Mujeres Contra el Patriarcado.. y Contra Otras Mujeres

Es amargo constatar la falta de entendimiento entre las feministas cuando se discuten temas controvertidos, hasta el punto que parece que hemos fracasado en desarrollar un factor clave para la autonomía: Transformar la manera en que las mujeres se perciben e interactúan entre sí.

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El debate feminista se siente, a veces, así

Ultimamente he sido parte, activa o testimonial, de conversaciones que comienzan con un gran margen de posibilidades en el abordarje de temas sobre los que hace falta una voz contundente desde los feminismos, que terminan en recriminaciones mutuas cargadas de violencia simbólica, que reafirman mecanismos patriarcales como:

1.- Invisibilización

Por lo menos en dos situaciones.

Nº1: “No!! Una mujer como tú no puede ser feminista Eso no existe.”. Negar mi existencia como feminista es negar que hay mujeres en el mundo capaces de empoderarse, más allá de tu permiso, en sus contextos. Nadie te debe explicaciones, por cierto.

Nº2: “Ella no es mi aliada (ya que no es como yo)”, dicen las feministas que no aceptan a otras como tales, pero aplauden a rabiar las declaraciones a favor de las mujeres pronunciadas por un hombre privilegiado, un macho progre bien vestido y perfumado, asesorado por su publicista, en nombre del slogan “Todas las personas pueden ser feministas”. Claro, pero las mujeres musulmanas, por ejemplo, no pueden ser feministas. Ergo, no son personas. Ajá.

2.- Racismo y/o Descarte de Identidad

“Usa tu cerebro, latina/musulmana/gorda/lesbiana/peruana/negra/vieja ..” Este tipo de declaraciones es esperable de mujeres fuera del circuito feminista, pero cada vez lo veo más común entre las activistas; evidencia los mecanismos de exclusión y la tendencia al Ghetto que existen al interior de los colectivos.

Sé de quienes dicen querer trabajar con todas las mujeres, pero excluyen a las lesbianas y a la trans de sus encuentros. También he estado en reuniones donde se enorgullecen de ser más “guapas, jóvenes y delgadas” que otras feministas que no les simpatizan. He leido a feministas musulmanas hablar de los derechos de sus hermanas en la misma frase donde le preguntan a otra si su desconocimiento de una teoría es porque “está muy vieja”. Y así, que ni en peluquería de barrio.

3.- Colonialismo

“Déjame decirte lo que es el feminismo real, está claro que no lo sabes ….” Cualquier intento de convencer a otra persona de que nuestra visión es la correcta, es colonialismo. Es colonialismo decirle a una mujer gordita que haga dieta o a una Hiyabi que se saque el pañuelo, a una lesbiana que sea más “discreta” o a una mujer inmigrante que “para que usa esos adornos si este no es tu país”.

Es colonialismo asumir que otras mujeres poseen un “Feminismo que, yo díria es muy superficial e inutil, rayando el fraude y la improvisación” sólo porque no refleja tu perspectiva. Es colonialismo pensar que el mundo es gobernado por tu ombligo y todo el mundo debe vivir de acuerdo a tus caprichos y devaneos intelectuales.

Todo ánimo de intervenir la subjetividad ajena, da origen a una actitud colonizadora.

4.- Mobbing

“Usted no es realmente una feminista, me pregunto lo que mis amigas en el colectivo/ movimiento/ articulación pensarían”. Cuando oigo esto, me acuerdo de los códigos de lealtad de El Padrino para con “La Cosa Nostra”.

Tal parece que en nombre de “El Movimiento” es lícito utilizar el chantaje emocional, el aislamiento y mecanismos disciplinarios que se habilitan desde los privilegios contra otras mujeres, a sabiendas que todas luchamos a diario contra el mandamiento de “Conseguir aprobación”. En su versión en línea, el mobbing consiste en llamar a las amigas en las redes sociales para masivamente atacar a quien nos contradice.

Yo creo que no hay nada como “El Movimiento Feminista”. Hay algo mejor: Feministas en movimiento. Sería bueno que cultivemos el respeto a nuestros propios ritmos de crecimiento y reflexión.

Por lo demás… Desde cuándo es obligatorio estar en los, así llamados, colectivos? Una no necesita ir a inscribirse a ningún colectivo para tener validación como feminista. Esto sería reproducir la necesidad de validación del sistema patriarcal. Cada una de nosotras YA ES COLECTIVA; tiene redes, tiene gente que conoce, es capaz de construir afectos y coincidencias con otras. Y lo hace del modo que quiere y puede.

No permitan que nadie discipline su proceso de autonomía, su despertar feminista, con suposiciones y mandatos que son tan cuestionables como los del Patriarcado.

5.- Personalización

“Mi problema personal con usted, es un problema feminista. Así que eres un obstáculo para el feminismo”. Esta posición es bastante deshonesta, pero muy común. Va así: Dos o más feministas tienen una discusión personal y comienzan a “reclutar apoyo”. Por lo tanto, un problema que podría resolverse en privado se convierte en un campo de batalla en la que todo el mundo termina resentida con los demás, incluso con gente que no conocen.

He conocido una que otra mujer muy militante, que va a todas las marchas, que aparece en todas las manifestaciones, que se vanagloria en privado de haber perjudicado profesionalmente a otras activistas, sólo porque no le gustaba su manera de entender el feminismo. “Y yo la hice despedir de …” o “Yo me mantengo en la cúpula de X institución patriarcal porque de ahi manejo con quien trabajo”.

La verdad es que, muchas veces el “obstáculo para el feminismo” explica la antipatía, los resentimientos personales, los celos y .. sí, la envidia entre las feministas por los progresos, logros y desarrollo alcanzado. No hay manera más eficaz para afectar el crecimiento de una mujer que atacar su potencial político.

6.- Apropiación

Por lo menos en dos situaciones.

Nº1: “Todas las feministas musulmanas creen ..” WAIT. Su opinión no es mi opinión y si bien celebro que saques la voz, te pido que no te hagas cargo de la mía.

Nº2: “Si no estás de acuerdo conmigo, estás apoyando el patriarcado”. O sea, no pensar como tú es estar contra ti; de paso, te apropias de la definición del feminismo a tu favor. Si se trata de expresar patriarcado, pues yo o cualquier persona no lo expresa más que tú. El patriarcado vive dentro de nosotras. Como mujeres, hemos sido domesticadas por el sistema para servirle, desde hacer un sándwich hasta difundir la cultura de la violación.

Hemos sido educadas para odiarnos a nosotras mismas y a las demás; hemos sido socializadas para vivir en la alteridad y mantener a otras mujeres en la alteridad.

Y el sistema se asegura de que todos los días, de muchas maneras, nosotras reproduzcamos el odio y la otredad unas contra otras.

Hay una gran diferencia entre estar en desacuerdo en las opiniones y despreciar o acosar a otra mujer por ellas, en su apariencia o identidades. Parte del despertar feminista es trabajar en el establecimiento de la diferencia entre ambas cosas.

No estoy diciendo que tengamos que estar de acuerdo en todo, sino en buscar nuevas maneras de lidiar con el desacuerdo. No podemos construir sociedades más justas para las mujeres, si no destruimos los mecanismos de interacción, legado del patriarcado, a través de los cuales reproducimos la injusticia entre nosotras.

Ninguna lucha que se diriga al patriarcado exterior sin rendir cuentas del que llevamos dentro tiene un pronóstico de éxito. Decir “soy feminista” o “Hago esto porque soy una feminista”, no es suficiente. El feminismo debe ser vivido, debemos practicar una ética feminista, debemos tener el coraje de luchar con el patriarcado dentro de nosotras, no importa lo doloroso que esto podría ser y, al mismo tiempo, encontramos en otras mujeres, a pesar de que puedan parecer muy diferentes a nosotras. Y esto cuesta un esfuerzo, una conciencia diaria.

Hay muchas definiciones de feminismo, pero todas ellas implican la capacidad de reconocer las capacidades de otras mujeres, junto con las nuestras.

El feminismo es una opción por la autonomía y la libertad de las mujeres: Por todas las mujeres, no sólo para aquellas que son nuestras amigas o piensan, viven y se parecen a nosotras. No es una moda, es una opción de vida.

Despreciar la manera en que otras mujeres se empoderan, sólo porque no nos refleja, es vanidad. Quién busca satisfacer su orgullo a través de un discurso feminista está liderando una mascarada en nombre de su ego y esto no sirve para apoyar a las mujeres en el avance y la visibilidad de nuestras subjetividades.

La calidad de sujeta / individua y por lo tanto, digna de derechos, opiniones y toma de decisiones, es algo que cada feminista reclama, justamente, para sí misma; sin embargo, muy a menudo nos olvidamos de que a menos que reconozcamos este reclamo en otras, no estaremos impulsando un cambio hacia la justicia social de género. Estos cambios comienzan en el cotidiano, en la manera en que hablamos con, de y por las demás. Nadie gana cualquier discusión al reproducir patriarcado, aunque así parezca. Por lo menos, nadie gana lo que vale la alegría  ganar: El respeto, la igualdad, la justicia y la autonomía.

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