Seraphine, La Sirvienta de los Cuadros Fulgurantes

Seraphine

Completamente autodidacta, Séraphine empezó a pintar a los 42 años de edad porque escuchaba una voz que se lo pedía. Esta película narra la vida, fuera de lo común, de la francesa Séraphine Louis de Senlis, una mujer nacida en 1864 que fue pastora, luego ama de casa y, finalmente, pintora antes de hundirse en la locura.

Comienzos de siglo XX. Séraphine Louis, de 42 años, vive en Senlis y se gana la vida limpiando casas. El poco tiempo que le sobra lo ocupa pintando. Es la mujer de la limpieza de la Sra. Duphot, que alquila un piso a Wilhelm Uhde, un marchante alemán fascinado por los pintores modernos e ingenuos. Durante una cena ofrecida por la Sra. Duphot, Wilhelm Uhde descubre un pequeño cuadro que había traído Séraphine unos días antes. Fascinado, lo compra y convence a Séraphine para que le enseñe otras obras suyas.

Seraphine, es una mujer de baja condición y sin estudios, que trabaja como limpiadora para varias señoras y así poder comprar un poco de barniz o cola, mientras ella misma prepara los colores con productos naturales o despojos hurtados. A su exquisita sensibilidad se une una fuerza interior arrolladora que se funde con su sincera religiosidad y cierta tendencia visionaria, elementos que plasmará en sus pinturas y explicarán su dramático devenir.

Una buena película premiada por Francia nada menos que con siete premios César, incluidos el de Mejor Película, Mejor Guión Original y Mejor Actriz Principal. Gustará a los amantes del cine artístico y el drama íntimo y silencioso, a los que no les importe la lentitud del relato ni esperen vidas exaltadas, porque sus imágenes están impregnadas de delicadeza y sensibilidad, de inquietud y humanidad.

Sobre Serafine de Senlis

Nació en Arsy (Oise) el 3 de septiembre de 1864. Su padre era obrero (según la partida de nacimiento) y su madre procedía de una familia de campesinos. Cuando Séraphine tenía a penas un año murió su madre. Su padre, que había vuelto a casarse, murió seis años después. Huérfana, vivía con su hermana mayor. Empezó a trabajar como pastora, y a partir de 1881 trabajó como asistenta en el convento de las Hermanas de la Providencia, en Clermont (Oise). En 1901 comenzó a trabajar como criada en diferentes casas de Senlis.

Durante esos años en Senlis, donde paso casi toda su triste vida, se dedicó a limpiar, lustrar muebles y encerar pisos. Casi analfabeta, con un imaginario religioso primitivo forjado entre monjas beatas, fue acumulando en su vida dolor, esperanzas religiosas, y sueños de un vano amor perdido. Al terminar su labores, por las que apenas le pagaban unos centavos para pagar su cuartucho donde dormía, salía al campo para abrazar y hablar a los árboles y las flores. En esa época pinta por las noches plantas y flores en pequeños rectángulos de madera, sin pensar que sus obras podrían tener algún valor comercial.

Seraphine, dotada de un talento completamente particular e innato era una prodigio. Representa un caso único en la historia de la pintura.  Sus obras eran elaboradas a base el uso de la pintura Ripolin (la más común del mercado), mezclada con la cera de velas que cogía en la iglesia, tierra extraída del cementerio, plantas y de las flores obtenía algunos colores. Entre otros materiales utilizó su propia sangre, que extraía de sus heridas y daba vida a sus cuadros.

En 1932 pinta con desesperación, pues deseaba tener una exposición individual en París, aunque nunca se llegó a realizar en vida. El marchante dejó de visitarla tan a menudo, lo que la llevó a sentirse abandonada, frustrada y sin amigos, cayendo en la locura y siendo internada en un hospital Psiquiátrico de Erquery, al principio a instancias de Udhe, para ser luego dejada a su peor suerte.

Murió en 1942 a los 78 años de edad en circunstancias terribles y desoladoras a causa de las dosis masivas de tranquilizantes, de las privaciones físicas y la falta de alimento durante la ocupación alemana de Francia en La II Guerra Mundial y que fueron fatales para los miles de hombres y mujeres que vivían en centros psiquiátricos. Fue enterrada en una fosa común. Tras la catástrofe aparecieron algunos de sus cuadros, hermosos, fulgurantes, enigmáticos, que entusiasmaron a André Breton, aunque nunca llegó a conocerla.

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