Maternidad, Explotación Capitalista y Desigualdad Social

women and baby

El sistema patriarcal-capitalista sólo honra la maternidad en tanto pueda explotarla a su favor.

Para nadie es un misterio que la situación de las mujeres chilenas dista mucho de ser de total igualdad. No obstante, lo que nadie parecer ver o querer aceptar es el enorme impacto que la maternidad o, más bien, la valoración que de ella hace la sociedad, tiene en la configuración de dicha desigualdad y su reproducción histórica.

Antes que todo, quiero aclarar que cuando aquí me refiero a la maternidad, no hablo de los vínculos de afecto que existen entre una madre y sus hijos e hijas, sino de la forma en que la sociedad, la chilena en este caso, trata o maltrata a las mujeres por ser madres, haciendo muy difícil para la mayoría desarrollar y experimentar dichos vínculos de manera plena.

En primer lugar, creo que no es posible hablar de igualdad y justicia social para las mujeres si somos quienes ganamos menos a igual trabajo y preparación. Una de las razones es que se considera nuestro trabajo complementario al del varón, económicamente menos importante, porque nuestra labor principal es la maternidad. He aquí un enorme destrato: Nuestra capacidad biológica determina nuestro valor profesional.

La suposición de que el trabajo remunerado de la mujer es un complemento al hogar, ya que el marido es el principal proveedor, resulta ser una falacia muy dañina en el contexto de las mujeres chilenas, ya que el número de jefas de hogar, esto es, de madres solas a cargo de sus familias y de otras personas relacionadas, va en aumento y es una realidad común. La igualdad salarial es prioritaria en una sociedad como la chilena, construida en base al “huachismo” e “hijo-naturalismo”; un universo de madres solas, solteras, viudas, separadas de hecho, abandonadas o divorciadas que a la injusticia salarial por ser su trabajo “menos relevante” o de “segunda importancia” deben sumar las dificultades de acceso a la justicia para sus hijos e hijas, cuando de pensiones alimenticias se trata.

Pero la desigualdad financiera no es el único castigo que recibimos en el mundo laboral por ser madres. Nuestra condición de madres nos hace más vulnerables a contratos precarios, a horas extra impagas; en suma, a la explotación de nuestros talentos, conocimientos y habilidades en condiciones injustas. A esto se añade que la maternidad se considera una carga en los sistemas de salud: Nuestros planes de salud son más caros porque podemos embarazarnos.

El sistema explota nuestra condición de madres a su favor, beneficiándose del rol de cuidadora adjunta a la maternidad: La incorporación al mundo laboral no ha sido una fuente de autonomía para aquellas mujeres que, de todas maneras, siguen trabajando gratis para el sistema económico a través de dobles y triples jornadas.

Si el Estado tuviese que pagar las horas que dedicamos a limpiar, cocinar, planchar, hacer las compras y cuidar de otros, no podría sostener el sistema capitalista al cual adhiere. El sistema necesita que este trabajo de cuidado sea gratuito. La explotación originaria de la mujer parte en el trabajo de cuidadora, el cual se le ha asignado de manera preferente, en función de la disposición biológica.

El capitalismo descansa sobre las espaldas de las dueñas de casa. Así y todo, hay iniciativas vergonzosas desde el Gobierno de Chile que, manipulando los conceptos de igualdad y favoreciendo los intereses de una élite económica y política pretende que las mujeres jubilemos a los 65 años como los varones y no podamos dejar en herencia el dinero de nuestras pensiones. ¡Esta es una desfachatez y un robo! Ganando menos, pagando más por salud cuando es el caso y con doble o triple jornada, la igualdad para nosotras no es una cuestión de números, porque nuestra mochila aún es mucho más pesada que la de la otra mitad de la población.

Es iluso creer que las maternidades pueden ser emancipatorias o revolucionarias y que nos liberamos en algo haciéndonos vulnerables y dependientes del sistema. A no ser que se cuente con privilegios socio económicos o simbólicos dentro del hetero-patriarcado capitalista, que permiten comprar libertad en una sociedad donde los derechos son bienes de consumo, la maternidad sigue siendo una expresión del sistema de producción-reproducción; no hay que negarse  a la crítica descarnada y sin romanticismos a un esquema que ha servido para la seclusión de las mujeres en el espacio privado y como excusa para discursos, políticas y mecanismos de control sobre los cuerpos femeninos. Esta critica debe existir independiente de lo que hagamos con nuestros úteros o si los tenemos.

La lucha por la justicia social tiene que ser, asimismo, justa, y comienza por hablar con honestidad. Un debate realista, auténtico y participativo sobre las condiciones laborales de las mujeres, las condiciones de la maternidad, y el rol de cuidado adjunto a ella, es necesario como punto de partida de una política de igualdad de género que pueda generar cambios reales y sustentables para las mujeres de hoy y la sociedad del mañana.

Una versión editada de fue publicado en Diario El Mostrador con el título  “Maternidad y desigualdad social”

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