Mujeres Musulmanas: Pañuelos Púrpura Contra el Femicidio

assiyazubair

Aziya Zubair – en la foto con su esposo- era una arquitecta y mujer de negocios de origen pakistani, residente en Estados Unidos, motivada por contribuir al fin de los estereotipos culturales sobre las y los musulmanes para una mejor convivencia en la sociedad norteamericana post 9-11. Por ello, junto a su esposo Muzzamil Hassan, decidió fundar en 2004 Bridges TV, un medio de comunicación satelital para conectar la vida de las comunidades musulmanas con la sociedad estadounidense.

La pareja habia estado casada 9 años y tenian dos hijos. Pero la realidad entre Aziya y Muzzamil no era precisamente la de un matrimonio ideal, como de aquellos que hablan las novelas y las series de TV. Aziya Zubair vivía entre su carrera, el activismo comunitario, el canal de TV y la espiral de violencia doméstica. El 12 de febrero de 2009 su cuerpo fue encontrado decapitado en el Estado de Nueva York, luego que su propio marido informara a la policía donde encontrarlo.

Los fiscales argumentaron que Hassan abusaba de su esposa y planeó el ataque en un pasillo de Bridges TV. Fue arrestado en 2009 después de que ingresó a una estación de policía en la ciudad de Buffalo, en el estado de Nueva York, y le dijo a los oficiales que su esposa estaba muerta. Muzzamil fue encontrado culpable y condenado el 7 de Febrero de 2011 a 25 años de prisión.

En febrero de 2010 y mientras aún se esperaba sentencia condenatoria para Hassan, las mujeres musulmanas norteamericanas comenzaron con el Día del Hiyab Púrpura, fecha que a partir del 2011 pasa a ser internacional, ya que es también conmemorada en Canadá, Inglaterra y Libia. Es una jornada de remembranza y apoyo para las víctimas de violencia doméstica y femicidio, pero es más que eso. Es una lucha para erradicar la violencia contra la mujer en las comunidades musulmanes e impugnar las narrativas religiosas patriarcales que la respaldan.

La fecha se conmemora cada año entre el 12 y el 16 del mes inclusive con distintas actividades como charlas de prevención, vigilias, jornada de educación comunitaria y cyberactivismo a través de redes sociales como Facebook o Twitter. Es tradición el uso del Hiyab o pañuelo islámico que cubre la cabeza, en color púrpura, pero también es posible sumarse vistiendo una prenda morada.

Durante esos días el objetivo es mantener viva la memoria y legado de Asiya Zubair, hacer conciencia sobre los efectos nefastos de la violencia doméstica y promover una cultura de respeto y buen trato, en la convicción de que la violencia contra las mujeres es un problema social que si bien no es exclusivo de las religiones, está presente en todas las religiones y mientras más animemos a toda la comunidad a hablar de ello, más grande es la posibilidad de reducir su incidencia.

El Día Internacional del Hiyab Púrpura fue pensado por las mujeres musulmanas, pero no pertenece sólo a ellas. Es de todas las mujeres y de toda persona que desee sumarse a la prevención de la violencia doméstica, a la denuncia del femicidio, al apoyo solidario a las víctimas y sus familias. Es un día de activismo y memoria, una oportunidad para encontrar nuevas maneras de terminar con la violencia de género en un contexto de acelerado aumento de esta en todas partes del mundo, porque ninguna civilización tiene el privilegio de la misoginia.

Anuncios

Libro “La Caida del Imán” de Nawal el Saadawi

portada

La caída del Imán, obra maestra de la narrativa árabe actual, no sólo constituye un testimonio humano excepcional, sino una insólita y bellísima pieza literaria de gran envergadura. En palabras de Doris Lessing, «el relato trata de las mujeres que sufren la áspera dominación patriarcal islámica, pero podrían ser mujeres de cualquier lugar en el que haya crueldad y malos tratos.

Nawal El Saadawi, nacida el 27 de octubre de 1931 en la localidad egipcia de Kafr Tahla, estudió la carrera de medicina y fue directora general de Sanidad de Egipto. Empezó a escribir cuentos y novelas en 1956, y en 1972 publicó Mujeres y sexualidad, su primer estudio sobre los problemas de la mujer árabe y de su lucha por la liberación.

Debido al acoso de la censura, tuvo que publicar sus libros en Beirut y fue cesada de su cargo. Al igual que otros importantes intelectuales árabes, fue encarcelada por Sadat. Actualmente vive y trabaja en El Cairo. Ejerce la psiquiatria y preside la Asociación de Solidaridad de las Mujeres Árabes.

Descarga Gratuita: Nawal El Saadawi-La caída del Imán

Daulatdia: Vivir y Crecer en el Burdel más Grande de Bangladesh

 

f5b5bd5b14a20b94feab335359da9148

Es el burdel más grande de Bangladesh, y posiblemente del mundo. La ciudad de Daulatdia alberga a más de 1.500 prostitutas, algunas de tan sólo 10 años de edad.

Daulatdia es el nombre de una aldea de burdeles en Bangladesh. Ha llegado a ser conocido como uno de los burdeles más grandes del mundo. Abriendo alrededor de 1988, es uno de los 20 burdeles oficialmente sancionados en Bangladesh, aunque fue extraoficialmente en existencia durante décadas anteriores.

Ubicado entre una concurrida estación de ferrocarril y un puerto de ferries lleno de miles de hombres, Dautladia alberga a profesionales del sexo que atienden a miles de hombres diariamente. La edad promedio de los trabajadores sexuales recién llegados es 14 (la edad de consentimiento) y algunas son más jóvenes. Muchos de ellas son vendidas por traficantes de redes de explotación sexual o “dalals” por alrededor de $ 250 dólares, que luego están obligadas a pagar a proxenetas que son en su mayoría mujeres mayores.

Daulatdia es como una pequeña ciudad en sí mismo. El burdel tiene todo lo que las mujeres en situación de prostitución y los clientes necesitan, desde salones de belleza, mercados hasta centros de juego. Las mujeres que trabajan allí no tienen ninguna razón para salir de la aldea contenida en el burdel. De todos modos, incluso si quisieran irse, no se les permite. En un destartalado laberinto de callejones sucios, las mujeres y las niñas trabajan día y noche en diminutos cubículos, conociendo a los hombres que vienen de la carretera cercana.

Originalmente el lugar fue construido durante el gobierno colonial. Pero ahora es propiedad de la familia de un político local. Muchas de las prostitutas siempre han vivido allí; algunos fueron vendidos a la prostitución por sus familias, y otros fueron secuestrados de sus aldeas.

El burdel más antiguo es Kandapara, con 200 años de funcionamiento. La fotografa alemana Sandra Hoyn publicó en “The Longing of The Others” fotografías de este sito, recopiladas en el siguiente video:

Bangladesh es uno de los países islámicos que no criminaliza la prostitución. Sin embargo,varios burdeles han sido cerrados. El año pasado, las autoridades locales demolieron el burdel Tangail en el norte de Bangladesh. Eso ciertamente no impidió que los clientes se fueran a Daulatdia.

Daulatdia, un pueblo en el cual mujeres que venden sexo a 3000 hombres cada día. Es un mundo sombrío pero, todavía hay lugar para la esperanza.

Un día de mal tráfico es cuando el negocio prospera en Daulatdia. Conductores, limpiadores, cargadores, empresarios de pequeñas ciudades e incluso policías vienen al burdel para pasar el tiempo con cualquiera de las mujeres de 12 a 35 años que ofrecen sus servicios por menos de US $3 por hora en caseríos de una habitación donde comen, duermen y crian a sus hijes.

Los niños y niñas que viven aquí son vulnerables al abuso y la explotación sexuales. Sus madres son apenas capaces de defenderse de los borrachos que pasan por sus habitaciones. Los niñes son regularmente empleados por los clientes para hacer recados, ir a buscar alcohol y drogas, hacer apuestas, dar masajes y, finalmente, limpiar después de que los clientes los hayan dejado solos. La mayoría de los niñes son empujados bajo la cama o en una esquina para dormir en la misma habitación donde sus madres atienden sus clientes.

Rekha tiene una hija llamada Sharifa. Ella sabe la existencia de las trabajadoras sexuales conduce a la privación y enfermedades. Ella sabe que la escuela a la que Sharifa asiste le ofrece la única posibilidad real de otra vida. Una digna de vivir. Rekha se despierta temprano todos los días para ver como Sharifa se va a la escuela. Sharifa sostiene en sus pequeñas manos sus propios sueños que un día, juntos, encontrarán una manera de escapar.

Morjina Begum, la directora de la escuela, observa a los niños que llegan a través de las puertas. Ella más que nadie entiende lo que significa esta escuela. Una vez fue una trabajadora sexual y sabe lo que significa sufrir.

Hace veinte años, las prostitutas y nuestros hijos, no teníamos esperanza, ni siquiera un cementerio para nuestro entierro, pero ahora gracias a Save the Children, tenemos chicas que están cursando estudios de ingeniería y medicina, muchas se han convertido en maestras y tantas más se han casado y se han asentado fuera de Daulatdia viviendo una vida normal

Cuando Sharifa regresa de la escuela, su madre, Rekha, la está esperando. Hace años, antes de que Save the Children empezara a trabajar en Daulatdia, estas madres y sus hijos no tenían esperanza, pero ahora hay chicas que ahora están libres. Rekha espera que su hija también viva una vida normal y nunca tenga que sufrir como ella. Es por eso que espera y reza para que la escuela nunca se cierre, porque sin ella no habrá esperanza de escape.

Fotos: Daniel Melbye

#NiUnaMenos. Vivas Nos Queremos!

Más de 2000 muertas por Feminicidio … Más de 700 desaparecidas en Argentina .. y más en América Latina y en el mundo.

Cuando era de esperar que no sobreviviríamos…

Doce meses transcurrieron desde que el acontecimiento #Ni Una Menos movilizó a miles de cientos de cuerpos que se reunieron en las plazas y en las calles. ¡Vivas nos queremos! simboliza la consigna de este año:

Ni una menos por femicidio, por trata, por aborto clandestino, por persecución judicial, por despido, por homo, lesbo y trans odio.

Por los feminicidios silenciados de mujeres indígenas y campesinas cuyos cuerpos se oponen como el último bastión en los conflictos territoriales contra el agronegocio, las corporaciones mineras o sojeras, la Marcha de Mujeres Originarias se hace presente este año invocando el derecho al Buen Vivir. Desde Honduras, el feminicidio de la líder indígena hondureña Berta Cáceres, asesinada vilmente, nos interpela en las luchas que las mujeres llevan adelante contra el sistema capitalista y extractivista. Berta fue la principal promotora de una campaña contra la construcción de una represa hidroeléctrica en el Río Gualcarque, lugar sagrado para el pueblo lenca.

Tras décadas de lucha de familiares y movilizaciones, el mapa de las luchas de las mujeres latinoamericanas contra los feminicidios abarca desde Ciudad Juárez hacia el último cielo de Sudamérica. En México, Susana Chávez acuñaría la consigna Ni Una Más para identificar la lucha contra los feminicidios. La escritora y activista, que escribiera Sangre en homenaje a una de las tantas mujeres muertas, apareció ella misma asesinada en 2011. A esa consigna le siguió Ni una mujer menos, ni una muerta más. No se trataba tan sólo de un problema del lenguaje. Era un tema de cuentas.

Por ello, el movimiento #NiUnaMenos colocó entre sus consignas de 2015 la creación del “Registro de Feminicidios”. Lo cual no significa que el movimiento se agote en él. Cada 30 horas una mujer muere en Argentina. El cuerpo de una niña es sacrificado, la infancia es asediada cuando se separan a la/os hermana/os de una familia por feminicidio vinculado.

#NiUnaMenos tiene una tarea inmensa que incluye muchos frentes, entre ellos la justicia patriarcal y machista, la desresponsabilización de los Estados por acción u omisión, la educación por una vida libre de violencias para las mujeres, la violencia mediática, la despenalización del aborto y más… La cuenta no (nos) cierra.

No queremos que nos arrebaten a otra mujer de la comunidad de mujeres. Por eso las contamos: más de 2160 asesinadas, de 700 desaparecidas, de 400 huérfanos… Las contamos todas y todos. Los familiares, las mujeres, los movimientos de mujeres, las feministas, la sociedad. Y nos faltan. La cuenta no nos cierra. Pedimos por eso que el Estado nos brinde los datos. Queremos la cuenta exacta. Sus vestidos (están) colgando de las perchas, sin sus cuerpos. Los zapatos rojos esparcidos por las calles, para traerlas a la memoria. Las contamos para exigir lesa humanidad.

Pero aún para el poder, debemos comprobar la sistematicidad. Los cuerpos, hallados, desaparecidos, huesos en el desierto, son reclamados hoy y siempre. La fuerza es haber logrado reunirlos a todos y alterar el régimen de lo invisible y lo (d)enunciable. La lista es infinita; pero alimenta la esperanza poder cerrarla. Lo que importa es que hoy todas y todos compartimos el mismo lenguaje y exigimos que la cuenta cierre. De una vez por todas. Que nos devuelvan a las desaparecidas por la trata. Ni Una Mujer Menos, Ni Una Muerta Más. Las queremos a todas de regreso a casa.

Ni Una Menos. Vivas nos queremos!

Karina Bridaseca Feminista descolonial. Coordinadora del Programa Sur-Sur (CLACSO). Coordinadora de la Red de Derechos Humanos e Investigadora Independiente del CONICET. Profesora de UNSAM y UBA.

La Violencia Sexual como Arma de Guerra contra las Mujeres

Violencia Sexual

La violencia sexual es un arma específica de guerra contra las mujeres

Yifat Susskind, directora de MADRE, organización de derechos humanos, resumió la situación actual de las mujeres en Irak en el diario británico The Guardian, en Julio de 2014:  “A medida que Irak se hunde en la guerra, las mujeres no sólo están en la primera línea: Son el campo de batalla”.

Esta violencia no es al azar. La violación es un arma terriblemente común que se utiliza para aterrorizar y controlar a las comunidades durante la guerra. Sin embargo, sólo recientemente ha sido tratado el tema con la seriedad que merece. El día en que Isis conquistó Mosul, los líderes mundiales estaban en Londres para una cumbre para abordar el flagelo de la violación en tiempo de guerra. Ahora, el compromiso de los gobiernos para proteger a las mujeres en zonas de guerra de violencia sexual está nuevamente siendo probado.

La violencia contra la mujer, especialmente la de naturaleza sexual, ha añadido su propio índice de vergüenza a las guerras recientes. De los conflictos en Bosnia y Herzegovina, pasando a Perú y hasta Ruanda, niñas y mujeres han sido víctimas de violación, encarcelamiento, tortura y ejecución.

La violación, identificada por los especialistas como la más intrusiva de los eventos traumáticos, se ha documentado en muchos conflictos armados, incluyendo los de Bangladesh, Camboya, Chipre, Haití, Liberia, Somalia y Uganda. La violación oportunista, el rapto de las cautivas y el saqueo de siglos anteriores, han sido sustituidos en los conflictos modernos por la violación como una herramienta de combate planificada.

La Violencia Sexual se define en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud de la Organización Panamericana de la Salud como

“Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.

De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, un 70% de las mujeres sufre algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida.

La violencia sexual contra las mujeres en escenarios de conflicto, ha tratado de justificarse en base a la percepción de que es inevitable en situaciones de máxima tensión y caos social, como es un estado de guerra, en las cuales los hombres están sometidos a la privación de compañía femenina por largo tiempo.

No obstante, este argumento es dudoso: Durante la dictadura militar en Chile, 3.399 mujeres fueron víctimas de violencia y tortura sexual. Este tipo de violencia fue organizada por el Estado, como una manera de aterrorizar a la población y a los “enemigos internos” fue llevada a cabo por miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden, muchos de ellos esposos y padres de familia, quienes conducían sus autos, tranquilamente, a sus hogares luego de “prestar servicio” en los campos de concentración de prisioneras políticas.

Lo mismo puede decirse en el caso de las mujeres indigenas de Guatemala, quienes narraron ante tribunales, la violencia sexual a la que fueron sometidas durante la dictadura de Rios Montt. Una de ellas relató:

“Me agarraron las manos y los pies y me abrieron, no sólo a mi sino a mi mamá también.Eramos bastantes mujeres, esto me lo hicieron en el destacamento, vi cómo le mordían los pechos a mi mamá, luego me violaron a mí”.

Otro ejemplo de que no es la tensión de la guerra lo que hace inevitable la violación, es el reporte de Physicians for Human Rights presentado en agosto de 2014, sobre violaciones en masa y violencia sexual agravada, en el período post-electoral en Kenia del 2007. El informe presentó las conclusiones derivadas de la revisión de 1600 expedientes médicos de tres hospitales en la zona del Valle del Rift entre 2007 y 2011.

Según Amnistía Internacional, los cuerpos de las mujeres se han convertido en parte del terreno del conflicto y es ahí donde se desarrolla la guerra en la actualidad; el triunfo o la derrota están marcados por la devastación en las vidas de las mujeres, producto de la violación y el abuso sexual, los cuales ya no son sólo un subproducto de la guerra, sino una estrategia militar deliberada.

La violación sistemática se utiliza a menudo como arma de guerra en “Limpieza Étnica”. Más de 20.000 niñas y mujeres musulmanas fueron violadas en Bosnia desde el inicio del conflicto, en abril de 1992, según un equipo de investigación de la Comunidad Europea. El informe también dice que las víctimas se vieron enfrentadas a la violencia que implica “llevar en sus vientres a los hijos de sus enemigos”.

También sirve para humillar a los enemigos, como hicieron las milicias pro-gobierno de Janjaweed en la región de Darfur, en Sudán, usando las violaciones en masa para controlar y castigar a las poblaciones no árabes de la zona. En Colombia, los grupos rivales violan, mutilan y matan a mujeres y niñas con el fin de imponer códigos punitivos de conducta en las ciudades y pueblos enteros y así fortalecer su control.

Es en el marco del conflicto armado en Siria, donde la violencia sexual como arma de guerra ha mostrado su cara más atroz. El informe: “Violence against Women: Bleeding Wound in the Syrian Conflict” de noviembre de 2013, sostiene que los grupos de derechos humanos sirios expresaron profundas preocupaciones sobre presuntos abusos sexuales, ya en una etapa temprana de la represión de las protestas pacíficas en 2011.

Basándose en diversas fuentes y en diferentes regiones de Siria, la Organización Siria para los Derechos Humanos “Sawasia” estima en 300 el número de casos de agresiones y violaciones sexuales cometidos en 2011. En 2013, se estima que el número de violaciones de mujeres alcanzó aproximadamente 6000, dando lugar a numerosos casos de embarazo forzado.

Los casos de violación se han documentado en Homs, Damasco, Hama, Latakia, Daraa, Idlib y Tartous. La información recibida indica que hay tres situaciones principales en las que se han producido incidentes de violación: Durante redadas gubernamentales, en los puestos de control, durante secuestros, en incursiones “puerta a puerta” y en los centros de detención. La información recopilada también indica que los miembros del aparato de seguridad del Estado han estado involucrados en la violencia sexual en varias ocasiones.

No podemos olvidar a las “Mujeres de comfort” que eran mujeres y niñas que fueron forzadas a la esclavitud sexual por el Ejército Imperial Japonés en los territorios ocupados antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Se estima que entre 20.000 a 410. 000 sufrieron esclavitud sexual en tiempos de conflicto.Muchas de las mujeres eran de países ocupados, incluida Corea, China y Filipinas, aunque también habia mujeres de Birmania, Tailandia, Vietnam, Malasia, Taiwán, Indonesia, Timor Oriental y otros territorios ocupadas por los japoneses fueron utilizadas para “Estaciones Militares de Comfort”. Existieron este tipo de instalaciones  en Japón, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia, Birmania, Nueva Guinea, Hong Kong, Macao y la Indochina francesa.

Hoy, las mujeres son campos de batalla en Irak y el Kurdistán, en la brutal arremetida del ISIS por imponer un Califato Islámico mundial. La Organización por la Libertad de las Mujeres de Irak denunció el secuestro y tráfico de mujeres para ser vendidas individualmente o en grupos, para convertirse en esposas temporales de los guerreros ISIS donde se convierten en esclavas sexuales en nombre de la “Jihad Sexual.” Según la entidad, estas atrocidades se han intensificado a lo largo del mes de agosto, en línea con la comisión de genocidio contra las comunidades minoritarias. Las masacres cometidas contra los Yazidi, chiítas y las comunidades cristianas fueron seguidas por la toma de cientos de mujeres para llevarlas al recién fundado “Mercado de concubinas” en Mosul, con el propósito de vender a las mujeres como esclavas sexuales.

El daño infligido a una mujer en estos contextos, es un ataque a su cuerpo, a su familia y su cultura; en muchas sociedades, las mujeres son vistas como depositarios de los valores culturales y espirituales de la comunidad. Destruirlas física y moralmente es una forma de quebrar la moral, capacidad de resistencia y unidad del colectivo.

La violencia sexual contra las mujeres en escenarios bélicos es una expresión del Patriarcado, como lo son las guerras en las cuales se llevan a cabo estas atrocidades. Un patriarcado en el cual la categoría “Hombres” domina a la categoría “Mujeres” a través del control de la sexualidad femenina usando la violencia y la coerción, dónde las mujeres son objetos cuya dignidad, libertad y derechos dependen de las decisiones masculinas.

Las mujeres, carne de cañón de la política del patriarcado, cosificadas y devaluadas genéricamente, son abusadas, agredidas, violadas, traficadas y asesinadas por hombres, como una forma de propinar una derrota a otro grupo de hombres.

Y mientras los líderes políticos, las organizaciones internacionales y la opinión pública discute sobre la guerra y la paz, la violencia sexual aumenta y se recrudece en el planeta. Sin importar el lugar del mundo, con o sin declaraciones, en ausencia de resoluciones de la ONU o en aparentes estados de derecho, las mujeres enfrentan una guerra diaria por la integridad de sus cuerpos: En Irak, Siria y El Congo. Pero también en Nigeria, Egipto, Honduras y El Salvador; en la frontera norte de México y en los campos de refugiados de Palestina. Donde hay ocasión para la violencia de género, habrá espacio para la violencia sexual.

La Islamofobia es Violencia de Género y un Problema Feminista

islamofobia.jpg

Por Vanessa Rivera de la Fuente

Laricya Hawkins, una cristiana afroestadounidense, profesora asociada de ciencias políticas de la Universidad de Wheaton, en los Estados Unidos, publicó en Navidad una foto en Facebook usando un hiyab morado: “Esta es mi práctica de Adviento” explicó, instando a otras a seguir su ejemplo: Ponerse el hiyab en solidaridad con las mujeres musulmanas que enfrentan la violencia islamófoba por llevar velo, diciendo:

Me declaro en solidaridad religiosa con las y los musulmanes, ya que, como yo que soy cristiana, ellos son gente del libro” – escribió- “Como el Papa Francisco declaró la semana pasada, adoramos al mismo Dios.

La casa de estudios “disciplinó” a la profesora Hawkins, con una suspensión administrativa debido a “cuestiones significativas en relación a las implicaciones teológicas” de las declaraciones que hizo sobre la relación entre el cristianismo y el Islam.

La Islamofobia es un Problema de Género

Si el uso del Hiyab por parte de las no musulmanas contribuye o no a combatir la Islamofobia o es un mero acto de apropiación cultural, no es el tema aquí. Hawkins encarna un punto que no se oye con bastante frecuencia: La violencia islamófoba contra las mujeres musulmanas es un problema de género cuyo abordaje corresponde al Feminismo Islámico en particular, pero también a los feminismos decoloniales en su conjunto.

De acuerdo a Itzea Goycolea Amiano, en su trabajo “Feminismo y Piedad”:

La Islamofobia de género es un término que hace referencia a las actitudes xenófobas e islamófobas que también se mezclan con discursos sexistas y misóginos que oprimen, discriminan y se ceban doblemente con las musulmanas que con los musulmanes…

Pocas horas después de los ataques del 13 de noviembre de 2015 en París, la violencia islamófoba estalló en Europa y América del Norte. Pero en contraste con la persecución de los musulmanes después del 9/11, la violencia reciente parece apuntar de manera desproporcionada a las mujeres. En Nueva York, una niña de sexto grado fue atacada en la escuela por chicos que intentaron quitarle el hijab y vociferaban ISIS mientras la golpeaban. En Toronto, Canadá, una madre musulmana fue golpeada y robada después de dejar a sus hijos en la escuela, y más tarde esa semana dos mujeres fueron agredidas en el metro por hombres llamándolas terroristas.

En Londres, Yoshiyuki Shinohara arrojó a una mujer musulmana frente a un tren subterráneo. Según Tell Mama UK , los crímenes de odio contra los musulmanes casi se han duplicado en los últimos dos años. Hay una mayor sensación de miedo entre la comunidad islámica, dicen los activistas. Son las mujeres musulmanas las que están, especialmente, preocupadas por su seguridad y “muy conscientes de mantener la cabeza abajo”. Las cifras de la Policía Metropolitana, mostraron que hubo 557 crímenes de odio islamófobos en 2013; 624 en 2014; y hasta el 24 de noviembre del 2015, 878. Los incidentes pueden implicar un ataque físico, daños a la propiedad, la intimidación, el acoso, el abuso verbal, insultos o mensajes de odio.

La violencia contra las mujeres musulmanas se disparó de nuevo en Estados Unidos, luego del tiroteo masivo en San Bernardino, California, seguido por la difusión generalizada de fotos en las que el tirador Tashfeen Malik llevaba un hiyab. Las mujeres en hiyab quedaron marcadas como la nueva cara del terrorismo, a través de los variados titulares de noticias preguntando: “¿Es Tashfeen Malik un nuevo tipo de mujer terrorista?”

La Islamofobia se ha convertido en un problema de género por, al menos, dos razones: Por un lado,  el discurso islamófobo explota la imagen de las mujeres musulmanas a través de representaciones que la ponen en el lugar de “eterna victima”. Con esto, nos objetiviza, nos roba particularidad y agencia. Por otro, porque esta narrativa de animadversión contra el Islam y sus seguidores tiene su raíz en el colonialismo; por ende, una fuerte carga patriarcal. Ya sabemos que el Patriarcado siempre atacará, de preferencia, a las mujeres. La identidad religiosa expresada a través del Hiyab y la percepción que existe de este, como sinónimo de opresión y extremismo, hace de las mujeres un target reconocible y de fácil acceso para la violencia.

El Islam y las Mujeres “Otras”

El Islam es una Fe en crecimiento en occidente y el número de creyentes aumenta entre la población Latina en Estados Unidos. La tendencia de los conversos hispanos al Islam ha sido censada por la Sociedad Islámica de América del Norte (ISNA), que en 2006 estimó que había aproximadamente 40,000 musulmanes latinos en los EE.UU.

En el cono sur de América, la situación es similar: Si bien no existen cifras oficiales, es posible constatar el incremento de los adherentes al Islam, con una presencia importante de mujeres, a través de los diversos grupos de Facebook  como Islam en Mexico, Islam en Chile, Musulmanas Latinas, Sociedad Khadiya de Mujeres Mexicanas, etc. Incluso, existen conversas de pueblos originarios, como aquellas que forman parte de la comunidad islámica de Chiapas

Las mujeres negras son una parte importante del Islam y su presencia no es nueva. África es el primer continente, fuera de Arabia, en el que la fe se extendió a principios del siglo séptimo. Casi un tercio de la población musulmana del mundo reside allí. En los países de occidente con población afro-descendiente, las mujeres están entre los musulmanes afectados por la violencia islamófoba. Este fue el caso de la artista Kameelah Rashid, una musulmana afroamericana en hiyab que fue bajada de un vuelo a Estambul e interrogada durante horas por el FBI. Traumatizada por el evento, Rashid señaló:

No hay un resurgimiento de la Islamofobia tras los atentados de París. Creo que nunca se fue. Sólo se está volviendo más legitima

Más de 250.000 mujeres musulmanas negras viven en los Estados Unidos. En el mundo, la población musulmana femenina de origen negro llega a decenas de millones. Solo en Nigeria hay 60 millones de mujeres musulmanas. Guinea, Níger y la República Democrática del Congo se encuentran entre las naciones africanas con población de mayoría musulmana. Sin duda, muchas musulmanas negras no llevan hiyab. Pero como Rashid, cualquier mujer negra identificable como musulmana es vulnerable a la violencia estatal e interpersonal.

Ser musulmana es estar en la “Otredad” , gracias al orientalismo y sus representaciones estereotipadas del Mundo Islámico vinculadas al exotismo y la barbarie. Hasta hace poco, esto sólo había afectado a las mujeres árabes, medio orientales, a las “nacidas” en el Islam o musulmanas culturales. Con la visibilización del Islam Africano y el crecimiento de la Fe Islámica en occidente y habla hispana, la otredad se amplia para las mujeres que ya estaban en esa categoría por cuestiones de raza, construcción de género, geografía o corporalidad como las latinas, las negras y las indígenas.

Islamofobia y Feminismos Decoloniales

La Islamofobia es un tipo de violencia de género que a su enorme carga sexista, racista y misógina, suma una fuerte raíz colonial basada en paradigmas de subalteridad y deshumanización.

Los Feminismos Decoloniales y sus perspectivas desarrolladas en América Latina y el sur del mundo, centradas en los conflictos derivados de las intersecciones entre sexo/género, clase y raza, con las instituciones y colonialidad arraigadas en la cultura han mantenido, hasta ahora, al Feminismo Islámico al margen de su quehacer. A veces, haciendo eco del dogma heredado del feminismo tradicional de que “Las religiones son patriarcales” y que no es posible hacer feminismo en dichos espacios; otras veces, dejando de lado el factor religioso para privilegiar la raza, o fusionando ambos.

Se esté de acuerdo o no con el feminismo islámico o la posibilidad del feminismo en la religión, es evidente que la identidad religiosa se ha convertido en un factor que predispone a la violencia contra las mujeres, especialmente a mujeres en el “espectro decolonial”. La mayoría de las mujeres víctimas de la islamofobia de género forman parte de grupos cuyas voces y acciones el feminismo descolonial busca visibilizar.

Oponerse a la Islamofobia no quiere decir estar de acuerdo con el Islam o con el Hiyab, sino en desacuerdo con la violencia contra las mujeres. Las mujeres tienen derecho a sus opciones, aunque no nos gusten. Y si nos llamamos feministas, tenemos que estar dispuestas a defender el derecho de TODAS las mujeres a vivir una vida libre de violencia, dejando de lado nuestros sesgos y prejuicios culturales, aún si eso implica lidiar con la propia Islamofobia internalizada. Cuando se trata de violencia, no se pueden defender sólo a las mujeres que aprobamos.

La causa de las mujeres musulmanas contra la Islamofobia es una causa común de todas las mujeres del sur: Es un tipo de violencia de género con raíces coloniales. La violencia religiosa feminizada debe incorporarse al debate, especialmente en el contexto de tensión política internacional que vivimos, debido al Estado Islámico, la alerta terrorista en Europa, la crisis migratoria y el incremento del miedo en la población civil, que han evidenciado que los cuerpos de las mujeres musulmanas son un territorio de batalla específico. Con Hiyab o no, los problemas de las mujeres musulmanas son problemas de todas.

Nigeria Aprueba Ley que Criminaliza la Mutilación Genital Femenina

genital mutilation

El presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, firmó un proyecto de ley que tipifica como delito la mutilación genital femenina, una práctica que se cree afecta alrededor de 19,9 millones de niñas y mujeres en el país. Los expertos esperan que la medida tenga un efecto dominó en otros estados africanos donde la práctica es frecuente.

La Ley prohíbe la circuncisión femenina o mutilación genital y la expulsión forzada del hogar. También prohíbe el abandono de cónyuge, hijos y otros familiares a cargo y sin sustento y otras prácticas tradicionales nocivas vinculadas a la violencia de género.

Esta legislación histórica está siendo aclamada como un paso importante para el país más poblado de África, pero también los expertos esperan que tenga un efecto multiplicador potencial sobre los otros 26 países africanos que tienen poblaciones significativas las mujeres sometidad a la práctica.

Un Ejemplo para Toda Africa

La decisión de Nigeria de prohibir la mutilación genital femenina (MGF) envía una poderosa señal no sólo dentro de Nigeria, sino a  toda África, según J. Peter Pham, director del Centro de África en el Consejo del Atlántico. “Nigeria, sólo por el gran tamaño de su población, tiene el mayor número absoluto de casos de MGF en el mundo, dijo. Agregó que el proyecto de ley ahora penaliza efectivamente un porcentaje significativo de la MGF en el continente africano. “No se puede sobrestimar el impacto de cualquier decisión de Nigeria en el continente

Se estima que más de 125 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sufrido algún tipo de MGF, y la mayoría se concentra en 29 países, la mayoría, excepto dos, en África, según un estudio de 2013 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

La MGF, también conocida como o circuncisión femenina, es un procedimiento en el cual la totalidad o la mayor parte de los genitales externos femeninos son removidos o alterados quirúrgicamente por razones no médicas. El procedimiento no ha documentado beneficios para la salud y se considera una violación de los derechos humanos de las niñas y mujeres por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud.

A pesar de los esfuerzos internacionales para derrotar a la práctica, la MGF tiene altas tasas de prevalencia, con más del 95% en países como Somalia, Guinea, Djibouti y Egipto. En Nigeria, que tiene una población de 175 millones, la prevalencia nacional se estima en alrededor de 27%, 

La prevalencia continuada del procedimiento es el resultado de factores culturales y sociales profundamente arraigadas. Esto ha supuesto un reto tanto para lor organismos de salud y activistas de derechos humanos internacionales como para los agentes nacionales y locales que han tratado de poner fin a la MGF.

La Comunidad debe Involucrarse

Los activistas han advertido de que si bien la ley es un enorme paso en la eliminación de la MGF, no va a cambiar las altas tasas de prevalencia del procedimiento en Nigeria – o el resto del continente – de un día para otro. Por mucho que la legislación envía un mensaje claro y proporciona a activistas un marco legal para sus accione y para pedir cuentas al gobierno al respecto, la criminalización de la práctica todavía tiene sus limitaciones, de acuerdo con Stella Mukasa, directora de género, violencia y derechos en el Centro Internacional para la Investigación sobre la Mujer.

“A pesar de las garantías jurídicas son un paso importante para poner fin a la MGF, que no son suficientes para eliminarlo”, escribió en un comentario para el diario británico The Guardian. “Poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas requiere una inversión, no sólo leyes escritas en los libros de estatutos. Es por esto que tenemos que destacar la participación de la comunidad, con miras al cambio de las normas sociales, como un componente crítico de la erradicación de la MGF “.

El reto de cambiar las normas sociales se ha subrayado en el caso de otros países africanos como Egipto, donde la prevalencia de la MGF se reveló aproximadamente en un 92% entre las mujeres casadas, a pesar de la práctica está prohibida desde 2008.

Más de la mitad de las mujeres encuestadas por el gobierno egipcio dijeron que seguían estando a favor de la MGF porque lo vieron como estar en conformidad con sus tradiciones culturales.

Fuente: para IBT