Violencia Espiritual y Abuso de Mujeres en el Nombre de Dios

 

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Vivimos en un mundo en el cual las mujeres son el target predilecto de distintos tipos de violencia: Física, sexual, sicológica, económica, simbólica y estructural, entre otras. Un tipo de violencia de la cual no se habla mucho es la violencia espiritual. Esta puede definirse como el uso de las creencias de una persona para dañar, manipularla, dominarla o controlarla.

La violencia espiritual incluye, pero no se limita a: Impedir que la persona siga su tradición espiritual o religiosa preferida; forzar un camino o práctica espiritual o religiosa en otra persona; menospreciar o burlarse de las tradiciones, creencias o prácticas espirituales o religiosas de una persona; y, usar la posición espiritual o religiosa de uno, rituales o prácticas para manipular o enajenar a una persona.

Las instituciones sociales, incluyendo las religiones – y el Islam mainstream entre ellas- tanto en su doctrina como en sus prácticas y marcos de referencia, están hoy en día dominadas por el androcentrismo y la idea de que son los varones y sus privilegios quienes tienen el derecho divino de liderar la religión y descrifrar la voluntad de Dios.

Este chauvinismo masculino basada en el desprecio de lo femenino causa mucho sufrimiento a las mujeres y ha probado ser muy dañiño y peligroso para nuestras vidas: Desde la obligatoriedad del velo islámico hasta los crímenes de honor y la mutilación genital, las mujeres vivimos en riesgo de experimentar algún tipo de violencia justificada por el machismo disfrazado de religión y alguna de entre nosotras, sufrirá alguno o varios tipos de abusos en nombre de Dios durante su vida.

Una de las formas pasivas/agresivas más comunes de violencia espiritual es la alienación. Los “justos creyentes” deciden cuál es la forma correcta de vivir y comprender el Islam y se dedican con virulencia a coercionar y maltratar a los que están “desviados”. Los “justos”, muchas veces son sólo una manga de hipócritas, deciden quién es y cómo debe ser una “buena mujer musulmana” como debe vestir, en qué debe trabajar y hasta qué raza y qué clase social debe tener para ser “digna y aceptable”.

La violencia espiritual es el origen o puede ser el complemento de distintos tipos de violencia: La expulsión de un grupo de mujeres de la mezquita Masjid Siraatul Jannah de Johannesburgo durante el mes sagrado de Ramadán es un buen ejemplo de esto: Hubo violencia física (empujones) y abuso emocional (trato humillante) en base a la idea de que “de acuerdo a la voluntad de Dios” (la opinión masculina) se prohibía a las mujeres estar ahí. La violencia espiritual se manifiesta aquí como el abuso de poder de un así-llamado creyente contra un grupo de mujeres a través de la manipulación de los “principios religiosos”, aunque no hay nada en el Corán que prohiba a las mujeres orar en las mezquitas.

La violencia espiritual no deja marcas visibles pero está muy normalizada en algunas perspectivas vinculados al género y las mujeres en el Islam, tanto a nivel personal como institucional. Aunque es injusto y vejatorio, se considera normal prohibir a las mujeres rezar en las mezquitas o bien, se permite su presencia sólo para segregarlas como borregos acopiados en cuartos pequeños o en “corrales” demarcados con una banda roja.

Hay violencia espiritual en la práctica secreta o no autorizada por la primera esposa de la poligamia (o en el adulterio disfrazado de poligamia, para hablar claro) “porque como hombre, Dios me autoriza”; en la coerción para las relaciones sexuales o si no “los ángeles te maldecirán hasta el Fajr”. Hay violencia espiritual en chantaje a una mujer para cortar lazos con su familia, su cultura, sus afectos y todo lo que es valioso para ella para abrazar el Islam o casarse con un hombre musulmán y en todo lo que se dice o hace para que ella se sienta menos merecedora de respeto y aceptación de parte de Dios.

Muchos creyentes legitiman la violencia espiritual al apoyar la idea de que es normal forzar a las mujeres a usar el velo o imponerlo a niñas pre-púberes, hipersexualizando sus cuerpos como tentadores para hombres adultos desde muy corta edad. Hay violencia espiritual en hablar de las mujeres como objetos, sean joyas, diamantes, perlas o caramelos, objetos que deben permanecer cubiertos para y a disposición de la voluntad de otro. Estas comparaciones, que parecen tan románticas, esconden un enorme odio a las mujeres: Los objetos, por más bellos, dulces y exclusivos que sean, no tienen poder de decisión y … no tienen alma ni derechos humanos.

Lo más cruel respecto a la violencia espiritual, es lo que significa al final del día: Ya sea que se ejerza contra las mujeres, los niños, las personas discapacitadas, musulmanas conversas o de otra raza, la violencia espiritual por parte de esos que dicen creer en un Dios Justo es una expresión de disconformidad y odio contra la creación de Dios. Al usar el nombre de Dios y manipular su mensaje para explotar, controlar, y alienar a otros en su nombre, es Dios mismx y su Rahma – su Infinita Misericordia y Cualidad Matricial – lo que resulta desacreditada y oprimida por el ego masculino.

Nosotras, las mujeres, no seremos oprimidas por la misoginia religiosas.

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