Sara y Agar, una Lectura Feminista a La Enemistad entre Mujeres

Chichicastenango, Guatemala1996

La historia de Sara y Agar, como la relatan la Biblia y el Corán, es un relato universal de dolor y enemistad entre mujeres en el marco del patriarcado que, a pesar de su antigüedad, sigue siendo relevante para ilustrar los efectos negativos de la socialización androcéntrica. Sin embargo, es posible realizar una lectura feminista que nos inspire hacia una reflexión sobre las posibilidades de un cambio en la forma en que las mujeres nos miramos unas a otras.

Este es el reato de una herida que tiene su origen en una extrema violencia espiritual infringida por el patriarcado a cada una de ellas. La relación entre estas dos mujeres se ve influenciada por una creencia religiosa que respalda el privilegio masculino: Dios prometió a Abraham un hijo. A diferencia de otras promesas, ésta no se puede deshacer y debe cumplirse no importa qué, porque es un decreto divino y la palabra de Dios es siempre una verdad definitiva.

La herida atávica entre Agar y Sara permite la dominación del patriarcado y el control sobre los cuerpos y las vidas de estas mujeres. Sara y Agar, la manera cómo sus vidas se entrelazan de acuerdo con los deseos de la autoridad masculina, la forma en la que sus identidades, potencial y agencias se ponen una contra otra para satisfacer la necesidad de un hombre, es la representación del sometimiento universal y original de las mujeres en la historia, a la dominación patriarcal sobre nosotras.

La alienación impuesta por el patriarcado no sólo separa a las mujeres de su propia identidad como individuas, sino que nos separa de nuestras dimensiones espirituales y divinas. Esta separación también se convierte en distancia de otras mujeres por un desconocimiento de lo que tenemos en común como género y sobre nuestras historias de vida. Esta enemistad no es siempre un sentimiento de antipatía, pero siempre es evidente en la imposibilidad de ser empáticas, en la cantidad de razones e información que necesitamos para poder incluir a otras. Esto afecta a nuestro potencial para conocernos y reconocernos en otras mujeres.

Esto es, de acuerdo con la feminista mexicana Marcela Lagarde, una “grieta de género” y está hecha de todos esos obstáculos insalvables que impiden a las mujeres el reconocimiento y la identificación con otras. Las mujeres dejamos a un lado lo que tenemos en común y enfatizamos la diferencia. El paradigma de la desconfianza en la relación entre Sara y Agar se inculca como una constante en las relaciones entre mujeres. Aprendemos a desconfiar de otras y a competir por la aprobación masculina.

Sara y Agar son personajes míticos para nosotras. Ellas vivieron en un mundo muy diferente al nuestro, pero las recreamos constantemente cuando competimos contra otras o somos injustas con nosotras mismas o con otras mujeres. Cuando callamos ante los abusos, cuando utilizamos nuestros privilegios para causar dolor o tomar ventaja de las compañeras, o cuando juzgamos la realidad de otras mujeres asumiendo que la nuestra es perfecta y universal.

Los Feminismos desafían las historias que el patriarcado ha construido para legitimar nuestra sumisión y, al mismo tiempo, permiten el desarrollo de la Sororidad como una herramienta para contrarrestar la enemistad entre las mujeres. Esta se inicia en un esfuerzo para desconstruir la noción de lo que significa ser una mujer en el patriarcado, un proceso que comienza con el rechazo de la enemistad, avanzando para rescatar nuestras historias particulares, descubriendo lo que tienen en común, la búsqueda de nuevos tiempos, nuevas identidades fuera de los modelos patriarcales que nos definen y nos unen de forma destructiva.

Esta amistad entre mujeres es un trabajo consciente hacia el reconocimiento, la promoción y el apoyo entre nosotras en un mundo patriarcal y violento. No tiene nada que ver con ser amigas de la manera tradicional. Esto limitaría la sororidad sólo a aquellas mujeres que conocemos o que están en nuestros círculos. La sororidad es el compromiso político con el amor a todas las mujeres como nuestras amigas, para evitar que el patriarcado nos divida y nos haga sufrir.

Nunca vamos a ganar en el patriarcado, aunque asi parezca para algunas. El patriarcado será siempre el país extranjero donde no se escuchen nuestras voces; un desierto donde nuestras preguntas nunca tendrán una respuesta. Sólo un cambio de conciencia hacia una práctica diaria y comprometida en favor de la justicia de género, en todas nuestras relaciones con las mujeres, puede cambiar la enemistad a hermandad, sanar las heridas personales y culturales causadas por la violencia espiritual que nos ha enseñado el rechazo al propio género y traer oportunidades a todas las mujeres para celebrar y disfrutar de la parte del cielo que nos pertenece.

Este texto es un extracto de mi ensayo “The Wounded Goddess: The History of Sara and Hagar from a Feminist Outlook” que es parte de la antologia “Jesus, Muhammad and The Goddess” publicada en Estados Unidos en febrero de 2016.

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