Zainab Bint Ali: La Victoria de la Dignidad en Tiempos de Guerra

Zainab bint Ali o Sayyeda Zainab era la hija del Imam Alí, hija de Fátima y por ende, nieta del Profeta Muhammad. Hay divergencia de opiniones sobre la fecha de su nacimiento. Algunos dicen que fue en Medina el 5 de Jamadi Al-Awwal, y otros dicen que fue el primero en el mes de Shabaan, en el año 6 de la Hégira.

Desde muy temprano Zainab desarrolló un vínculo inquebrantable de apego a su hermano Hussein. En momentos en que, como un bebé en los brazos de su madre, no podía ser pacificada y obligada a dejar de llorar, se tranquilizaba al ser retenida por su hermano, y allí se sentaba en silencio contemplando su rostro. Un día, su madre Fátima mencionó la intensidad del amor de su hija por el futuro Imam Hussein al Profeta (saw); este dio un profundo suspiro y le dijo con los ojos humedecidos:

Mi querida hija: Esta niña  Zainab se enfrentaría a mil y una calamidades y enfrentará serias dificultades en Karbala.

Cuando era niña, era plenamente capaz de cuidar y ser responsable del manejo de la casa de su padre. Por mucho que se preocupase por la comodidad y facilidad de sus hermanos y hermanas, en sus propios deseos era frugal y generosa con los pobres, los sin hogar y los huérfanos. Cuando llegó el momento de su matrimonio, se casó en una ceremonia simple con su primo hermano, Abdullah ibn Jafar Tayyar, siguiendo la costumbre de los pueblos de la época.

Zainab se convirtió en una mujer ejemplar de gran capacidad, inteligencia, conocimiento, perspicacia, coraje y perseverancia. la valentía de su espíritu quedó en evidencia en los sucesos de la batalla de Karbala.

La batalla de Karbala fue un combate librado en el año 680, entre un ejército enviado por Yazid I, Califa de los Omeyas, y un pequeño grupo de familiares y seguidores que acompañaban a Hussein ibn Alí, nieto del profeta Muhammad. Cuando Zainab se enteró de que su hermano se dirigía a Kufa para enfrentar a los Omeyas, acompañó a su hermano sin dudarlo, decidida a aceptar el destino que estuviera escrito para ella. La batalla de Karbala fue una derrota sangrienta para el Imam Hussein y sus compañeros, quienes fueron masacrados por las fuerzas del Califa. Zainab se mantuvo estoica y firme mientras veía como su hermano, sus hijos, parientes y partidarios eran asesinados en el campo de batalla.

La verdadera misión de Zainab comenzó luego de la tragedia de Karbala. El Califa ordenó que las mujeres y niños de la familia del Profeta sobrevivientes fueran apresados y llevados en cadenas a Kufa. Cuando entraron a la ciudad engrillados, los habitantes de Kufa expresaron su alegria por la victoria. Pero Zainab no recibió la humillación en silencio y comenzó a denunciar la opresión de los Omeyas y la masacre ocurrida en Karbala, defendiendo heroicamente los derechos de su familia. Ella no permitió que los enemigos se aprovecharan de la tragedia para “hacer leña del árbol caído”.

El sermón de Zainab fue tan poderoso que convirtió un momento de revancha en una victoria de la dignidad personal por sobre la devastación y el duelo. Ella reveló los abusos de los Omeyas y de su goberbnador Ibn Zyad. El sermón causó que los que celebraban su cautiverio se entristecieran y muchos incluso comenzaron a llorar. De hecho, su discurso elocuente incluso impulsó la ira de la gente hacia el gobernador:

Alabado sea Alá, y que su bendición esté sobre Muhammad y su progenie. Oh pueblo de Kufa! sois hipócritas y engañosos. No encuentro nada en ti sino la adulación, los actos y pensamientos malos, el orgullo, el rencor y la mala voluntad. Por Alá!  La vergüenza caiga sobre ti, tus manos están manchadas con la sangre del hijo del Profeta Muhammad, el que era tu único refugio en caso de adversidad. Por tu mal acto y deslealtad, has desatado la ira de Alá (swt) contra ti. ¡Ay de ti! Nadie intercederá ante Alá por ti.

Sus furiosas palabras provocaron que la gente de Kufa vengara el martirio del Imam Hussein. Esto asustó a Ibn Zyad y sus crueles agentes.

Si bien la posición de Zainab como mujer y prisionera era muy vulnerable, ella no dejó por ello de decir lo que pensaba y desafiar al poder político y religioso del Califato, representado por varones despóticos y arrogantes. En la misma corte del Califa, le acusó de ser un opresor, con un furioso discurso que hizo que su autoridad y regla despótica se sintieran socavadas. Ella dijo:

No te tengo miedo! No temo a nadie más que a Alá. Haz cualquier maldad que puedas. Una hoguera te está esperando en el más allá. Usted será responsable ante Dios por sus atrocidades. La furia de Alá caerá sobre el opresor.

Luego, los prisioneros fueron trasladados a Damasco. A su paso por los pueblos que encontraban durante la jornada, la gente se burlaba de ellos y se regocijaba de su martirio. Manteniendo la dignidad y el respeto propio, los prisioneros fueron desfilando por Damasco hasta la tarde cuando llegaron al palacio de Yazid. Cuando entraron a la sala del trono, Zainab vio que el Califa Yazid tenía la cabeza del Imam Hussein en una bandeja. Cuando Zainab vio esta muestra de arrogancia de Yazid, se levantó y se dirigió valientemente a todos en el palacio diciendo:

Lo que hoy consideras como despojos de guerra se convertirán en ruinas para ti mañana y ese día cosecharás lo que has sembrado. Alá no oprime a sus siervos. Expreso mi queja y pongo mi confianza solamente en Alá. Haz lo que quieras, Yazid, nunca podrás borrar lo que has hecho y no lograrás que la gente nos olvide. Aquí te digo, que tus decisiones serán fallidas, tu período de gobierno será corto, y su población se dispersará. En ese día, una voz gritará: ¡Que la maldición de Alá caiga sobre los opresores! …

Temiendo una revuelta, Yazid liberó a Zainab y a los miembros de la familia del Profeta Mohammed. Después de ser liberada de la prisión, ella hizo duelo durante siete días junto con el resto de las mujeres encarceladas y las mujeres de Damasco. Después viajó a Karbala y lloró en la tumba del Imam Hussein y sus compañeros masacrados.

Zainab bint Ali, es la responsable de la tradición que los musulmanes shiitas celebran en el día de Ashura . A ella le debemos la primera transmisión de estos hechos históricos que han llegado hasta nosotros. Zainab nos ha dejado una lección de dignidad y lealtad hacia sí misma en momentos de dificultades. Gracias a su valentia, el recuerdo del sacrifico del Imam Hussein y la opresión de las mujeres y niños de su familia, permanecen en los corazones de las y los musulmanes, proveyendo dinamismo e inspiración a todas y todos los que luchan por eliminar las injusticias en la tierra.

Para saber más sobre esta historia, la película “La Caravana del Orgullo” está disponible en Youtube con subtítulos en español en una lista de reproducción de 12 videos.

Imagen: pintura del artista iraqui Abdul-Rahman Al-Sadi.

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