de disciplinamiento sobre “Como ser la Nueva Mujer Liberada” o como un Reality Show “Proyecto Feminista”, al estilo “La Guía de la Buena Esposa”, en el cual recibimos formación sobre qué decir y cómo decirlo, como comportarse y actuar para “No perjudicar al movimiento”.

Últimamente, se trata de los hombres y de nuestra misión de liberarlos y enseñarles de que va esto de ser la categoría oprimida y subalterizada; es nuestra responsabilidad solucionar los problemas que causa el Patriarcado (que los hombres en miles de años jamás cuestionaron). Es nuestra obligación, ya que “las mujeres somos solidarias por naturaleza” y nos va bien ser “pedagogas, cuidadoras y apoyos morales” (claro está, quien mejor que las mujeres para reproducir esos roles ¿verdad?). Tenemos que darles espacio en nuestros movimientos porque ellos “también sufren violencia” y “si no los emancipamos, no podemos hablar de emancipación”.

Una Moda muy Incómoda…

Ahora se lleva que si una de nosotras demuestra enojo, indignación o rabia ante los hechos o narrativas de violencia contra las mujeres, la solución disciplinaria es llamarla “Extremista”, porque es pecado enojarse y exigir una auto-crítica a la otra mitad de la humanidad por la opresión femenina.

Ahora se lleva que si una de nosotras cree en los espacios SOLO para mujeres, tanto físicos como simbólicos, es una egoísta y debería sentir vergüenza de ser una “Hembrista” con aires de superioridad, que se niega, por maldad, a conectarse con el “Divino Masculino”, por su cruel corazón inmisericorde, “no como nosotras que somos tan buenas e inclusivas”

Ahora se lleva que si una no quiere dar su tiempo, neuronas y paciencia a las “Nuevas Masculinidades” o las “Maternidades Revolucionarias” es una “Resentida”, que se niega a reconocer que “Todas queremos ser madres” y somos feministas para “Construir un mundo mejor” y la experiencia individual no importa, sólo los Slogans bonitos “Para que nadie se enoje”, porque se trata de “sumar y no de restar”.

Ahora se lleva que si aparece una compañera con una lectura feminista fuera del mainstream, como lo trans, racial, queer-latinidad, campesino, islámico, emigrante, indígena, del trabajo sexual, hay que hacerle saber lo equivocada que está, ya que ella “No entiende nada” y “No es como nosotras” (o sea, es una Otra“que nacimos en los centros de producción del conocimiento y la revolución de género”.

Ahora se lleva que si una compañera se depila o no, o usa tacones rojos o no,  o se pone un Hiyab o no, o un Huipil o no “Está promoviendo la opresión” de algún modo, ya que las únicas narrativas aceptables, reales y legitimas sobre los pelos, los tacones, el Huipil o el Hiyab, son las desarrolladas por el Patriarcado en algún lugar del mundo. ¿No les queda claro? Una mujer no tiene derecho a re-significar! Lo que el sistema dice de ella, es más importante que lo que ella dice de sí misma… toda feminista “de verdad” sabe esto.

Soraya Montenegro a punto de perder el título de Súper Mala

Ahora se lleva no empatizar ni identificarse con las luchas de nuestras compañeras: “Yo Soy Feminista, pero no soy  como esas Feminazis”, sino más bien hacer todo lo posible por alejarnos, desacreditarla o aislarla y hacer que el Feminismo parezca agradable para los hombres, quienes se dan la fiesta de sus vidas diciéndonos cosas como: “Tú eres una odiosa. Mírala a ella. Ella sí que es una buena feminista. A mí, como Hombre, me gusta más su Feminismo que el tuyo”.

La socialización negativa, que divide a las mujeres en buenas y malas según si adhieren o no a lo que el Patriarcado – esto incluye a los Macho-Progre-  espera de ellas, en una lógica de divide y vencerás, echa a perder todas las buenas intenciones. Esta clase interacción es profundamente dañina. El lenguaje no es inocuo. Como dice Beatriz Preciado:

Cada palabra de nuestro lenguaje contiene, como enrollada sobre sí misma, un ovillo de tiempo constituido de operaciones históricas.

Una Suerte de Amnesia…

Fuera de todo sarcasmo, esta demonización de las subjetividades en los Feminismos, esta comodidad, así como la presión por meternos a todas en un molde para calzar dentro del sistema que, se supone, se cuestiona, so pena de aislamiento, me recuerdan unas palabras de Francesca Gargallo:

” La historia de la disidencia está en crisis, porque el sistema hegemónico ha sabido convencernos sutilmente de que lo que está vigente es lo que se necesita para la vida. Ha naturalizado sus discriminaciones, obsesiones, purgas, y de particular manera su sexofobia, fijando géneros y comportamientos, sexualidades y deseos….”

¿O será que nos hemos vuelvo acomodaticias?

Parece que, como resultado de años de contacto, el Patriarcado ha convencido a algunas que, es buena idea hacer una reclamación por la igualdad de las mujeres, pero “necesitamos” que las cosas sigan tal y como están, porque “es bueno luchar, pero no tanto” que se transforme por completo la sociedad en la que vivimos. Sobre todo, parece que es vital para la sobrevivencia de las mujeres abstenerse de todo lo que pueda hacer enojar a la gente y buscar la paz, incluso a nuestro costo personal, para no perder lo que tenemos ahora, de lo contrario estaremos perdidas.

¿Qué es lo que tenemos que perder?

Me pregunto ¿Qué hubiera pasado con los Derechos Civiles si Rosa Parks se hubiese puesto a pensar en no molestar a nadie? Parece que campea la amnesia y, en alguna curva del camino, cambiamos el arrojo por el miedo y la sed de justicia por los consensos, el “Hasta que nunca más una mujer….” por “Hasta donde se pueda…”

Un Estado de Alerta…

Mi opinión es que, en algún punto, el Patriarcado ha logrado disciplinar algunos enfoques sobre el feminismo hacia el retroceso, para reproducir la socialización negativa y reforzar las expectativas tradicionales en torno a la categoría “Mujer”.

Así, si una de nosotras muestra ira e incluso dice algunas rudezas, se ve como negativo y extremista porque, como se sabe, la mujer está llamada a ser “suave, sonriente, tierna y siempre de buen humor “.

Así, se reproduce la subalterización de las trans, de las negras, de las inmigrantes, de las mujeres del sur en general, porque “No se puede ser musulmana y feminista” (Porque el patriarcado y el orientalismo ya lo decidieron así).

Si el Feminismo desconstruye, términos derogativos como Feminazi deberían ser re-significados positivamente, en vez de adoptarlos tal y como nos lo da la hegemonía Patriarcal.

Lo que he dicho no se aplica sólo al Feminismo, sino también a la presión social y la programación en todos los aspectos de la vida. Michel Foucault habla de esto cuando dice que nos acostumbramos incluso a resistir, al punto que nos volvemos domésticos (como opuesto a rebeldes) y si alguien decide volver a cuestionar el status quo, lo alienamos o bien nos auto-alienamos por el miedo a ser alienados.

Es el poder para el desafío y el desafío al poder, lo que hace posible el Feminismo como estrategia efectiva para desmantelar el Patriarcado y lograr que cada persona logre autonomía en la construcción del ser “Mujer” o si no quiere serlo para nada.

Para lograr esa autonomía, hay que estar alertas. Vivimos en el Patriarcado y recibimos mensajes de alienación y de auto-alienación cada día, en todos lados. Ser feminista es un esfuerzo cotidiano, es no dejarse vencer por la comodidad de lo que ya está dicho, organizado y explicado. Es -parafraseando a Galeano- no tener miedo de ser una persona sin miedo.

Recordemos que el Feminismo no surgió para “llevarse bien con los hombres”, sino para detener la violencia y el abuso contra la mujer; no para categorizar a las mujeres, sino que para empoderarlas; que no se trata de “Yo y las Otras” sino de “Yo y Yo en un Nosotras”; esto incluye reconocerse en las Malas, las Gritonas, las Hembristas, las Resentidas y las Feminazis…

Porque es gracias a muchas que fueron demonizadas, alienadas y excluidas antes que nosotrxs, que sabemos que si no estamos molestando al sistema, no estamos haciendo Feminismo.

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