La Islamofobia es Violencia de Género y un Problema Feminista

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Por Vanessa Rivera de la Fuente

Laricya Hawkins, una cristiana afroestadounidense, profesora asociada de ciencias políticas de la Universidad de Wheaton, en los Estados Unidos, publicó en Navidad una foto en Facebook usando un hiyab morado: “Esta es mi práctica de Adviento” explicó, instando a otras a seguir su ejemplo: Ponerse el hiyab en solidaridad con las mujeres musulmanas que enfrentan la violencia islamófoba por llevar velo, diciendo:

Me declaro en solidaridad religiosa con las y los musulmanes, ya que, como yo que soy cristiana, ellos son gente del libro” – escribió- “Como el Papa Francisco declaró la semana pasada, adoramos al mismo Dios.

La casa de estudios “disciplinó” a la profesora Hawkins, con una suspensión administrativa debido a “cuestiones significativas en relación a las implicaciones teológicas” de las declaraciones que hizo sobre la relación entre el cristianismo y el Islam.

La Islamofobia es un Problema de Género

Si el uso del Hiyab por parte de las no musulmanas contribuye o no a combatir la Islamofobia o es un mero acto de apropiación cultural, no es el tema aquí. Hawkins encarna un punto que no se oye con bastante frecuencia: La violencia islamófoba contra las mujeres musulmanas es un problema de género cuyo abordaje corresponde al Feminismo Islámico en particular, pero también a los feminismos decoloniales en su conjunto.

De acuerdo a Itzea Goycolea Amiano, en su trabajo “Feminismo y Piedad”:

La Islamofobia de género es un término que hace referencia a las actitudes xenófobas e islamófobas que también se mezclan con discursos sexistas y misóginos que oprimen, discriminan y se ceban doblemente con las musulmanas que con los musulmanes…

Pocas horas después de los ataques del 13 de noviembre de 2015 en París, la violencia islamófoba estalló en Europa y América del Norte. Pero en contraste con la persecución de los musulmanes después del 9/11, la violencia reciente parece apuntar de manera desproporcionada a las mujeres. En Nueva York, una niña de sexto grado fue atacada en la escuela por chicos que intentaron quitarle el hijab y vociferaban ISIS mientras la golpeaban. En Toronto, Canadá, una madre musulmana fue golpeada y robada después de dejar a sus hijos en la escuela, y más tarde esa semana dos mujeres fueron agredidas en el metro por hombres llamándolas terroristas.

En Londres, Yoshiyuki Shinohara arrojó a una mujer musulmana frente a un tren subterráneo. Según Tell Mama UK , los crímenes de odio contra los musulmanes casi se han duplicado en los últimos dos años. Hay una mayor sensación de miedo entre la comunidad islámica, dicen los activistas. Son las mujeres musulmanas las que están, especialmente, preocupadas por su seguridad y “muy conscientes de mantener la cabeza abajo”. Las cifras de la Policía Metropolitana, mostraron que hubo 557 crímenes de odio islamófobos en 2013; 624 en 2014; y hasta el 24 de noviembre del 2015, 878. Los incidentes pueden implicar un ataque físico, daños a la propiedad, la intimidación, el acoso, el abuso verbal, insultos o mensajes de odio.

La violencia contra las mujeres musulmanas se disparó de nuevo en Estados Unidos, luego del tiroteo masivo en San Bernardino, California, seguido por la difusión generalizada de fotos en las que el tirador Tashfeen Malik llevaba un hiyab. Las mujeres en hiyab quedaron marcadas como la nueva cara del terrorismo, a través de los variados titulares de noticias preguntando: “¿Es Tashfeen Malik un nuevo tipo de mujer terrorista?”

La Islamofobia se ha convertido en un problema de género por, al menos, dos razones: Por un lado,  el discurso islamófobo explota la imagen de las mujeres musulmanas a través de representaciones que la ponen en el lugar de “eterna victima”. Con esto, nos objetiviza, nos roba particularidad y agencia. Por otro, porque esta narrativa de animadversión contra el Islam y sus seguidores tiene su raíz en el colonialismo; por ende, una fuerte carga patriarcal. Ya sabemos que el Patriarcado siempre atacará, de preferencia, a las mujeres. La identidad religiosa expresada a través del Hiyab y la percepción que existe de este, como sinónimo de opresión y extremismo, hace de las mujeres un target reconocible y de fácil acceso para la violencia.

El Islam y las Mujeres “Otras”

El Islam es una Fe en crecimiento en occidente y el número de creyentes aumenta entre la población Latina en Estados Unidos. La tendencia de los conversos hispanos al Islam ha sido censada por la Sociedad Islámica de América del Norte (ISNA), que en 2006 estimó que había aproximadamente 40,000 musulmanes latinos en los EE.UU.

En el cono sur de América, la situación es similar: Si bien no existen cifras oficiales, es posible constatar el incremento de los adherentes al Islam, con una presencia importante de mujeres, a través de los diversos grupos de Facebook  como Islam en Mexico, Islam en Chile, Musulmanas Latinas, Sociedad Khadiya de Mujeres Mexicanas, etc. Incluso, existen conversas de pueblos originarios, como aquellas que forman parte de la comunidad islámica de Chiapas

Las mujeres negras son una parte importante del Islam y su presencia no es nueva. África es el primer continente, fuera de Arabia, en el que la fe se extendió a principios del siglo séptimo. Casi un tercio de la población musulmana del mundo reside allí. En los países de occidente con población afro-descendiente, las mujeres están entre los musulmanes afectados por la violencia islamófoba. Este fue el caso de la artista Kameelah Rashid, una musulmana afroamericana en hiyab que fue bajada de un vuelo a Estambul e interrogada durante horas por el FBI. Traumatizada por el evento, Rashid señaló:

No hay un resurgimiento de la Islamofobia tras los atentados de París. Creo que nunca se fue. Sólo se está volviendo más legitima

Más de 250.000 mujeres musulmanas negras viven en los Estados Unidos. En el mundo, la población musulmana femenina de origen negro llega a decenas de millones. Solo en Nigeria hay 60 millones de mujeres musulmanas. Guinea, Níger y la República Democrática del Congo se encuentran entre las naciones africanas con población de mayoría musulmana. Sin duda, muchas musulmanas negras no llevan hiyab. Pero como Rashid, cualquier mujer negra identificable como musulmana es vulnerable a la violencia estatal e interpersonal.

Ser musulmana es estar en la “Otredad” , gracias al orientalismo y sus representaciones estereotipadas del Mundo Islámico vinculadas al exotismo y la barbarie. Hasta hace poco, esto sólo había afectado a las mujeres árabes, medio orientales, a las “nacidas” en el Islam o musulmanas culturales. Con la visibilización del Islam Africano y el crecimiento de la Fe Islámica en occidente y habla hispana, la otredad se amplia para las mujeres que ya estaban en esa categoría por cuestiones de raza, construcción de género, geografía o corporalidad como las latinas, las negras y las indígenas.

Islamofobia y Feminismos Decoloniales

La Islamofobia es un tipo de violencia de género que a su enorme carga sexista, racista y misógina, suma una fuerte raíz colonial basada en paradigmas de subalteridad y deshumanización.

Los Feminismos Decoloniales y sus perspectivas desarrolladas en América Latina y el sur del mundo, centradas en los conflictos derivados de las intersecciones entre sexo/género, clase y raza, con las instituciones y colonialidad arraigadas en la cultura han mantenido, hasta ahora, al Feminismo Islámico al margen de su quehacer. A veces, haciendo eco del dogma heredado del feminismo tradicional de que “Las religiones son patriarcales” y que no es posible hacer feminismo en dichos espacios; otras veces, dejando de lado el factor religioso para privilegiar la raza, o fusionando ambos.

Se esté de acuerdo o no con el feminismo islámico o la posibilidad del feminismo en la religión, es evidente que la identidad religiosa se ha convertido en un factor que predispone a la violencia contra las mujeres, especialmente a mujeres en el “espectro decolonial”. La mayoría de las mujeres víctimas de la islamofobia de género forman parte de grupos cuyas voces y acciones el feminismo descolonial busca visibilizar.

Oponerse a la Islamofobia no quiere decir estar de acuerdo con el Islam o con el Hiyab, sino en desacuerdo con la violencia contra las mujeres. Las mujeres tienen derecho a sus opciones, aunque no nos gusten. Y si nos llamamos feministas, tenemos que estar dispuestas a defender el derecho de TODAS las mujeres a vivir una vida libre de violencia, dejando de lado nuestros sesgos y prejuicios culturales, aún si eso implica lidiar con la propia Islamofobia internalizada. Cuando se trata de violencia, no se pueden defender sólo a las mujeres que aprobamos.

La causa de las mujeres musulmanas contra la Islamofobia es una causa común de todas las mujeres del sur: Es un tipo de violencia de género con raíces coloniales. La violencia religiosa feminizada debe incorporarse al debate, especialmente en el contexto de tensión política internacional que vivimos, debido al Estado Islámico, la alerta terrorista en Europa, la crisis migratoria y el incremento del miedo en la población civil, que han evidenciado que los cuerpos de las mujeres musulmanas son un territorio de batalla específico. Con Hiyab o no, los problemas de las mujeres musulmanas son problemas de todas.

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