Teología de la Mujer y Teología Feminista

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En las narrativas androcéntricas y misóginas de las tradiciones religiosas se encuentra la raíz de mucha violencia contra las mujeres. Esto no es ninguna novedad, por cuanto el mismo diagnóstico lo ha planteado ya el teólogo José Luis Tamayo cuando dice que si bien las mujeres son la presencia mayoritaria de las comunidades religiosas y las más involucradas en la transmisión y práctica de las tradiciones, “son las más grandes perdedoras”, por toda la exclusión y violencia que se ejerce contra ellas en nombre de la religión.

La influencia de la religión en las vidas de las mujeres, va más allá del ámbito propio de aquella. Desde la teología emanan los discursos de género que impactan nuestras vidas como sujetas políticas. Riffat Hassan sostiene que “en todas las causas más evidentes (sociológicas, históricas, económicas) del débil estatus de las mujeres, existe una causa que tiene sus raíces teológicas”.

Estas raíces teológicas son discursivas. Al decir discursos, me refiero a que la mujer en la religión es un relato: Lo que se dice de las mujeres desde las religiones, así como desde las ciencias sociales y exactas, las instituciones y los medios de comunicación, son relatos, narraciones que son producto de la interacción de mecanismos de poder, autoridad de enunciación y acumulación histórica de acciones performativas; si el género, siguiendo a Judith Butler, es un discurso con significado cultural, entonces lo femenino y la categoría “mujer” en lo religioso también lo son.

Las narraciones de las tradiciones monoteístas sobre la creación de la mujer, que juegan un papel fundamental en el establecimiento de actitudes y representaciones sobre las mujeres en sus respectivas sociedades, no son dogmas, sino historia.

Teología de la Mujer y Teología Feminista

La reflexión sobre el papel de la mujer en el Islam no es nueva. Me atrevo a decir que desde los comienzos ha existido una “Teología de la Mujer”, es decir, “una antropología teológica y una narrativa donde ella es el objeto específico”.

En virtud de las narrativas de la teología de la mujer en las religiones, en su versión más tradicional, nosotras hemos sido representadas como vírgenes devotas, santas madres, mártires o pecadoras redimidas.

Pero a partir del siglo XX aparece el discurso que Celia Amorós llama el de la “compañera ilustrada” o la Mujer Nueva cuya propuesta se dirige a “hacer de las mujeres buenas madres cívicas y competentes científicas en los cometidos de la crianza y la educación de buenos ciudadanos, así como compañeras adecuadas de unos maridos cultos y amistosos.”

El discurso de la compañera ilustrada será usado por los predicadores e intelectuales del Islam. Durante la Revolución Islámica, el Ayatollah Khomeini se refería a las mujeres como “el pilar de la nación” sobre el cual se iba a edificar la república. Por su parte, Alí Shariati, considerado un ideólogo de la Teología de la Liberación Islámica en Irán, se ciñe de todos modos a esta narrativa, cuando llama a las mujeres a emular el ejemplo de Fátima, la hija del Profeta Muhammad:

“Ella estaba a su lado en todas partes como una mujer comprometida con la sociedad, una mujer que, desde las primeras etapas de su vida, nunca dejó su padre y luchó junto a él y luchó con él. Ella era la mujer que luchó contra la tiranía en el frente externo y que luchó contra la desviación, la usurpación y la opresión en el frente interno (…) Esto es lo que es ser una mujer musulmana en la época actual.”

Las características de la Nueva Mujer también fueron descritas por el egipcio Qasim Amin:

“Qué mejor situación existe para un hombre que vivir con una compañera que le acompaña día y noche, en el hogar y fuera, en la enfermedad y la salud, en lo bueno y en lo malo, una compañera que es inteligente, culta y está al tanto de los retos de la vida?”  

Esta teología de la mujer nos dice cómo ser la creyente ideal, lo que podemos esperar o no de la vida espiritual e insiste en nuestra vocación propia de esposa y de madre. Como otras teologías de la mujer en las religiones monoteístas, es restrictiva y disciplinaria ya que al imponer “una identidad deducida de papeles tradicionales, sin prestar atención a nuestras aportaciones en otros ámbitos y sin considerar la situación concreta de las mujeres en el mundo” deviene en una “Biopolítica de la Fe”(1) que sostiene discursos y prácticas de control externo sobre el cuerpo, la identidad y las representaciones de las mujeres y lo femenino.

La teología feminista, por su parte, busca una enunciación política en lo religioso/espiritual. Parte de una crítica a la teología de la mujer, a sus sesgos patriarcales, sus estructuras y autoridad; denuncia su influencia en las condiciones de discriminación que vivimos las mujeres en la religión y en nombre de la religión. Desde este punto de vista, la teología feminista es un cuestionamiento al LOGOS del TEO, ya que desafía los fundamentos a través de los cuales se “conoce” a Dios y el concepto mismo de teología como saber escolástico reservado a estudiosos y académicos.

No obstante, la teología feminista no es posible sin una hermenéutica de nuevos relatos. Esto es relevante porque, como dice Amina Wadud, “definir la religión es tener poder sobre ella”. Para ello, la teología feminista presenta una opción metodológica que replantea la teología de manera total, con una temática propia de liberación desde las mujeres, ya no como objetos definidos de manera estática o como oprimidas a liberar, sino como personas con pleno derecho y agencia para apropiarse de los textos sagrados, desarrollar una hermenéutica de liberación y re-significar o desmantelar los discursos y representaciones a favor de una mayor justicia social de género

(1) Termino mío. Una Biopolitica de la Fe es el uso del poder fáctico, enunciativo y simbólico atribuido a las religiones para un control exhaustivo de la vida, en particular, la de las mujeres. Siendo las mujeres quienes en mayor medida se vinculan, transmiten y adhieren a las narrativas religiosas tradicionales así como son mayoría en las comunidades religiosas, la biopolitica de la fe encuentra en ellas sus destinatarias y evangelistas activas.

Este texto es parte de mi paper: “La Hermenéutica Feminista en el Islam como Narrativa de Liberación”

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