El Derecho a Decidir es Musulmán: El Islam Permite el Aborto por 3 Causales

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Existen muchos prejuicios contra el Islam como un sistema de creencias basado de manera casi absoluta en la falta de derechos para las mujeres. No obstante, el Islam da alternativas a las mujeres en relación a sus derechos reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo. La concepción y regulación del aborto en el pensamiento islámico, aunque por caminos diferentes, puede llegar a asemejar mucho a lo que las legislaciones occidentales están implementando al respecto. Este articulo ofrece una visión general sobre la legitimidad del aborto de acuerdo al derecho islámico o Fiqh.

Antes de entrar en la cuestión doctrinaria, hay tres puntos a considerar sobre el aborto en el Islam:

  • El aborto, sea espontáneo o inducido, ocurre; es un hecho en la vida de muchas mujeres, independiente de su origen, religión y opciones de vida.
  • El Islam es un sistema de creencias que fomenta el actuar ético y provee una guía en base a aceptar las realidades de la vida y no a negarlas.
  • Las mujeres musulmanas tienen – en virtud de los preceptos de su fe – la libertad de decidir sus acciones en tanto sean conscientes de sus consecuencias y se sientan capaces de hacerse cargo de ellas. Cada creyente responde sólo ante sí misma y ante Dios.

Debate doctrinario

Los puntos de vista de los musulmanes sobre el aborto están formados por los Hadices (registros de la tradición profética), así como por las opiniones de eruditos y comentaristas legales y religiosos. El Islam da a las mujeres derechos sexuales y reproductivos: Los anticonceptivos están permitidos y entre los derechos y obligaciones de la pareja se establece que estos deben satisfacer al otro en las relaciones sexuales. Pueden obtener placer de cualquier parte del cuerpo del otro, siempre que la pareja dé su consentimiento. En principio, no se considera el aborto un hecho deseable, ya que no es posible relativizar el trance que significa para una mujer esta experiencia. No obstante, ocurre y es aquí donde surge la perspectiva doctrinaria.

¿Cuándo el aborto es permisible? Entre los musulmanes, la permisibilidad del aborto depende de factores como el tiempo y las circunstancias atenuantes.

La cuestión del alma

En el Islam, el debate sobre si es procedente el aborto se centra en resolver cuándo la vida gestada se convierte en persona, es decir, es dotada de alma. El Islam no niega que hay vida desde la concepción, pero no siempre considera esta vida ser humana per se desde ese momento.

Se cree, en general, que el feto se convertirá en un alma viviente después de cuatro meses de gestación, por lo tanto, el aborto después de ese punto generalmente se considera inadmisible. Azizah Y. al-Hibri señala que “la mayoría de los eruditos musulmanes permiten el aborto, aunque difieren en el estadio de desarrollo fetal más allá del cual está prohibido”. Es cierto. Para algunos estudiosos el alma se insufla en el embrión a los 40 días, en cambio para otros, a los 120.

Antes de los cuatro meses de gestación

Seyed al-Sabiq, autor de Fiqh al-Sunnah, ha resumido las opiniones de los juristas clásicos a este respecto en las siguientes palabras:

El aborto no está permitido después de cuatro meses desde la concepción, porque en ese momento es como quitarse la vida, un acto que implica pena en este mundo y en el Más Allá. En lo que respecta al aborto antes de que transcurra este período, se considera permitido si es necesario. Sin embargo, en ausencia de una excusa razonable, es detestable.

Amenaza a la vida de la mujer

Sobre el tema de la vida de la mujer, los musulmanes aceptan universalmente que su vida tiene prioridad sobre la vida del feto. Esto se debe a que la mujer es considerada la “fuente original de la vida”, mientras que el feto es solo una vida “potencial”. Los juristas musulmanes concuerdan en que el aborto está permitido basado en el principio de que “el mal mayor [la muerte de la mujer] debería ser protegido por el mal menor [el aborto]”. En estos casos, el médico es considerado un mejor juez que el erudito.

Existe una opinión casi unánime de que después de 120 días no se permite un aborto a menos que el defecto en el embrión ponga en peligro la vida de la madre.

En los últimos tiempos en Irán, el ayatolá Ali Khameni emitió un fatwa o edicto religioso que permite el aborto para fetos de menos de 10 semanas que tienen el desorden sanguíneo genético llamado talasemia. También en Irán, el gran ayatolá Yusuf Saanei emitió una fatwa que permite el aborto en los primeros tres meses por varias razones. Saanei aceptó que el aborto generalmente no es deseable en el Islam, pero continuó diciendo:

Pero el Islam también es una religión de compasión, y si hay problemas serios, Dios a veces no requiere que sus criaturas practiquen su ley. Entonces, bajo ciertas condiciones, como la pobreza de los padres o la superpoblación, entonces se permite el aborto

Violación

La mayoría de los eruditos musulmanes sostienen que el niño producto de la violación es un niño legítimo y que sería pecaminoso matar a este niño. No obstante, esta posición no es absoluta. Los eruditos permiten el aborto solo si el feto tiene menos de cuatro meses o si pone en peligro la vida de su madre. Como se dijo, el Islam tiene que ser una guía útil para las realidades de la vida y por ello admite flexibilidad. Por ello, se instó a los estudiosos musulmanes a hacer excepciones en el decenio de 1990 a raíz de violaciones de mujeres kuwaitíes por soldados iraquíes (en 1991) y la violación de mujeres bosnias por soldados serbios. En 1991, el Gran Mufti de Palestina, Ekrima Sa’id Sabri emitió una fatwa en la que decía que las mujeres musulmanas violadas por sus enemigos durante la guerra de Kosovo podrían tomar medicamentos abortivos.

Explicando la dificultad en tales casos, un erudito dice:

Creo que el valor de la vida es el mismo ya sea que este embrión sea el resultado de la fornicación con parientes o no parientes o un matrimonio válido. En la Sharia, la vida tiene el mismo valor en todos los casos.

Sheikh M. A. Al-Salami, Tercer Simposio sobre Jurisprudencia Médica

Por su parte, en junio de 2004, Muhammad Sayed Tantawi, el Gran Jeque de Al Azhar en Egipto, aprobó un proyecto de ley que permite a las mujeres abortar un embarazo que es el resultado de una violación. La ley también buscaba dar derecho a las mujeres a que se sometan a un aborto más de cuatro meses después de la concepción.

Deformidad fetal

Algunos estudiosos musulmanes también argumentan que el aborto está permitido si el recién nacido está enfermo de una manera que haría su cuidado muy difícil para los padres (por ejemplo, deformidades, retraso mental, etc.). Ampliamente citada es una resolución del consejo de jurisprudencia islámica de Mekkah Al Mukaramah (la Liga Islámica Mundial) al aprobar una Fatwa en su 12ª sesión, celebrada en febrero de 1990. Esto permitió el aborto si el feto estaba:

… gravemente mal formado, con una condición severa e intratable demostrada por investigaciones médicas y decidida por un comité formado por médicos competentes y confiables, y siempre que los padres soliciten el aborto y el feto tenga menos de 120 días computados desde el momento de la concepción.

Quienes sostienen una opinión divergente respecto a la permisibilidad del aborto en el Islam, se apoyan en una aleya del Corán (17:31) que dice: “No maten a sus hijos por miedo a la pobreza, porque Allah proveerá para todos ellos y en matar hay un gran pecado”. No obstante, esta aleya se refiere – por un lado-  a los hijos ya nacidos, es decir, a aquellos que sin ninguna duda son personas y – por otro- intenta disuadir a las tribus árabes de la práctica del infanticidio (sobre todo de niñas), la cual era muy común antes de la revelación del Islam.

En una visión similar el Imam Ghazzali dijo:

El aborto inducido es un pecado después de la concepción y puede ser de grados. Cuando el esperma ingresa a los ovarios, se mezcla con el óvulo y adquiere el potencial de la vida, su eliminación sería un pecado. Abortarlo después de que se convierta en un germen o una sanguijuela sería un pecado más grave y así sucesivamente

Estas visiones opuestas al aborto, contrastan con la realidad de los países con población musulmana, en los que el procedimiento es legal en casos de riesgo para la vida de la madre y/o de salud física o mental, violación e inviabilidad fetal, considerando todas o algunas de estas causales en su legislación sanitaria. El aborto totalmente libre rige en tres países musulmanes: Túnez, Turquía y Barhein. En la práctica de los países musulmanes, el sistema que rige es del de despenalización por supuestos. Muy frecuente es la despenalización en caso de peligro para la salud física o psicológica de la madre.

 

 

 

 

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Aspectos Éticos y Religiosos sobre el Aborto.

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Ciclo de mesas y conferencias en el marco de la exposición temporal “Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Cuatro décadas por el derecho a decidir en México” de Católicas por el Derecho a Decidir.

A pesar de que la jerarquía de la Iglesia católica rechaza total y categóricamente el aborto en todas sus circunstancias, muchos creyentes consideramos que esta problemática debe de interpretarse desde la ética, la fe cristiana y el derecho inalienable de las mujeres a tomar sus propias decisiones.

El Aborto en la Prensa: Los Derechos Reproductivos como Tragedias Personales.

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La cobertura que los medios de comunicación hacen de los temas relacionados con los derechos reproductivos se ha limitado a lo que se conoce como nota roja, en la que secriminaliza y exhibe a las mujeres que han abortado: los periódicos suelen publicar fotografías de mujeres, incluso de menores de edad, violando el derecho a la intimidad y a la propia imagen. Se les califica con adjetivos que las etiquetan y ofenden, creando con esto una percepción negativa en los lectores.

Este material es parte del Ciclo de mesas y conferencias en el marco de la exposición temporal “Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Cuatro décadas por el derecho a decidir en México” organizado por Católicas por el Derecho a Decidir.

La Lucha Feminista por Despenalizar el Aborto en México

Durante las últimas décadas, el tema de la sexualidad y los derechos reproductivos de las mujeres ha sido una lucha constante del movimiento feminista en México. La autonomía sexual y reproductiva, y específicamente el aborto, han provocado intensos debates en diversas esferas. En México, la clase política está fuertemente influenciada por la jerarquía de la Iglesia católica, que está en contra del aborto y de cualquier forma de control de la natalidad y esto ha tenido graves consecuencias tales como las reformas constitucionales en 16 estados del país para establecer “la protección de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”.

Esta conferencia fue organizada por Católicas por el Derecho a Decidir el marco de la exposición temporal “Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Cuatro décadas por el derecho a decidir en México”.

Esta situación ha contribuido a promover la criminalización de las mujeres y a obstaculizar la prestación de los servicios públicos necesarios, permitiendo el aumento de embarazos no deseados y del riesgo de morbilidad y mortalidad de las mujeres, quienes al no contar con recursos para practicarse un aborto en clínicas privadas, terminan haciéndolo en condiciones de alto riesgo para su salud y su vida. Sin embargo, las feministas sabemos que ninguna mujer aborta con alegría en su corazón.

El aborto es un serio dilema ético en el que las mujeres ponen en consideración todos los factores a favor y en contra de traer al mundo una criatura.

A Propósito del “Contrato a Parir Hijos”

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A Andrea Luque, por una memoria de libertad

Por Waldir Ruiz*

¿Qué hace un hombre hablando de “parir hijos”? Por supuesto, tal vez en el imaginario colectivo de un país atravesado por el sistema patriarcal y machista, un hombre no tenga nada que ver con “parir hijos”, claro, porque “parir hijos” envuelve implícitamente “cuidar hijos” y el machismo sólo nos permite engendrarlos. Pero al decir “contrato a parir hijos” me refiero a que en Nicaragua el aborto terapéutico está penalizado, por tanto, una mujer con un embarazo inviable como el ectópico o, por ejemplo, una niña de 13 años que fue violada sexualmente debe por mandato del Estado tener a su hijo a toda costa. Y a toda costa podría significar la muerte de la madre.

Aún así, ¿qué hace un hombre hablando del aborto terapéutico? “este es un asunto de mujeres” me dijo alguien la última vez que quise emitir mi opinión al respecto. Probablemente no sea médico ni legislador; pero soy un miembro activo de la sociedad y los hombres podemos apoyar la restitución de este derecho negado a las mujeres. Además, la verdadera solidaridad va más allá de cualquier “diferencia”.

Yo creía que hoy por hoy, mujeres y hombres, éramos libres y equivalentes, pero la realidad me ha demostrado que no. Me doy cuenta a grandes rasgos que la esclavitud también ha evolucionado. Quizá no veamos cadenas; pero la libertad de una gran mayoría sigue siendo negada o condicionada. En este caso, a más de la mitad de la población: las mujeres,  se les niega la vida. Pues decidir tajantemente por ellas, penalizando el aborto terapéutico, es atarlas. Uno no sabe que no es libre hasta que llega la necesidad de ejercer la libertad, probablemente eso les ocurra a algunas mujeres que no apoyan la despenalización del aborto terapéutico y se enfrenten (algún día o ahora) con ese obstáculo legal.

En el 2006, cuando se retrocedió en términos de derechos humanos, con la derogación de la Ley del Aborto Terapéutico sentí que dicha anulación se debió a una presión de los sectores religiosos y conservadores del país, pues argumentos científicos para decretar innecesaria dicha ley, considero que no hubo. Porque, claro está que no es lo mismo el aborto terapéutico como un recurso médico para salvar la vida de la madre, que un aborto o interrupción del embarazo por “complacencia”.

La penalización del aborto terapéutico viola la libertad de todas las mujeres y, para demostrarlo, me es obligatorio traer a colación el término contrato social.  Rousseau hablaba del  contrato social como el encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado y por la cual cada uno, al unirse a todos, no obedezca; sin embargo, más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes (Wittig: 1987). Esto conserva un ideal todavía por alcanzar. No se trata de que el aborto terapéutico sea la primera y única instancia  a la cual se deba recurrir para reducir el número de muertes maternas nacionales; sin embargo, que una mujer cuente con el amparo legal para recurrir a él, en caso de ser necesario, sería un buen paso al reconocimiento y la inclusión de la perspectiva de género como algo imprescindible para el desarrollo de una nación.

¿Teocracia o democracia?

Tengo entendido que Nicaragua es un Estado democrático. Comprendo que sectores religiosos de nuestra sociedad alcen su voz, porque tienen derecho a hacerlo; pero ¿son válidos los argumentos religiosos a la hora de legislar? Creo que para nuestros parlamentarios sí (aunque no debería de ser). Si revisamos el supremo mandato cristiano: el amor a Dios y amor al prójimo no me permite concebir la idea de penalizar una práctica que en determinados casos, sin remedio alguno, sería la única posibilidad de salvarle la vida a una mujer. Porque bien podría ser tu hermana, amiga, compañera de trabajo, esposa, mamá, hija etc.

Respeto las creencias de cada persona, cada familia tiene sus creencias religiosas y su escala de valores morales. Es la mujer junto a sus seres queridos quien deberá tomar la decisión; pero  ¿cuál decisión? Si no existe la posibilidad de decidir. La ley está derogada y hoy en Nicaragua una mujer de escasos recursos con embarazo ectópico o septicemia, por mencionar, se muere teniendo la posibilidad médica de salvarse.

En el sentido político creo que la actitud debe ser “vamos a acabar con la producción de desigualdades”, más allá de una cuota de poder 50/50 entre hombres y mujeres, también se debería de iniciar con leyes que hagan posible la vida de las mujeres. Si para que se aprobara la ley que castiga la violencia hacia las mujeres hubo una gran cantidad de muertas. ¿Cuántas muertas más requeriría el Estado para proveerles a las mujeres un marco jurídico que atienda realmente las necesidades de ellas? Somos seres humanos. Y deberíamos ser equivalentes en derechos, deberes y oportunidades.  A mis ojos la derecha nunca ha hecho nada, en cambio la izquierda se supone que ha caminado con las luchas sociales, entonces, más que usar un discurso pro-mujer, este gobierno debe replantearse y agilizar un proceso de despenalización del aborto terapéutico, viendo a las mujeres como ciudadanas libres y no esclavas, porque se supone que como principio Nicaragua es libre. No esperaremos que el patriarcado como modelo religioso conceda derechos a las mujeres, cuando su amplia gama de “deberes” las ubican en la escala del uno al dos, en el dos.

Una “naturaleza” que “condena” a las mujeres.

Tenemos un sistema jurídico pensado en los hombres.  No prever las necesidades de la otra mitad del grupo humano llamado “mujeres”, significa que estamos ante hombres que han diseñado leyes para hombres. Puesto que somos los únicos que biológicamente no parimos, por lo tanto, nunca estaremos directamente ante la necesidad de un aborto terapéutico, lógicamente.  No es la condición biológica de ser mujer lo que las condena, es el sistema legal y los servicios de salud pública los que no responden a sus necesidades.

Ese derecho a la vida inviolable bajo el cual se derogó la ley que permitía el aborto terapéutico, viola en el mismo sentido el derecho a la vida de las mujeres y coloca en el mismo orden conceptual el aborto por “complacencia” cuando en realidad no es lo mismo. Es así que el contrato social del que hablaba Rousseau sigue en ese estado ideal, pues el contrato social que hoy prevalece sigue siendo el mismo que criticara Monique Wittig, aquel contrato social incapaz de reconocer “la reciprocidad como condición necesaria para nuestra libertad”.

Al reflexionar en este tema pienso en aquella famosa saga norteamericana que volviera a los vampiros nuevamente populares entre los adolescentes. Resulta que la escritora Stephenie Meyer, en el cuarto y último libro, coloca a su protagonista ante esta situación: Bella, la protagonista, una mujer joven y humana está embarazada del gran amor de su vida: un hombre,  de apariencia joven, pero vampiro. Su embarazo es inviable, puesto que la criatura que espera es hija de un vampiro y se alimenta, durante el desarrollo en el vientre, literalmente de su sangre. Aunque todos en el clan de vampiros nunca se han enfrentado ante esto, pronto deciden que no pueden dejar que nazca o se desarrolle, porque morirá ella. Hay, como siempre, contrariedad de opiniones y al final ella decide tenerlo… y muere en el parto. Pero el padre, como es vampiro, decide convertirla en alguien de su especie para que vuelva a la vida. Y en efecto, como en casi toda ficción, la protagonista se salva y el héroe, el hombre, es el responsable de esta salvación (véase los estereotipos e ideales culturales para cada sexo dentro de “nuestra sociedad globalizada”).

En la vida real las mujeres mueren y no hay hombre vampiro quien la muerda para devolverle la vida, si ni siquiera hay Estado-patriarcado-hombre que quiera devolverle el derecho que le ha quitado. Puede que existan los milagros, pero eso debería de pertenecer a un asunto más personal o de conciencia. Existen derechos reales por los que las mujeres luchan. Y el aborto terapéutico es uno de ellos.

Sirviéndome del ejemplo concluiría  que una nación como Nicaragua no se puede fiar al idealismo religioso,  y, aunque  su servidor es un gran idealista que sueña la revolución de las minorías y la equidad entre los seres humanos, los pasos hacia el desarrollo y el bien de todos deben ser firmes e irreversibles. Pensemos en las mujeres con una situación nicaragüense, que trabajan en el campo, que en sus comunidades no hay ni un Centro de Salud; en aquellas que a diario dan a luz en nuestros hospitales públicos, que no tienen recursos para hacerlo en hospitales de “mejor atención”. Embarazos complicados y situaciones en las se requiera de la práctica de un aborto terapéutico se vuelven fatales ante sistemas legales que ven con desdén el valor de las mujeres.

Reconocer las diferencias como punto de partida para leyes que nos hagan valer como tal, sería lo mejor. Puesto que en el mundo hay dos grupos de seres humanos llamados “mujeres” y “hombres”, deben de haber leyes que respondan a las necesidades de estos. De eso se trata ¿no? Estar a favor del aborto terapéutico no significa ir en contra de la vida, significa respetar la libertad y la vida de cada mujer. Los hombres podemos apoyar esta causa, pues sólo hombres y mujeres en unión lograremos deconstruir un sistema ancestral que nos afecta a todos. Un contrato social que nos esclaviza. Para que nuestra Nicaragua deje de ser un país de “mujeres muertas, hombres mudos y periódicos parlantes.”

*Nicaragua. Filólogo y Comunicador. Escribe para El Nuevo Diario desde el 2010. Miembro del Consejo de Comunicación del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS). Desde mayo de 2011 desarrolla y escribe este blog personal. Sus temáticas rondan la comunicación para el cambio social, literatura, arte y cultura. Escribe ensayos, comentarios, artículo de opinión y reportaje. También escribe géneros literarios alternativos como la anécdota y el cuento corto. Premio nacional de periodismo “Conchita Palacios” 2012

 

¿Qué Pasa con Las Mujeres a Las que Se les Niega la Opción de Abortar?

Aborto legal, Seguro y Gratuito

Aborto legal, Seguro y Gratuito

En Chile, el aborto ha sido un tema extensamente debatido y paradójicamente un procedimiento médico escasamente explorado. Los estudios que hay sobre el tema, que son de dudosa validez, conectan al aborto con enfermedades mentales y abuso de drogas. Como bien sabemos, los políticos han utilizado estos estudios para justificar la ilegalidad e inmoralidad del procedimiento. Si no me crees, preguntémosle a la UDI y los pro-vida en general.

Hace menos de un mes se hizo público el primer estudio que investiga las conductas de mujeres que quisieron abortar y que por distintas razones no pudieron. El estudio tomó estos datos y los comparó con mujeres que sí lograron abortar.

No obviemos lo curioso de esta investigación: nadie antes se había enfocado en estudiar qué le pasa a una mujer que quiere abortar pero no puede hacerlo ya sea por restricciones legales o falta de disposición de lugares para llevarlo a cabo el procedimiento.  Ahora, gracias a este estudio tenemos algunas pistas.

La investigación titulada “The Turnaway Study”, debe su nombre a que a todas las mujeres a las que se les negó el aborto fueron “turned away”, rechazadas.

Este estudio de tipo longitudinal revela qué ocurre con la posición económica, salud y la situación de las relaciones amorosas y significativas de estas mujeres después de buscar infructuosamente un lugar donde abortar.

En USA, investigadores de la salud pública utilizaron datos de 956 mujeres quienes intentaron abortar en 30 clínicas distintas dentro de USA. De este grupo, 182 mujeres fueron rechazadas. Los investigadores hicieron seguimientos a todas mujeres, que cubrían toda la brecha de experiencias respecto al aborto. Algunas consiguieron el aborto de manera simple, para otras fue toda una batalla, y a otras les fue negado el procedimiento porque sus embarazos tenían unos días más de los limites gestacionales para realizarlos. Hace alrededor de un mes el grupo de investigadores presentó lo que descubrieron después de dos años de trabajo en el “Estudio de las Rechazadas” en la reciente conferencia de la Asociación Americana de Salud Pública.

Pobreza

La muestra total de las mujeres del estudio tenía distintas posiciones económicas representadas. El 45% de las mujeres recibía asistencia pública y dos tercios de ellas tenían un ingreso familiar que estaba bajo el nivel de pobreza. Una de las razones principales por las cuales las mujeres querían realizar un aborto era el dinero. Basándose en los ingresos de las “rechazadas”, esto parecía ser la mejor opción a tomar.

Dentro de las mujeres a las que se les negó la ejecución de un aborto,  el 86% estaba viviendo con sus hijos un año después. Sólo un 11% lo dio en adopción. También un año después, las sujeto de estudio estaban mucho más propensas a recibir ayuda social –el 76% estaba en el límite, en oposición al 44% de las mujeres que abortaron. También un año después de la negación de aborto, el 67% de las “rechazadas” estaba bajo la línea de pobreza versus el 56% de las mujeres que sí pudieron acceder al procedimiento. Sólo el 48% de las mujeres que no abortaron tenía un trabajo jornada completa en contraposición al 58% de las mujeres que sí lo hicieron .

Por lo tanto, cuando a una mujer se le niega la opción de abortar, es estadísticamente más propensa a estar desempleada (imagínense el caso en Chile), a recibir ayuda del Estado y a estar bajo la línea de la pobreza. Esto a la vez implica mayores costos para el Estado, por la ayuda a través de bonos que debe entregar y por todos los programas sociales que se crean para controlar y minorar fenómenos que ocurren respecto a la natalidad.

Violencia y Abuso de drogas

No hay diferencias estadísticas significativas entre las mujeres que abortaron y las que no respecto a sus experiencias en violencia y uso de drogas. Pareciera no existir correlación entre las mujeres que abusan de sustancias y el aborto, pero un punto interesante encontrado en el estudio corresponde a las mujeres con consumo de drogas: las que no pudieron abortar y eran consumidoras fueron más proclives a dar a sus hijos en adopción.

Lamentablemente, cuando se trata de violencia doméstica, la negación de un aborto hace una gran diferencia. Las “rechazadas” eran mucho más propensas a mantener su relación con un cónyuge que ejercía violencia en comparación a las que sí abortaron. Al año después de no realizar el aborto, el 7% reportó un incidente de violencia doméstica en los últimos seis meses, mientras que sólo el 3% de las mujeres que abortaron reportaron episodios de violencia en el mismo periodo. Uno de los investigadores enfatiza que este fenómeno no indica que las “rechazadas” son más propensas a involucrarse en relaciones más abusivas, sino que el hecho de tener la opción de ejecutar un aborto permitía a las mujeres apartarse de esas relaciones de manera más fácil.

Los porcentajes que revela el acento en la violencia son a la vez parte de un patrón mucho más amplio que demuestra que las “rechazadas” se inclinan más por permanecer en contacto con los padres de sus hijos. Este aspecto, aunque es superficialmente positivo, no siempre es bueno de acuerdo a lo que las cifras de violencia revelan. Incluso en la mayoría de los casos donde la violencia no está involucrada, los investigadores notaron que los padres no viven con las mujeres “rechazadas”. Las rechazadas fueron consultadas sobre la convivencia con sus parejas y descubrieron que los hombres no eran más propensos a vivir con mujeres que siguieron adelante con sus embarazos ni tampoco con las mujeres que sí  realizaron un aborto. “Los hombres no se quedan porque simplemente tuviste una guagua, esa es la cruda forma de ponerlo” Dice un investigador.

Salud mental

Una de las principales preocupaciones sobre el aborto es que este causa “problemas emocionales”, o sea ciertos rasgos que podrían ser indicadores de psicopatologías como la depresión. El estudio de las “rechazadas” dio una mirada desde dos ángulos a esta pregunta: 1) cómo se sintieron las mujeres que fueron rechazadas y las que abortaron y 2) si efectivamente experimentaron una depresión diagnosticada luego de abortar.

En general, no se debe abusar de la psicopatología depresiva. Últimamente ha existido un boom con su concepto, porque ahora existe depresión de todo tipo. Su diagnostico en realidad es bien estricto.  Es importante diferenciar “cómo te sientes” y si  esto corresponde a una psicopatología.

Una semana después de buscar un lugar donde hacer el aborto, el 97% de las mujeres que lo hicieron sintió que fue la decisión correcta y 65% de las rechazadas aún deseaba realizarlo. En este grupo la ansiedad era considerablemente superior en comparación al grupo que pudo ejecutar el aborto.

Las mujeres que abortaron reportaron una sensación de alivio (90%), aunque para muchas también acompañado de tristeza y culpa. Pero todos estos afectos se difumaron naturalmente con el tiempo en ambos grupos. Un año después no hubo diferencias respecto a la ansiedad o depresión entre los dos grupos.

Por lo tanto, el estudio no encontró ningún indicador duradero en cuanto a sensaciones dolorosas y negativas asociadas a realizar un aborto. La única diferencia en cuanto a lo afectivo entre ambos grupos al cabo de un año es que las rechazadas estaban más estresadas. La sensación común es que tenían mucho más que hacer de lo que en realidad podían hacer. Aún así, ninguna de estas situaciones se tradujo en depresión, por lo tanto aborto y depresión no parecen estar vinculadas. El estudio seguirá por cinco años más, por lo tanto queda tiempo para determinar si habrá cambios.

Salud física

Como se mencionaba no se encontró relación entre aborto y depresión, pero se descubrió un riesgo mucho mayor al momento del parto. Incluso en altas etapas de la gestación los abortos son más seguros que el parto. Los investigadores descubrieron que las complicaciones son más comunes y severas después del nacimiento: 38% experimentó limitaciones para realizar actividades, en promedio alrededor de 10 días, luego de haber dado a luz. Comparando con quienes abortaron, sólo el 24% experimentó esto y por un promedio de 2,7% días. No hubo complicaciones después del aborto, sin embargo después del parto en las rechazadas hubo manifestaciones de fractura de pelvis, infección y hemorragia.

Conclusiones importantes 

No se encontraron secuelas relacionadas con la salud mental debido al aborto en comparación a mantener el embarazo no planificado o deseado.

Otro descubrimiento importante: incluso un aborto realizado fuera del periodo gestacional estipulado es más seguro que un parto .

Tercero, a dos años de la ejecución o rechazo del aborto, las mujeres que siguieron con sus embarazos no deseados son tres veces más probables de caer bajo el nivel de pobreza que las mujeres que abortaron.

Si observamos todos estos datos, que antes no existían, podemos armar una nueva imagen sobre el aborto. Si fuéramos “objetivos” esto debería tener incidencia a nivel estatal.

Lo claro es lo siguiente: darle a las mujeres el derecho a elegir, les proporciona mejor salud y bienestar. Además se prevé mejor futuro económico. Obligar a las mujeres a tener hijos no deseados genera mantener a mujeres y niños en la pobreza y quizás bajo condiciones de violencia doméstica, siendo ambos factores grandes gatilladores de trastornos psicopatológicos.

En Chile estas cifras son claras, la población más pobre corresponde a la de madres adolescentes solteras, quienes según las estadísticas no invertirán su tiempo en estudiar, obtendrán trabajos con sueldo mínimo -si es que lo consiguen, tomando en cuenta el complejo mercado laboral chileno- optando por no trabajar la mayoría de las veces, provocando que sus hijos se empobrezcan más, en todo ámbito. Lo que nadie quiere decir: la tasa de criminalidad baja cuando el aborto es permitido. Tiene total sentido con estos datos.

Este año también se rechazó la idea de legislar sobre el aborto en Chile, refugiándose en el falso discurso de “proteger la vida”, observado desde una óptica conveniente a los propios sesgos ideológicos. El pensamiento conservador ha privado históricamente a las mujeres en nuestro país de ejercer sus derechos y por lo tanto mayor libertad sobre sus opciones. Es increíble cómo datos tan significativos respecto a la salud mental, ingresos y violencia que experimentan las mujeres sea información tan silenciosa y sin incidencia respecto a las políticas públicas. Probablemente estudios como este no serán tan socializados como sus antagonistas, pero podemos confiar en que habrán grupos que podrán visibilizarlos y lograr consecuencias a favor de los derechos.

Por Estefanía Harvey para Asterisco Mag

Aborto Legal: Una Cuestión de Equidad

El aborto ilegal es una expresión de inequidad

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De acuerdo a organizaciones asociadas a la Campaña Nacional por un aborto legal, seguro y gratuito, en Argentina se realizan 500 mil abortos ilegales cada año. Esto demuestra que la criminalización no evita que las mujeres aborten. También significa, que el 40% de los embarazos terminan por interrupción voluntaria, en la mayoría de los casos en terribles condiciones sanitarias. Cerca de 80 mil mujeres son hospitalizadas cada año debido a complicaciones derivadas de un aborto: es la principal causa de muerte materna, con un 30% del total. En muchos casos, ni estas complicaciones de salud, ni las muertes derivadas de un aborto son reportadas a las autoridades. Por cada mujer que busca ayuda médica ante una complicación, otras 7 en la misma situación callan y no acuden a los servicios de salud.

El proyecto actual para legalizar el aborto fue presentado al Parlamento en mayo de 2008. En el mes de marzo de 2010, las organizaciones asociadas a la Campaña reactivaron el documento con más de 33 firmas de diputados, el cual fue admitido a discusión: El debate comenzó en el Congreso el 1º de noviembre de 2011.

La iniciativa de interrupción voluntaria del embarazo señala- en términos generales: Que cada mujer tiene el derecho de decidir  sobre su embarazo durante las primeras 12 semanas de gestación. También, establece que las mujeres deben tener acceso a la realización de un aborto de manera legal, segura y gratuita en los servicios de salud, bajo las condiciones y requisitos que requiere la ley. Asimismo, propone asistencia sicológica humanitaria antes, durante y después del procedimiento. El proyecto de ley también demanda la implementación y puesta en práctica inmediata de leyes complementarias destinadas a mejorar la cobertura de salud integral, la educación sexual y la paternidad y sexualidad responsables.

Recuerdo la marcha del 1º de noviembre: “Tenemos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos”; “Saquemos al patriarcado de nuestro útero”; son algunas de las pancartas que las mujeres preparaban. En mi opinión, el asunto va más allá del derecho a decidir sobre el cuerpo: Es un problema serio de salud que necesita de manera urgente una política pública definida.

Escuché hablar a una mujer rubia, de piel tostada: “Tengo tres hijos; me quedé embarazada del cuarto y mi pareja me botó de la casa. Asi no más: “no te quiero más, chau.” Yo no trabajaba, él no se hizo más cargo ni de mi embarazo, ni de los niños. Ninguna mujer imagina su vida con un aborto en el medio. Es absurdo pensar que es algo que se desea. Pedí plata, saqué lo que tenía en el banco. Me duele el juicio de la gente porque no tienen idea de mi ni de lo que tuve que pasar, y tampoco se sacarían la plata del bolsillo para apoyarme.”

Ella mencionó dos puntos importantes: Primero, el jugoso negocio detrás de la ilegalidad: Se estima que en Argentina, un aborto ilegal cuesta alrededor de $1.000 dólares. Saquemos la calculadora: $1.000 X 500.000 = $ 500.000.000 de dólares en dinero ilegal, tal ilegal como vender drogas o traficar personas. ¿Quiénes ganan manteniendo el aborto en la oscuridad y arriesgando la vida de las mujeres? ¿Cómo se podría mejorar la cobertura de salud sexual y reproductiva y el apoyo a la maternidad con ese dinero? Es evidente que negarles a las mujeres un cuidado de salud amplio y decente es un negocio lucrativo.

El segundo punto que menciona es el castigo social. Un aborto trae un sufrimiento físico y emocional: Está lejos de ser una experiencia liberadora. En efecto, es un proceso de duelo profundo: duelo por la pérdida, incrementada por los sentimientos de culpa: La tristeza, la culpa, el aislamiento y el castigo, son fantasmas que torturan la vida de las mujeres en estos casos, con un serio impacto en sus expectativas futuras.

Grace Estefanía, sicóloga clínica dice: “Si el duelo no es manejado adecuadamente se vuelve patológico, con implicaciones bio-sico-sociales como depresión o tendencias suicidas. Si tomamos en cuenta que la mayoría de las mujeres que abortan son jóvenes o están solas, el riesgo de salud mental crece a niveles alarmantes. El estigma de lo clandestino, aumenta el aislamiento y los sentimientos de culpa ante el aborto, porque está legal y socialmente criminalizado. No es posible dirigir una terapia apropiada y controlar la situación, ya que no tenemos una ley que nos permita hacerlo.”

“Es un crimen, es un pecado” dice la gente que está contra la ley. Pero, ¿Cuál es el verdadero crimen aquí? Desde 1983, 3.000 mujeres han muerto como resultado de abortos ilegales. Yo pienso que el verdadero crimen es la desigualdad social en la que vivimos; Yo digo que el verdadero pecado es la indiferencia con la que tratamos con una crisis mortal de salud como esta, sólo porque las más afectadas son mujeres de los sectores de menores ingresos. La misma gente que rechaza la legalización del aborto, no dudaría ni un segundo en pagar uno; en la actuales condiciones, tienen derecho a la equidad y a la calidad en la atención sanitaria quienes puede pagar por ella.

Desde mi punto de vista, el aborto ilegal es una de las peores expresiones de injusticia social; lleva a diferentes escenarios de acuerdo al estatus financiero de la mujer que lo requiere. No es lo mismo abortar en una clínica costosa,  discreta y segura, que en un cuarto sucio en manos que no siempre son profesionales. El sueldo base en Argentina está entre $250- $300 dólares: ¿Quién tiene $1.000 disponibles? En nuestra Latinoamérica, sumida en la pobreza y la inequidad, ponemos la carga y la culpa sobre las espaldas de las mujeres de menos ingresos, que arriesgan sus vidas en un aborto ilegal y, al mismo tiempo, las excluimos de otros beneficios sociales y culturales.

Crimen y pecado: Dos palabras que se usan sólo para las mujeres de bajos ingresos, que cuando mueren o van a la cárcel, ocupan las portadas de los diarios; las hacemos sentir vergüenza y las castigamos por abortar, cuando somos nosotros, la sociedad, quienes deberíamos avergonzarnos de las desigualdades sociales  que contribuimos a mantener con nuestro silencio; deberíamos tener un mínimo pudor ante las diferencias de acceso a los servicios básicos y la falta de garantías de las que una parte de la población carece para ejercer sus derechos fundamentales.

Cuando el aborto se practica en las clínicas de los barrios elegantes, con un doctor que sabe lo que hace, no es un crimen y no conlleva culpa: Se llama “remoción de tejido”, “quiste”, “extracción”. No hay crimen cuando se tiene dinero; el dinero paga abortos seguros y también el silencio. El aborto todavía es ilegal en los niveles de altos ingresos, pero el dinero cambia todo: Excluye del riesgo sanitario, el juicio legal y el castigo social.

Como sociedad: ¿Estamos completamente seguros que no tenemos ninguna responsabilidad que compartir respecto al aborto? Luego de lo descrito: ¿Somos aún capaces de abordar el tema con la intención de castigar a las mujeres, con una piedra en cada mano? ¿Quién puede arrojar la primera, cuando la evidencia revela que tenemos nuestra parte de culpa en la mantención de las inequidades sociales, entre las cuales el aborto es una de las más crueles expresiones?

Se requiere un acuerdo social para implementar, con sentido práctico y sin hipocresía, políticas públicas claras y equitativas con respecto a la familia, la sexualidad, la maternidad que, por un lado, satisfagan los derechos en torno a la salud y por otro, terminen con la especulación y el enriquecimiento ilícito a costa de la vida de las mujeres: “Educación sexual para decidir, Anticonceptivos para no abortar, Aborto Legal para no morir.”