Daulatdia: Vivir y Crecer en el Burdel más Grande de Bangladesh

 

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Es el burdel más grande de Bangladesh, y posiblemente del mundo. La ciudad de Daulatdia alberga a más de 1.500 prostitutas, algunas de tan sólo 10 años de edad.

Daulatdia es el nombre de una aldea de burdeles en Bangladesh. Ha llegado a ser conocido como uno de los burdeles más grandes del mundo. Abriendo alrededor de 1988, es uno de los 20 burdeles oficialmente sancionados en Bangladesh, aunque fue extraoficialmente en existencia durante décadas anteriores.

Ubicado entre una concurrida estación de ferrocarril y un puerto de ferries lleno de miles de hombres, Dautladia alberga a profesionales del sexo que atienden a miles de hombres diariamente. La edad promedio de los trabajadores sexuales recién llegados es 14 (la edad de consentimiento) y algunas son más jóvenes. Muchos de ellas son vendidas por traficantes de redes de explotación sexual o “dalals” por alrededor de $ 250 dólares, que luego están obligadas a pagar a proxenetas que son en su mayoría mujeres mayores.

Daulatdia es como una pequeña ciudad en sí mismo. El burdel tiene todo lo que las mujeres en situación de prostitución y los clientes necesitan, desde salones de belleza, mercados hasta centros de juego. Las mujeres que trabajan allí no tienen ninguna razón para salir de la aldea contenida en el burdel. De todos modos, incluso si quisieran irse, no se les permite. En un destartalado laberinto de callejones sucios, las mujeres y las niñas trabajan día y noche en diminutos cubículos, conociendo a los hombres que vienen de la carretera cercana.

Originalmente el lugar fue construido durante el gobierno colonial. Pero ahora es propiedad de la familia de un político local. Muchas de las prostitutas siempre han vivido allí; algunos fueron vendidos a la prostitución por sus familias, y otros fueron secuestrados de sus aldeas.

El burdel más antiguo es Kandapara, con 200 años de funcionamiento. La fotografa alemana Sandra Hoyn publicó en “The Longing of The Others” fotografías de este sito, recopiladas en el siguiente video:

Bangladesh es uno de los países islámicos que no criminaliza la prostitución. Sin embargo,varios burdeles han sido cerrados. El año pasado, las autoridades locales demolieron el burdel Tangail en el norte de Bangladesh. Eso ciertamente no impidió que los clientes se fueran a Daulatdia.

Daulatdia, un pueblo en el cual mujeres que venden sexo a 3000 hombres cada día. Es un mundo sombrío pero, todavía hay lugar para la esperanza.

Un día de mal tráfico es cuando el negocio prospera en Daulatdia. Conductores, limpiadores, cargadores, empresarios de pequeñas ciudades e incluso policías vienen al burdel para pasar el tiempo con cualquiera de las mujeres de 12 a 35 años que ofrecen sus servicios por menos de US $3 por hora en caseríos de una habitación donde comen, duermen y crian a sus hijes.

Los niños y niñas que viven aquí son vulnerables al abuso y la explotación sexuales. Sus madres son apenas capaces de defenderse de los borrachos que pasan por sus habitaciones. Los niñes son regularmente empleados por los clientes para hacer recados, ir a buscar alcohol y drogas, hacer apuestas, dar masajes y, finalmente, limpiar después de que los clientes los hayan dejado solos. La mayoría de los niñes son empujados bajo la cama o en una esquina para dormir en la misma habitación donde sus madres atienden sus clientes.

Rekha tiene una hija llamada Sharifa. Ella sabe la existencia de las trabajadoras sexuales conduce a la privación y enfermedades. Ella sabe que la escuela a la que Sharifa asiste le ofrece la única posibilidad real de otra vida. Una digna de vivir. Rekha se despierta temprano todos los días para ver como Sharifa se va a la escuela. Sharifa sostiene en sus pequeñas manos sus propios sueños que un día, juntos, encontrarán una manera de escapar.

Morjina Begum, la directora de la escuela, observa a los niños que llegan a través de las puertas. Ella más que nadie entiende lo que significa esta escuela. Una vez fue una trabajadora sexual y sabe lo que significa sufrir.

Hace veinte años, las prostitutas y nuestros hijos, no teníamos esperanza, ni siquiera un cementerio para nuestro entierro, pero ahora gracias a Save the Children, tenemos chicas que están cursando estudios de ingeniería y medicina, muchas se han convertido en maestras y tantas más se han casado y se han asentado fuera de Daulatdia viviendo una vida normal

Cuando Sharifa regresa de la escuela, su madre, Rekha, la está esperando. Hace años, antes de que Save the Children empezara a trabajar en Daulatdia, estas madres y sus hijos no tenían esperanza, pero ahora hay chicas que ahora están libres. Rekha espera que su hija también viva una vida normal y nunca tenga que sufrir como ella. Es por eso que espera y reza para que la escuela nunca se cierre, porque sin ella no habrá esperanza de escape.

Fotos: Daniel Melbye

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