Charlie Hebdo y Una Etica de la Libertad

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El Nº 1.000 de la Revista Charlie Hebdo mostraba a un Profeta Muhammad (Mahoma) “Sobrepasado por los Integristas” desesperado y lloroso diciendo “Que difícil es ser amado por idiotas”. En la oscuridad de los últimos sucesos, yo veo verdad en ello. Es difícil profesar el Islam cuando personas que dicen seguir su camino de paz y autoconocimiento actúan con tanta virulencia y crueldad.

Como Musulmana creo que matar personas en el nombre del Islam es mucho más ofensivo que lo que una caricatura puede ser. Las personas tienen derechos, las ideas no: Admitamos que, entre nosotros, hay idiotas que creen lo contrario y se esconden en nuestra Fe para justificarse.

Ya no basta con declaraciones altisonante en las cuales se dice que los Yihadistas “No son Musulmanes”. Este atentado tiene que hacernos meditar sobre las narrativas que, desde dentro del Islam, consienten estos actos y rechazarlas por completo, lo cual implica renunciar y repudiar los elementos de la tradición que den pie a la misoginia, a la xenofobia y la segregación; poner fin al androcentrismo hermenéutico y perder el miedo a desafiar una jurisprudencia anquilosada en el tiempo.

Las religiones DEBEN ser objeto de crítica y denuncia cuando amparan delitos, violencia y prácticas contrarias a la convivencia pacífica, las libertades civiles y la justicia social. El Terrorismo y sus agentes, buscan amedrentar y castigar a quienes ejercen la libertad de conciencia y opinión, las cuales se encuentra reconocidas en el Corán (16:25 y 2:256)

A los y las Musulmanes se nos ha dado la misión de corregir, denunciar y rechazar la injusticia (Corán 4:135). Estamos obligados política y éticamente a cuestionar los fundamentos, liderazgos, actividades y consecuencias de los hechos religiosos así como a estar siempre y en toda situación del lado de la dignidad y la libertad humana.

No obstante, ante las represalias del día siguiente contra instalaciones religiosas de ciudadanos musulmanes de Paris y los hechos ocurridos luego, no puedo dejar fuera de este comentario a la prensa y los gobiernos y al rol que les cabe en instalar narrativas sobre realidades y personas; en este caso, en sumar a la ya creciente ola de Islamofobia en Europa

Al respecto, José Antonio Gutierrez señalaba en su artículo “Yo no Soy Charlie: “…la representación degradante y “caricaturesca” que hace del Mundo Islámico, … con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva…. esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural… cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, que han recibido históricamente un trato brutal..”

Al condenar estos actos, se nos pide revisar el papel de la religión y su relación con la política. Al mismo tiempo, pensar en los medios de comunicación como parte del aparato ideológico y su rol en la generación de estereotipos, en promover el odio o aceptación hacia un grupo religioso, étnico y social, en la humanización o deshumanización de personas para facilitar su opresión.

Como toda violencia, la violencia simbólica también es acumulativa, sistemática y produce efectos concretos: Toda persona latina, negra, indígena, pobre, disidente sexual podría decir algo sobre esto.

Un informe de la Red Europea contra el racismo muestra que desde 2012 a 2013, solo en Francia, aumentaron en un 47% las agresiones contra musulmanes. La violencia siempre esconde al miedo.  El enemigo a vencer no son las personas con sus espiritualidades o sus críticas a la religión, sino el efecto que el terrorismo provoca en todos nosotros: Miedo. Miedo a la diferencia, miedo a pensar distinto, miedo a disentir, miedo a expresar nuestra individualidad cultural, espiritual o genérica, miedo, en definitiva, al otro y a ser otro.

Detener el Yihadismo y su contraparte, la Islamofobia, depende de vencer el miedo y no permitir que, desde los partidos políticos, los medios o las prédicas religiosas, nos impongan el miedo como la base de nuestra convivencia. Para ello, es necesario un acuerdo y una estrategia política de “aprendizaje de la colaboración” que restaure la confianza y el tejido social.

Las reflexiones sobre este evento deben ser amplias e ir más allá de Charlie Hebdo y los yihadistas o los vínculos entre las representaciones religiosas y la prensa. La cuestión aquí es si somos capaces de dialogar sobre una ética de la vida social, una ética al servicio de la construcción de un nuevo capital simbólico descolonizado, donde la justicia social también signifique justicia y equidad en el discurso, en el ejercicio de la critica y el respeto a la dignidad en la forma en que la gente describe a la gente.

Una ética honesta de convivencia justa y libertad no puede sostener ideas tales como la guerra de las civilizaciones, la degradación occidental, terrorismo o imperialismo, el mito de un enemigo interno o verdades hegemónicas. Una ética de la libertad, es una ética donde todos somos Charlie y somos también todas aquellas víctimas de opresión de cualquier modo y en cualquier parte, ya que no hay un Yo y un Otro en el rechazo a la violencia y la construcción de la paz.

Una ética de la libertad, es una ética del “Nosotros”.

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