Hildegard Von Bingen, La Primera Teóloga Feminista

La Vision

Hildegard von Bingen, una monja benedictina del Medioevo se nos presenta como una defensora de los derechos y valía de la mujer y también de la primacía del amor sobre otros intereses mundanos. Esta película tiene la ventaja de  permitir que Hildegard, quien encontró su misión en la vida a los 42 años, hable por sí misma, mediante el uso de un guión basado en sus propios escritos y una banda sonora llena de su música.

Una mujer capaz de los mayores sacrificios por amor a Dios y a la humanidad, con una exquisita sensibilidad para la música o para la medicina natural… pero también con arranques de orgullo y un sentido posesivo con el que parece apropiarse de la joven Richardis, o una falta de tacto y prudencia para tratar a Jutta. Su relación con Richardis ha sido descrita de naturaleza lesbianaRichardis von Stade, una mujer más joven que era su asistente personal, su alma gemela y su favorita.

Margaret von Trotta hace hincapié en el aspecto feminista sobre el religioso, resaltando la fuerte personalidad de la protagonista frente a las presiones recibidas por los distintos poderes, recreando artísticamente un mundo que salía de los temores milenaristas entregándose a la oración y a la penitencia. Luces y sombras de una mujer y de un entorno de privilegios durante la Edad Media en Europa.

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Yo, La Peor de Todas. La Vida de Sor Juana

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“Imagen del hechizo que mas quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien celosa vivo”

Versos de Sor Juana a la Virreina

Película Argentina de 1990 dirigida por Maria Luisa Bemberg. Inspirada en el ensayo ‘Las Trampas de la Fé’ de Octavio Paz, esta historia narra los últimos años de Juana Inés de la Cruz, que se encierra a los veinte años en un convento para poder estudiar.

El tema de la película gira en torno a una mujer que, siguiendo sus ideales, rechazó el matrimonio para llevar una vida más satisfactoria intelectualmente. En el siglo XVII, en el que México era todavía el Virreinato de Nueva España, vivía Juana Inés de la Cruz, reconocida hoy como la primera mujer intelectual de Latinoamérica.

Sor Juana fue escritora,  defensora del mundo indígena y  pre-feminista mexicana. Aunque algunos autores/as dicen de ella que no puede hablarse de feminismo pues sólo se limitó a defenderse y que las alusiones feministas de su obra son estrictamente personales, no colectivas; sin embargo siempre abogó por la igualdad de los sexos y por el derecho de la mujer a adquirir conocimientos.

Sor Juana eligió los muros del convento como protección de un espacio de libertad espiritual en un mundo totalmente dominado por los hombres. De la amistad con la Virreina María Luisa surgieron sus más bellos poemas de amor y análisis feministas actuales sugieren que este afecto era expresión de su orientación lesbiana. La misoginia de la iglesia católica, encarnada en el arzobispo Aguiar y Seijas, logró finalmente vencer a Sor Juana y la hizo renunciar a sus libros, lo que significó su muerte espiritual.

Teología de la Mujer y Teología Feminista

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En las narrativas androcéntricas y misóginas de las tradiciones religiosas se encuentra la raíz de mucha violencia contra las mujeres. Esto no es ninguna novedad, por cuanto el mismo diagnóstico lo ha planteado ya el teólogo José Luis Tamayo cuando dice que si bien las mujeres son la presencia mayoritaria de las comunidades religiosas y las más involucradas en la transmisión y práctica de las tradiciones, “son las más grandes perdedoras”, por toda la exclusión y violencia que se ejerce contra ellas en nombre de la religión.

La influencia de la religión en las vidas de las mujeres, va más allá del ámbito propio de aquella. Desde la teología emanan los discursos de género que impactan nuestras vidas como sujetas políticas. Riffat Hassan sostiene que “en todas las causas más evidentes (sociológicas, históricas, económicas) del débil estatus de las mujeres, existe una causa que tiene sus raíces teológicas”.

Estas raíces teológicas son discursivas. Al decir discursos, me refiero a que la mujer en la religión es un relato: Lo que se dice de las mujeres desde las religiones, así como desde las ciencias sociales y exactas, las instituciones y los medios de comunicación, son relatos, narraciones que son producto de la interacción de mecanismos de poder, autoridad de enunciación y acumulación histórica de acciones performativas; si el género, siguiendo a Judith Butler, es un discurso con significado cultural, entonces lo femenino y la categoría “mujer” en lo religioso también lo son.

Las narraciones de las tradiciones monoteístas sobre la creación de la mujer, que juegan un papel fundamental en el establecimiento de actitudes y representaciones sobre las mujeres en sus respectivas sociedades, no son dogmas, sino historia.

Teología de la Mujer y Teología Feminista

La reflexión sobre el papel de la mujer en el Islam no es nueva. Me atrevo a decir que desde los comienzos ha existido una “Teología de la Mujer”, es decir, “una antropología teológica y una narrativa donde ella es el objeto específico”.

En virtud de las narrativas de la teología de la mujer en las religiones, en su versión más tradicional, nosotras hemos sido representadas como vírgenes devotas, santas madres, mártires o pecadoras redimidas.

Pero a partir del siglo XX aparece el discurso que Celia Amorós llama el de la “compañera ilustrada” o la Mujer Nueva cuya propuesta se dirige a “hacer de las mujeres buenas madres cívicas y competentes científicas en los cometidos de la crianza y la educación de buenos ciudadanos, así como compañeras adecuadas de unos maridos cultos y amistosos.”

El discurso de la compañera ilustrada será usado por los predicadores e intelectuales del Islam. Durante la Revolución Islámica, el Ayatollah Khomeini se refería a las mujeres como “el pilar de la nación” sobre el cual se iba a edificar la república. Por su parte, Alí Shariati, considerado un ideólogo de la Teología de la Liberación Islámica en Irán, se ciñe de todos modos a esta narrativa, cuando llama a las mujeres a emular el ejemplo de Fátima, la hija del Profeta Muhammad:

“Ella estaba a su lado en todas partes como una mujer comprometida con la sociedad, una mujer que, desde las primeras etapas de su vida, nunca dejó su padre y luchó junto a él y luchó con él. Ella era la mujer que luchó contra la tiranía en el frente externo y que luchó contra la desviación, la usurpación y la opresión en el frente interno (…) Esto es lo que es ser una mujer musulmana en la época actual.”

Las características de la Nueva Mujer también fueron descritas por el egipcio Qasim Amin:

“Qué mejor situación existe para un hombre que vivir con una compañera que le acompaña día y noche, en el hogar y fuera, en la enfermedad y la salud, en lo bueno y en lo malo, una compañera que es inteligente, culta y está al tanto de los retos de la vida?”  

Esta teología de la mujer nos dice cómo ser la creyente ideal, lo que podemos esperar o no de la vida espiritual e insiste en nuestra vocación propia de esposa y de madre. Como otras teologías de la mujer en las religiones monoteístas, es restrictiva y disciplinaria ya que al imponer “una identidad deducida de papeles tradicionales, sin prestar atención a nuestras aportaciones en otros ámbitos y sin considerar la situación concreta de las mujeres en el mundo” deviene en una “Biopolítica de la Fe”(1) que sostiene discursos y prácticas de control externo sobre el cuerpo, la identidad y las representaciones de las mujeres y lo femenino.

La teología feminista, por su parte, busca una enunciación política en lo religioso/espiritual. Parte de una crítica a la teología de la mujer, a sus sesgos patriarcales, sus estructuras y autoridad; denuncia su influencia en las condiciones de discriminación que vivimos las mujeres en la religión y en nombre de la religión. Desde este punto de vista, la teología feminista es un cuestionamiento al LOGOS del TEO, ya que desafía los fundamentos a través de los cuales se “conoce” a Dios y el concepto mismo de teología como saber escolástico reservado a estudiosos y académicos.

No obstante, la teología feminista no es posible sin una hermenéutica de nuevos relatos. Esto es relevante porque, como dice Amina Wadud, “definir la religión es tener poder sobre ella”. Para ello, la teología feminista presenta una opción metodológica que replantea la teología de manera total, con una temática propia de liberación desde las mujeres, ya no como objetos definidos de manera estática o como oprimidas a liberar, sino como personas con pleno derecho y agencia para apropiarse de los textos sagrados, desarrollar una hermenéutica de liberación y re-significar o desmantelar los discursos y representaciones a favor de una mayor justicia social de género

(1) Termino mío. Una Biopolitica de la Fe es el uso del poder fáctico, enunciativo y simbólico atribuido a las religiones para un control exhaustivo de la vida, en particular, la de las mujeres. Siendo las mujeres quienes en mayor medida se vinculan, transmiten y adhieren a las narrativas religiosas tradicionales así como son mayoría en las comunidades religiosas, la biopolitica de la fe encuentra en ellas sus destinatarias y evangelistas activas.

Este texto es parte de mi paper: “La Hermenéutica Feminista en el Islam como Narrativa de Liberación”

Discurso Religioso y Creencia Heterosexual

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Reza Aslan, escritor, analista e historiador de las religiones, dice en su libro “No God But God” que las religiones son relatos míticos. Sin darle una connotación negativa al término “mito”, Aslan explica que lo que llamamos “Religión” es en parte una institución, en parte un conjunto de símbolos pero, sobre todo, un conjunto de relatos que se mueven entre la veracidad y los fantástico. En tanto relatos, sirven o han servido para explicar y responder algunas preguntas del devenir humano y tienen la característica de ser móviles: El relato mítico que llamamos religión es un producto histórico, sujeto a revisión e interpretaciones sobre la “verdad” que contiene y su significado.

Siendo la religión un discurso, decir que las narrativas religiosas son patriarcales no es ninguna novedad. Las religiones y sus interpretaciones patriarcales alimentan y sostienen a un patriarcado que va más allá de ellas y que, al mismo tiempo, las refleja. Este discurso patriarcal tiene un elemento común a todo relato mítico religioso, fundacional, que muchas veces queda fuera de la critica teológica: La creencia heterosexual

La creencia heterosexual puede o no incluir la idea de un Dios- Padre. Por ejemplo, en el Islam, Allah no tiene sexo ni género, no es masculino ni femenino, no es hombre ni mujer, no existe de manera antropomorfa. No obstante, el relato heterosexual está presente en la idea de que Dios ha creado a las personas ya dentro de las categorías de “Hombre” y “Mujer” de acuerdo al sistema sexo/género, para que se casen a través del sagrado vínculo del matrimonio, vivan juntos y tengan hijos.

Cuando hablo de heterosexualidad, voy más allá de la atracción sexual o romántica por personas de un género diferente o, como se ha llamado, del “Sexo opuesto”. (Esta idea del sexo opuesto me parece dañina ya que la idea de oposición supone el uso de la fuerza, la jerarquía y el sometimiento, por cuanto las fuerzas opuestas están condicionadas al choque si pretenden por igual gobernar).

Como decía, la heterosexualidad es un régimen. No sólo describe una forma de orientación sexual: Es portadora de una narrativa disciplinar sobre como debe vivirse dicha orientación sexual y su propósito. El mandato heterosexual es claro y se desprende de las narrativas religiosas: Falo-androcentrismo, matrimonio, binarismo, jerarquía, subordinación, familia y monogamia.

Si la heterosexualidad es la norma divina, entonces todo lo que no está dentro de la lógica de su mandato es no-divino, objeto de sospecha, exclusión y violencia de todo tipo. En la creencia heterosexual del discurso religioso se puede encontrar la raíz de la represión del deseo, de la vergüenza sobre la desnudez, de la subordinación de la sexualidad femenina al deseo masculino a través de la idea de “entrega total por amor”, el control público de los cuerpos femeninos y feminizados a través de las leyes o la tradición biopolítica, de la homofobia y la invisibilidad lésbica.

Las teologías feministas y los feminismos de la religión han dedicado mucho tiempo, tinta y letra a criticar el patriarcado religioso y desafiar sus narrativas, ya sea para acabar con ellas definitivamente o proponer otras más justas e inclusivas. No obstante, estos esfuerzos no estarán completos sin una critica directa que busque desmantelar la creencia heterosexual.

Cuestionar la existencia de Dios no tiene sentido, es inútil y de poca importancia sino se desafían las creencias heterosexuales derivadas de las narrativas religiosas que, hoy por hoy, tienen mayor cualidad de dogma en nuestras sociedades que Dios mismo: Matrimonio, familia, maternidad, práctica sexual y monogamia, por ejemplo.

Sólo hablando abiertamente y con una perspectiva crítica sobre la manera en que la religión disciplina la sexualidad a través del régimen heterosexual, las teologías feministas lograrán el desarrollo de esa teología disidente, radical, feminista y decolonial que devuelva a las personas la agencia sobre su espiritualidad.

Criticar las narrativas religiosas es más que decir que Dios no existe y que las religiones son patriarcales. Es necesario ir más allá y hacer frente a la “disciplina heteronormativa” impuesta por la religión para castigar nuestro deseo sexual. La lucha contra el patriarcado es una batalla a medias sino es también contra el régimen heterosexual para erradicar la colonización sobre los cuerpos, identidades y prácticas sociales que impone y abrir las posibilidades hacia nuevas verdades, mitos y relatos en el campo de la sexualidad y la manera en que la vivimos.

Relatos Sagrados y Cultura de la Violación

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Historias como la de una virgen embarazada sin su consentimiento nos han ayudado a normalizar la cultura de la violación.

La Cultura de la violación, una cultura donde la violencia contra las mujeres y la culpabilización de las víctimas es la norma, está viva y bien situada en nuestra sociedad. A las mujeres se nos enseña desde una edad temprana que la violación es lo peor que podría suceder en nuestras vidas.

Como institución patriarcal, la Iglesia apoya la cultura de la violación. Aunque los textos, las tradiciones y enseñanzas pueden ser un recurso de liberación para las mujeres que han sido víctimas, también pueden servir como una herramienta de control y fomentar una mayor victimización.

Los relatos de la cultura de la violación en las narrativas biblicas, se caracterizan por los siguientes elementos centrales:

1.- La Violación No es Importante

Son abundantes las historias de mujeres y niñas a las cuales la Iglesia ha dicho que sus vidas son de poco valor una vez que el himen se rompe.

Un ejemplo de ello es la violación de la romana Lucrecia. El padre de la Iglesia, Jerónimo de Estridón declaró que la violación es la única situación en que Dios perdona el suicidio. De hecho, según Jerónimo, “Aunque Dios es capaz de hacer todas las cosas, no puede levantar a una virgen después de una caída.”

La misoginia de este “sabio religioso” es tal, que hasta pasa por encima de la creencia católica de que en la resurrección, todxs lxs cuerpxs serán sanados de toda aflicción y mutilación. Jerónimo afirmó que “ni siquiera el poder de Dios puede reparar el himen roto”. Del mismo modo, Tertuliano elogió a Lucrecia por su suicidio y afirmó que ella fue un ejemplo para las mujeres cristianas.

La violación de Lucrecia fue y es tan poco importante para el androcentrismo narrativo, que el historiador Tito Livio describe el crimen como una crisis política:

Sobre las gradas del templo reposa el cuerpo sin vida de la ofendida Lucrecia, mancillada por Sexto, el hijo del rey Lucio Tarquino el Soberbio. Dos mujeres lloran la muerte de la dama mientras que los hombres de la familia, Lucrecio (su padre), Publio Valerio, Collatino (su esposo) y Bruto,  rodean el cadáver. Este último empuña en alto el puñal y jura venganza contra el rey, a lo que responde la muchedumbre que levanta los brazos, lo que supone el fin de la monarquía en Roma.

Según la moderna referencia del episodio, Lucrecia despertó sobresaltada y reconoció a Sexto; quien temeroso de que su víctima gritase, le dijo:

“¡Silencio, Lucrecia; Sexto Tarquino soy;  si lanzas un grito, si profieres una palabra, te mato!. Como Lucrecia no pudo responder ya que la punta de una espada estaba sobre su pecho, Sexto Tarquino prosiguió:

Escucha: yo te amo. Sé que eres fiel, y que me resistirás, prefiriendo morir antes de rendirte. Mas con todo, óyeme. No es la muerte la mayor amenaza para ti, sino la deshonra pública. Si no accedes a mi pasión y me veo obligado a matarte, mataré en seguida al más joven y bello de tus esclavos, pondré su desnudo cadáver entre tus brazos y proclamaré que habiéndote sorprendido en adulterio, he castigado a ambos con la muerte, vengando así el honor de Colatino, mi deudo y amigo.

En vano Lucrecia rogó, imploró, se revolvió desesperada, Sexto Tarquino le hizo comprender con evidencia que resistirse era morir y quedar para siempre deshonrada en la memoria de Roma y de su esposo.

En algunos relatos de la Biblia pasa algo similar. Las amenazas de violencia sexual contra las mujeres son completamente ignoradas en favor de centrarse en las amenazas a los hombres.

Por ejemplo, en la historia de Sodoma y Gomorra (Génesis: 19), Lot había ofrecido a sus hijas vírgenes para ser violadas por la multitud enfurecida, la atención se centró en cambio en la amenaza de violación contra los ángeles que los visitan.

En otros textos donde se ha producido la violación, la atención se ha centrado en la historia de los hombres, en lugar de la victimización de las mujeres: El libro de Samuel relata que diez Pilegesh de David (comúnmente traducido como concubinas), fueron “penetradas” por Absalón “ante los ojos de todo Israel.” Sin embargo, la violación de estas mujeres ha pasado prácticamente desapercibida y el texto ha sido examinado, en cambio, como un golpe político.

2.- Las Mujeres Violadas son Sospechosas

Desde la mujer de Potifar que se nos presenta llorando y acusando una violación falsa, a la historia de Susana, una víctima de violación sufriendo en silencio, los textos bíblicos exponen representaciones de mujeres y violencia sexual que apoyan la cultura violación.

A la mujer no se le debe creer a priori si dice que ha sido violada, porque, como la esposa de Potifar, sólo quieren desprestigiar el honor de los hombres:

Ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera, llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces; y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió. (Génesis 39)

Si vas a ser violada, mantén en silencio el crimen, aún a costa de ti misma. Susana, deseada por dos hombres mayores con poder e influencia, prefiere ser acusada de adulterio y ser lapidada que consentir la violación.

Sé que, si hiciere esto (resistirse), muerte es para mí; y que, si no lo hago, no escaparé de vuestras manos… (Daniel 13)

3.- Dios Premia el Violador

Hay relatos en que la intervención divina castiga a la víctima y premia al violador. En los Hechos de Pedro, la hija de Pedro es secuestrada por Tolomeo que tiene la intención de violarla, por sentirse tentado ante su belleza. Pero Dios interviene y le desfigura la cara, causado la repulsa de Tolomeo, que se arrepiente y inicia una vida de rectitud, mientras que la hija de Pedro queda desfigurada para siempre, por lo que ya no será nunca más violada: Está protegida, ya no va a tentar a los hombres.

4.- La Pureza ante Todo

Las leyendas de las vírgenes mártires describen historias de mujeres que sufren horribles muertes a manos de sádicos con el fin de mantener su pureza ante Dios.

Estas mujeres experimentaron tortura dirigida a su feminidad: Por ejemplo, Santa Ágata tenía sus pechos arrancados de su cuerpo y Santa Catalina tenía su cuerpo destrozado por las ruedas de púas.

Estos relatos sostienen que las mujeres demostraron su amor a Dios al aceptar muertes horribles que les permitieron entrar en el cielo con un himen intacto. Por lo tanto, ellas fueron elevadas a la santidad.

Las historias de vírgenes mártires y su tortura pornográfica son inquietantes y se equiparan el terrorismo sexual. Se enseñan con la intención de que mujeres y niñas se allanen a creer que no hay peor cosa en la vida que les pueda pasar que haber sido violadas; es mejor callarse, que arriesgar el escarnio o el equivalente moderno de que nos arranquen los senos o perecer con el cuerpo destrozado en una rueda de púas,

Los textos androcéntricos y enseñanzas que aquí se presentan son un vistazo de lo que perpetúa la cultura de la violación dentro de la Iglesia. Aunque la Iglesia está perfectamente capacitada en poder, recursos y privilegios para desafiar la cultura violación y la violencia espiritual que conlleva, es actualmente tan cómplice que no puede cambiarla.

Fuentes:

The Church and Rape Culture por Gina Messina

Purity Culture as Rape Culture por Dianne Anderson

 

“Entre Allah y yo” Muestra Fotográfica Sobre lo Queer en el Islam

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La idea de iniciar un proyecto de fotografía con musulmanes homosexuales se le ocurrió a la fotógrafa con sede en Toronto Samra Habib hace unos años: “Quería mostrar a todos los creativos y brillantes musulmanes LGBTQ con los que me identifico y me gustaría pasar el rato en exposiciones de arte, fiestas gays y la oración Yumu’ah”, explica.

En mi opinión, el estigma y prejuicio son algunos de los grandes desafíos que enfrentan los musulmanes queer hoy en día. El Islam está increiblemente mal entendido y la conversación sobre lo queer está recien comenzando. Podemos ser rechazamos por ser queer y musulmanes. a supuesta yuxtaposición del Islam y la Diversidad Sexual se hace aún más complicada por la hostilidad norteamericana hacia los musulmanes, en un clima en el cual los musulmanes luchan por aceptación y visibilidad. ~ Shima (en la foto)

Samra Habib describe lo que significa el proyecto “Entre yo y Allah” para ella:

“El  Islam Mainstream no siempre le da la bienvenida a los musulmanes LGTB, sin embargo, muchas de las tradiciones y  rituales musulmanes brindan consuelo y proporcionan un sentido de pertenencia a los seres humanos, sin distinción”.

La exhibición será expuesta en Toronto a partir 18 de junio en coordinación con World Pride.

Hace una década, yo tomé una decisión consciente de  vivir mi vida en voz alta. Con esto quiero decir, sin sentir miedo de expresar ninguna de mis identidades, ya sea sexual, política, cultural y / o religiosa. Naturalmente, me pareció necesario hacerlo, porque había conocido a tantos jóvenes que viven con mucho conflicto, encerrados, con miedo de vivir sus vidas. Esta es una pequeña muestra o un gesto de mi parte para que sepan que no deben subestimar a sus familias o sus comunidades. ~ Samira, participante de la muestra

Habib señala que este trabajo explora las ideas de comunidad y expresión identitaria que se inspiran en el Islam, pero que son re-interpretaciones personales de los individuos, ya sea a través de la celebración de las tradiciones musulmanas en espacios extraños o la incorporación de elementos estéticos y el simbolismo en su vida cotidiana.

En palabras de uno de los participantes, los Queer siempre han existido en el Islam: “Nosotros siempre hemos estado aquí, es sólo que el mundo todavía no estaba preparado para nosotros.”

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Meriam Yehya Ibrahim y la Verdad sobre la Apostasía en el Islam

El proceder del gobierno de Sudán no tiene base Islámica

El proceder del gobierno de Sudán no tiene base Islámica

Meriam Yehya Ibrahim es una mujer sudanesa de 27 años, embarazada de 8 meses, que se encuentra prisionera junto a su hijo de 20 meses, condenada a muerte por “dejar el Islam” para convertirse al cristianismo y a 100 latigazos por casarse con un no musulmán, hecho que de acuerdo a las leyes de Sudán equivale al adulterio.

Aunque ella fue criada como cristiana, el hecho de que su padre –con quién no convivió en su infancia- fuera musulmán hace que las autoridades consideren su unión como un grave delito.

Desde el punto de vista del Corán, Meriam no ha cometido ninguna falta, por lo tanto, no existe asidero para fundar esta flagrante violación a los Derechos Humanos en una supuesta transgresión a los preceptos religiosos.

Sobre la Apostasía

El Corán establece claramente en 2:256 que “No existe compulsión en la Fe”. Esto quiere decir que a nadie puede obligarse a entrar o a salir del Islam. El libro también agrega en 39:41 que “… Esta escritura divina, que expone la verdad, en beneficio de toda la humanidad. Y quien elija ser guiado por ella, lo hace por su propio bien…” Con este principio, el Corán garantiza la libertad de conciencia de las personas y ordena su respeto y protección.

Meriam no pudo haber dejado el Islam porque, en lo concreto, nunca fue musulmana. No obstante, aún si siguiéramos el “razonamiento” de las autoridades de Sudán, la mujer no está en falta de ningún modo.

La revelación no establece castigo a quienes abandonan la fe. En 86;90, por ejemplo, menciona que quienes abandonen el Islam darán cuenta de ello ante Allah, como de toda acción realizada durante sus vidas, pero en ningún caso ante otras personas, ni menos para que éstas determinen sanciones ni juicios.

Por otra parte, el Corán es enfático en señalar que “Aquél que mata a un ser humano, es como si matara a toda la humanidad” en 5:32.

Entonces, ¿De dónde sale la pena por Apostasía en el Islam?

Proviene de un hadiz. Un hadiz es el registro de los dichos, actividades y tradiciones del Profeta Muhammad y sus familiares y compañeros. Los hadices cuentan con una cadena de transmisión comprobable que los hace más o menos veraces.

Los hadices están por debajo del Corán – la recopilación humana no tiene la misma autoridad que la revelación divina-  y deberían ser aceptados como válidos siempre y cuando no contradigan lo establecido por la Revelación; de lo contrario NO deben ser considerados como fuente de jurisprudencia

Los defensores de la muerte por apostasía citan dos hadices cuya cadena de transmisión no sólo es dudosa sino que entran en fuerte contradicción con el Corán en varios aspectos, especialmente en lo relativo a la “No compulsión en la Fe”.

1.- Transmitido por ibn Mas’ud: el Mensajero de Allah dijo: “No es lícito la sangre de un musulmán, salvo en uno de estos tres casos: el casado que comete adulterio, vida por vida, y aquel que abandona su religión y se enfrenta a la Comunidad”.

2.- Narrado por ibn ‘Abbas: el Mensajero de Al-lâh (saws) dijo: “A aquel que cambia de religión, matadlo.” Quienes pretenden que el Islam condena a muerte a los apóstatas se basan en este hadiz. Sin embargo, pocas veces se lo cita entero, tal y como aparece en otras fuentes que demuestran su dudosa veracidad.

El análisis completo de ambos hadices en lo relativo a la muerte por apostasía, puede consultarse en el trabajo de Abdennur Prado en este enlace.

Sobre Casarse con un No Musulmán

Existe la opinión, revestidas de un fuerte sesgo machista, de que a las mujeres musulmanas se nos ha prohibido casarnos con personas que no profesan nuestra creencia.

Lo concreto es que cuando el Corán prohibe algo, lo prohíbe claramente. No hay en él una referencia explícita que prohíba el matrimonio entre una musulmana y un no musulmán, a pesar del ahínco con que se ha pretendido defender esta prescripción en base a aleyas coránicas.

Una de las aleyas que se usa para fundamentar una prohibición inexistente es aquella que exhorta a los musulmanes a no unirse en matrimonio con “Asociadores” en 2:221. Desde el punto de vista islámico, un asociador no es, literalmente, un no musulmán, sino toda aquella persona cuya vida no esté orientada a alcanzar los atributos representados por los nombres de Allah y cuya práctica espiritual no expresa piedad ni es producto de la sinceridad en su relación con Dios. De acuerdo a esto, no basta llamarse musulmán para excluirse de ser un asociador, ni toda persona no musulmana lo es necesariamente.

Cabe mencionar además, en relación al caso de Meriam Yehya Ibrahim, que en el año 2006, El principal líder islámico de Sudán, Hasan Al Turabi, ha señalado en una “fatwa” (decreto islámico) que las mujeres musulmanas tienen derecho a casarse con no musulmanes, incluidos cristianos y judíos.

Si bien las fatwas son opiniones no vinculantes para la comunidad, el hecho de que existan diferentes perspectivas con respecto a una misma situación, demuestra que no hay una verdad absoluta e ineludible en la cual basarse para infligir sufrimiento a las personas.

Las leyes de apostasía hoy vigentes en países cuyos gobiernos se llaman a sí mismos “islámicos”, no tienen asidero en el Corán y sólo responden al interés de las élites religiosas y políticas de controlar a su población para beneficio propio, a través del terror. Las interpretaciones que los hombres han hecho del Islam a lo largo de los siglos han condicionado la realidad actual. Ellos, han secuestrado nuestra fe y la han convertido en un fraude.

Esta injusticia, así como muchas otras injusticias que se amparan bajo el Islam para evitar cuestionamientos, demuestran lo urgente y necesario de una introspectiva crítica profunda, desde los mismos musulmanes y musulmanas, sobre el estado de nuestra Fe y la legitimidad de quienes alegan representarla para hablar en nuestro nombre.