Islamofobia y dos Narrativas sobre Mujeres Musulmanas

 

La “mujer” en la religión es un relato, esto significa que todo lo que se dice de las mujeres en las religiones, así como en las ciencias sociales y naturales, las instituciones y los medios de comunicación son historias, las cuales son el resultado de la interacción entre distintos mecanismos de poder, autoridad de enunciación, mediante la acumulación histórica y acciones performativas.

Si el género es un discurso con significado cultural, entonces la categoría “mujeres” y lo “femenino” en el campo religioso femenino también lo son. El impacto de estos discursos y estructuras patriarcales han funcionado históricamente, hasta ahora, como mecanismos de control, disciplina y castigo contra las mujeres.

Desde mi punto de vista, cuando hablamos de la situación de las mujeres en el Islam es posible distinguir dos narrativas opuestas y dominantes a las que llamo: La “idealización de la desigualdad” y “demonización”.

La “idealización de la desigualdad” sostiene que el Corán elevó la posición de las mujeres desde una terrible condición de objeto en la sociedad árabe preislámica, también llamada la edad de la ignorancia o Jahiliyya, en el que eran asesinadas al nacer, a un estado de completa igualdad y  reconocimiento de sus derechos.

De acuerdo con este enfoque, el feminismo no tiene cabida en el Islam. Nada debe ser cambiado, ninguna hermenéutica nueva debe permitirse, ya que las únicas diferencias entre hombres y mujeres se derivan de la biología: Las mujeres pueden concebir, los hombres tienen más disposición a la fuerza física, pero esto no quiere decir que algunos están por sobre otras, ya que en el marco del “la igualdad cosmogónica” establecida por la revelación, la vida de las mujeres y los hombres son iguales ante Dios.

La “idealización de la desigualdad” representa un discurso hegemónico que carece de una respuesta fuerte y coherente a la prevalencia de prácticas discriminatorias contra las mujeres musulmanas en base a diferencias que no se justifican con la naturaleza biológica, tales como la prohibición de entrar por la puerta principal o hablar en algunas mezquitas, o las reglas que no permiten a las mujeres tener posiciones de liderazgo espiritual y administrativo, los espacios de culto segregado y entradas independientes; ninguno de ellos está relacionado con la igualdad de lo declarado por el Corán.

La “idealización de la desigualdad” no se hace cargo de su propio sexismo ni tampoco proporciona respuestas reales y concretas a los problemas que afectan a las mujeres musulmanas de hoy en la vida cotidiana como la violencia institucional, el racismo, los estereotipos

La “demonización”, por su parte, sostiene no es posible hablar de liberación de la mujer en el marco religioso, por lo que todo tipo de activismo feminista o iniciativa que viene o tiene antecedentes en la religión es una contradicción: No habría un feminismo musulmán, católico o mormón y la posibilidad de desarrollar una hermenéutica feminista no puede tomarse en serio.

Una característica de la demonización es el uso de axiomas dicotómicos que establecen un sesgo negativo a la diferencia: Entre Este y el Oeste, enfrentando la racionalidad de “Nosotros” a la irracionalidad de “Ellos” y “Nuestro” desarrollo a “Su” subdesarrollo, lo que reafirma la identidad occidental como superior. Y aquí radica parte su inconveniente: Es juez y parte en lo que respecta a la descripción de la opresión de las mujeres “otras”. Las coloca en la alteridad y luego define cuáles son las causas de la discriminación que sufren en sus sociedades. Finalmente, declara sin lugar a dudas su capacidad mesiánica de “salvar” a esas mujeres.

Este relato no explica cómo una mujer puede salir de su religión y abrazar un “modelo europeo de mujer libre” sin que ello implique algún tipo de colonización. Tampoco parece consciente de que exclusión de género, en el que la religión puede o no puede ser un factor importante, puede ser explicada por una multiplicidad de elementos que interactúan. No proporciona razones indiscutibles acerca de por qué las nociones de la Ilustración europea acerca de la libertad deben seguir siendo universales.

La “demonización” se manifiesta en racismo, al no reconocer la condición de persona, agencia o capacidad de las mujeres que no se identifican con una perspectiva universalista-colonial eurocéntrica y relegarlas a la abyección y alteridad.

En las narrativas construidas sobre las mujeres musulmanas, tanto de idealización y demonización no hay justicia epistémica. Ambos discursos tienen un sesgo significativo de sexismo, patriarcado e islamofobia. En los dos, las mujeres musulmanas se ven privadas del derecho a hablar por sí mismas y definir sus lugares declarativos como individuas libres, en igualdad de condiciones con el resto de la gente.

La Islamofobia, aunque es fácil de identificar en la perspectiva de la “demonización”, también se presenta en la “Idealización”. Los defensores de la idealización, que en su mayoría resultan ser musulmanes ortodoxos y patriarcales, expresan su islamofobia rechazando la manera en que algunas mujeres musulmanas viven y comprenden su fe. Como Shehnaz Haqqani dice:

Las prácticas espirituales y la comprensión propia de las mujeres musulmanas, de acuerdo a su propia agencia e individualidad, son a menudo objeto de burla, discriminación y aislamiento para ellas y vistas como una forma menor o desviada de Islam en relación a la hegemonía, la que por desgracia es profundamente patriarcal. Este es especialmente el caso de las feministas islámicas, cuyos puntos de vista, experiencias y conocimientos son despreciados por la comunidad y los líderes musulmanes. Sostengo que esta es una expresión de Islamofobia debido al miedo y al odio contra las mujeres y contra una forma más igualitaria de Islam.

Ni la “idealización” ni la “demonización” son perspectivas que consideran a las mujeres musulmanas como capaces de desarrollar un discurso propio, fuera de la corriente religiosa o secular, para explicarse a si mismas. En ambos relatos, la representación de las mujeres musulmanas se utiliza para fortalecer el privilegio de informar sobre aquellas “Otras”. Este privilegio enunciativo se expresa en mecanismos de control y disciplina sobre las mujeres, ya sea que provengan de las élites religiosas o el colonialismo político-cultural.

El problema con estos puntos de vista se encuentra en su episteme, la cual entiendo como un lugar situado desde el cual hablar y las creencias e ideas que legitiman dicho lugar como válido. Ambas epistemes hegemónicas hablan como fuente de autoridad sobre el conocimiento del mundo, incluyendo a las mujeres como una realidad que forma parte de esos mundos y desde esta plataforma han colonizado espacios, corporalidades, discursos y representaciones basadas en la idea de las mujeres musulmanas como inferiores y sin voz.

 

Anuncios