Esposas y Concubinas, Una Historia sobre el Patriarcado

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Gong Li protagoniza esta pelicula, cuyo nombre original es “La Linterna Roja” en alusión al farol que se ubicaba al frente de la casa de la concubina elegida.

Una provincia china. Comienzos del siglo XX. La película se ubica en la China de los años 20, durante la era de los señores de la guerra, años antes de la guerra civil china. Una joven de rara belleza (Gong Li) llega, por un camino montañoso y solitario, a una casa imponente. Es una especie de mansión-fortaleza. En Occidente le diríamos ‘castillo’. La joven fue comprada para ser la cuarta esposa del amo de la fortaleza. Debió abandonar la universidad. Al morir su padre, la madrastra le dijo que ya no podía mantenerla. Le ofreció una disyuntiva: ser la esposa única de un pobre o ser una esposa más (en realidad una concubina) de un rico. Eligió lo segundo.

El señor ni siquiera la eligió. Su hombre de confianza se la compró a la madrastra. Al ingresar a la casa del amo, las esposas-concubinas lo primero que pierden es su nombre propio. Desde el momento en que penetran al gineceo, se las reconoce por el número de llegada a la mansión: primera concubina, segunda, tercera, y así sucesivamente. La universitaria es la cuarta. Cuando haya más, seguirá la secuencia numérica. He aquí la primera pérdida de poder: estas mujeres son despojadas de su identidad.

Curiosamente tampoco se pronuncia, en la película, el nombre propio del señor. Pero amo, en esa casa, hay uno solo, en cambio concubinas, varias. El señor, más que una persona es la representación del poder. Aunque también él –como veremos más adelante- está expuesto al poder de los demás. En cuanto a las mujeres, es importante que quede claro que ya no son dueñas de sus vidas. Por consiguiente tampoco son dueñas de sus nombres. El nombre propio nos identifica, nombrarlas significaría reafirmarlas como personas.

De acuerdo a Esther Diaz, la película china Esposas y concubinas, de Zhang Yimou, puede leerse como una representación estética de los minuciosos mecanismos  del ejercicio del poder. Incluso de aquel poder que, a primera vista, parece omnímodo, pero que, en realidad, interactúa con otras fuerzas, dejando así al descubierto los dos polos de los vectores de poder. Una manera de “graficar” el poder es imaginarlo como una flecha con dos puntas, es decir, con una punta en cada uno de sus extremos. Pues quien ejerce poder quiere imponer su voluntad al otro (una de las puntas), pero el otro puede resistir (he aquí a la otra punta). Cuando el poder se ejerce de esta manera, hablamos de “relaciones de poder”. En cambio, cuando una de los polos está saturado, por exceso de poder o autoritarismo, hablamos de “relaciones de dominio”. Toda relación de dominio es una relación de poder, pero no toda relación de poder es una relación de dominio.

Lee el análisis completo de esta película, desde la perspectiva del género y el poder, hecho por Esther Díaz, Aqui

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