Género y Trabajo Intelectual. Anónimo Todavía es Mujer

Hace 6 semanas que no escribía en este blog. Pero no ha sido flojera. Desde fines de febrero y hasta fines de Abril inclusive, me he ocupado en Educación popular en Género y el Mentoring de Mujeres Líderes. En Marzo y gracias al apoyo de la Oficina Municipal de la Mujer de mi ciudad, capacité a un grupo de maravillosas dirigentas sociales en Género, Poder y Liderazgo.

En el mismo tono, pero a través de las Tecnologías de la Información, hice Mentoring en el Programa “Voices of Our Future” de World Pulse, cuyo objetivo es empoderar a lideresas del sur global en las TIC y Comunicación para el Cambio Social.

En cierto modo, me he dedicado a compartir conocimiento. Lo cual me llevó a reflexionar sobre esta cita de Virginia Woolf: “Anónimo era una mujer” y en la invisibilidad deliberada que caracteriza el aporte de las mujeres en todos los ámbitos de las empresas humanas.

El mandato patriarcal impide a las mujeres reclamar y aceptar reconocimiento. Se nos dice que las “buenas mujeres” no se auto- promocionan, sino que son discretas y actúan motivadas por la renuncia. Aspirar a ser visible es egoísmo. Debemos sentir culpa de nuestro éxito y si nos elogian, dejar muy claro que todo lo hacemos por los demás y no somos importantes. Nuestro anonimato da igual, porque lo importante es el beneficio que nuestro conocimiento dará a la sociedad.

Este condicionamiento legitima la explotación de nuestro intelecto, ya que Las ideas no pertenecen a nadie”. Pero esto es mentira. Las ideas si tienen dueñx, pero a las mujeres se nos niega el derecho a reclamar propiedad sobre ellas y se nos socializa para renunciar a dicho reclamo por miedo a ser acusadas de “egocéntricas”.

Cuando estas dinámicas se reproducen en los feminismos o en espacios cuyo objetivo es empoderar a las mujeres, resulta hipócrita, injusto y violento. He escuchado a varias compañeras quejarse de la depredación y abuso que las feministas de élite, las tecnócratas de género y las oportunistas varias hacen de su conocimiento y habilidades:

Activistas requeridas por estudiantes de Doctorado para compartir su saber adquirido en la práctica, que luego es presentado como “Resultado de una investigación” en la cual sus nombres no figuran. Educadoras o trabajadoras sociales a quienes se pide crear material de apoyo que no lleva su nombre y parece haber sido creado por la entidad auspiciante. Las innumerables veces en que una bloguera o articulista copia de otro blog sin citar ni referir el vinculo a la fuente de la publicación.

La reacción patriarcal es castigar a la que reclama y ofenderse: “Que mala feminista, sólo busca ser famosa”. “Es que acaso no agradece que le hagamos difusión?”. “Pero que ganas de joder! Si es sólo un articulo”. “Oye, pero te damos trabajo”. “No te cito más, ya que te quejas”.

¿Para qué hablar tanto de empoderar a las mujeres, si hay resistencia a nombrarlas? ¿Para que hablar de dar voz a las mujeres si van a permanecer anónimas o minimizadas? ¿Si nos gustan las ideas, porqué no acreditar a las compañeras que las piensan?¿Sería igual con Isabel Allende, Marta Lamas o Marcela Lagarde? ¿Sería igual con un escritor? ¿Con una Tesis? ¿Se respetan las ideas según el estatus de quienes las piensan?

Estas prácticas son anti-éticas y patriarcales. Fortalecen la explotación del conocimiento producido por mujeres, así como la idea de la mujer como artefacto: Sólo las personas tienen derecho a un nombre y a ser nombradas. Los objetos son seriados, genéricos. La solución no es enojarse ni dejar de difundir, sino reconocer y transformar los modos de dominación que reproducimos por otros más democráticos.

Las académicas podrían añadir en sus investigaciones, un anexo con la lista detallada de las activistas que han aportado al estudio o crear instancias para que aquellas puedan hablar por su mismas en espacios académicos. Las tecnócratas de género, reconocer el derecho de las profesionales a suscribir su propio trabajo intelectual. Para las blogueras es mucho más fácil: Está la opción Pingback. 

La Democratización del Conocimiento incluye la lucha por visibilizar el saber de las mujeres. Exige de las feministas re-definir qué es tal “conocimiento”, una critica de los privilegios que permite y la genealogía de su rol como elemento de colonización. En este proceso ninguna mujer debe ser anónima y las que son relegadas a los bastidores del trabajo intelectual feminista deben estar en la primera linea.

Los feminismos son una praxis si no, son mera propaganda. La transformación social demanda instalar el feminismo como una contra-cultura y una practica cotidiana. En el intento, desde luego, vamos a dar pasos en falso. Pero de nada vale leer todas las teorías ni citar de memoria a tantas autoras si cuando tenemos que actuar, no elegimos un actuar anti-patriarcal que refleje nuestra opción política  por las mujeres.

Siempre, sin dudar, reclamemos nuestro derecho a ser nombradas. No es egoísmo ni excesiva ambición. Vivimos en una civilización misógina, organizada para borrarnos del mapa: Visibilizarnos unas a otras es una forma de resistir.

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