El Crimen de Honor que Levantó en Furia a las Mujeres de Jordania

 

Sarkhaat Al-Nisaa, que en árabe significa “Los Gritos de las Mujeres”, es el nombre de una nueva campaña organizada por activistas feministas en Jordania, a raíz del brutal asesinato de una mujer de 30 años por parte de su padre en un llamado “crimen de honor”, que ha puesto el tema de la violencia contra las mujeres en el país bajo el foco de atención, reavivando la furia pública y los llamados a la acción.

La mujer llamada Ahlam, divorciada y de poco más de 30 años, había sido devuelta recientemente a su familia después de ser ingresada en un centro de detención para mujeres por quejarse de ser víctima de abuso doméstico.

“Esta no es la primera vez, y lamentablemente no será la última”, dijo la activista de 31 años Fatin Otoom. “La madre no hizo nada … le hizo una taza de té a su marido y él la bebió con la sangre de su hija todavía en sus manos”.

El grupo se paró frente al Parlamento jordano el miércoles para dejar en claro sus demandas: quieren que el gobierno derogue los artículos del Código Penal de Jordania que permiten reducir las penas de prisión para los hombres que asesinan a sus familiares.

Los vecinos de Ahlam dicen que escucharon gritos a las 9 de la noche del día de su muerte y la vieron corriendo a la calle con el cuello sangrando, pidiendo ayuda a la gente porque su familia quería matarla. Nadie intervino cuando su padre vino corriendo detrás de ella con un ladrillo y la golpeó hasta matarla, antes de sentarse, encender un cigarrillo y beber una taza de té.

Debido al coronavirus, muchas naciones han visto aumentos en el abuso doméstico, incluida Jordania. En 2020, hubo nueve asesinatos contra mujeres. Anualmente, se reportan entre 15 y 20 “asesinatos por honor”, según Human Rights Watch.

La princesa jordana Basma Bint Talal escribió en su página de Facebook: “Cuántas otras mujeres deben morir antes de que se tomen medidas punitivas adecuadas … No hay honor en el asesinato por honor y ya no podemos mirar hacia otro lado.”

Una Ley Francesa que Beneficia a los Agresores

A la vanguardia del movimiento Sarkhaat Al-Nisaa está Banan Abu Zaineddine, una activista feminista en Ammán. “El tema  de los crímenes  por honor está presente en todo el mundo árabe, no solo en Jordania”, dice Abu Zaineddine.

“Me imagino que sucede en la mayoría de los países, pero en otros países tienen leyes que ayudan y apoyan a las mujeres, y las sanciones por cometer actos de violencia contra las mujeres son claras. Tenemos leyes en Jordania que no ayudan”.

La más importante de estas demandas es la revisión de la estructura del Departamento de Protección de la Familia de Jordania y la revisión de artículos en el código penal que permiten reducciones en las sentencias sobre la base de que la familia perdona al asesino, que a menudo es miembro de la misma familia. 

Otras solicitudes incluyen pedir enmiendas a la Ley de Violencia Doméstica para garantizar que existan medidas efectivas que brinden a las niñas y mujeres en riesgo un acceso fácil a la protección sostenible y un sistema más sólido de responsabilidad del Departamento de Protección de la Familia, para que no vuelva a suceder.

El Código Penal de Jordania se deriva en parte del Código Napoleónico de Francia. El artículo 340, que permitía a los jueces dictar sentencias menos severas a los hombres que asesinaran a parientes mujeres por cometer adulterio o tener relaciones sexuales antes del matrimonio, fue derogado recientemente en 2018, en gran parte en parte por el trabajo de activistas de base como Abu Zaineddine.

Pero está el artículo 97, que permite que la pena por un asesinato premeditado se reduzca si se cometió debido a un “ataque de furia” y  permite que los asesinos condenados cumplan tan solo doce meses en la cárcel. Besan Jaber es otra activista e investigadora de derechos humanos con sede en Ammán. Ella explica cómo funcionan las leyes contra víctimas como Ahlam en Jordania: “La ley de sentencias y la ley de protección contra la violencia doméstica en algunos casos justifican estos actos o asesinatos como un acto de ira, lo cual reduce las sentencias”

El Café Sheroes en la India Lucha por Empoderar a las Víctimas de Ataques con Ácido

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Dirigido por sobrevivientes de ataques con ácido, el café es parte de campañas más amplias para el acceso de las mujeres a lugares públicos y la libertad de expresión.

Lejos del centro de atención del Taj Mahal, el Café Sheroes en Agra, India, está dirigido por sobrevivientes de ataques con ácido. Las niñas y las mujeres, que fueron atacadas por sus acosadores, amantes abandonados, parientes o padres, sirven bebidas calientes y trabajan como cocineras. En una esquina, las camisetas que dicen “Detenga los ataques de ácido” y “Mi belleza es mi sonrisa”, están a la venta.

Quienes trabajan aquí apoyan campañas más amplias para la igualdad de género: Que las mujeres accedan a lugares públicos sin temor a la violencia y se expresen libremente.

Bala, de 21 años, me dijo que la primera vez que vino al café era una persona callada. Ella había dejado de hablar después de un ataque con ácido, pero este lugar le dio confianza para “abrirse y hablar”. Bala tenía 17 años cuando fue atacada por un terrateniente que había matado a su padre. Su hermano denunció el asesinato a la policía y el propietario recibió una sentencia de siete años. A pesar de esto, fue liberado en breve, dijo Bala. “Cuando salió, me atacó con ácido para vengarse”.

Rukkya, de 30 años, fue atacada por el cuñado de su hermana, que quería casarse con ella a la edad de 15 años. “Primero pensé que me había tirado café. Estaba gritando. Mi cara se estaba derritiendo y ardiendo. Entonces me di cuenta de que me había echado ácido”, me dijo Rukkya.

Los ataques de ácido a menudo tienen la intención de desfigurar a las mujeres que se niegan a casarse con un hombre o rechazan sus avances sexuales. También han sucedido en medio de conflictos familiares, violencia doméstica y abuso conyugal. Por lo general, premeditado y dirigido a la cara de la víctima, el objetivo es el daño a largo plazo.

Rupa, de 24 años, dice que su madrastra la atacó cuando tenía 15 años. Le echó ácido mientras dormía en su casa en un pueblo de Uttar Pradesh.

Sana, ahora de 23 años, fue agredida hace tres años por sus parientes políticos porque no podía cumplir con sus demandas de dote.

Geeta, de 40 años, y su hija de 26 años, Neetu, fueron desfiguradas cuando el marido de Geeta les echó ácido mientras dormían, porque él quería un hijo. También atacó a su hija menor, Krishna, quien luego murió a causa del ataque.

Las mujeres con las que hablé tenían quemaduras de tercer y cuarto grado. Cada una había sufrido daños en el cuero cabelludo, la boca, el cuello, el pecho, los brazos, las manos, los ojos, las orejas y la nariz. El ácido afectaba su piel y desfiguraba sus caras. Soportaron traumas y dolor extremos.

La mayoría de las niñas y mujeres que trabajan en el café Sheroes provienen de áreas rurales y ciudades más pequeñas, principalmente de los estados de Uttar Pradesh y Bihar, donde existen pocos o ningún servicio de salud especializado para apoyarlas. Deben viajar largas distancias para recibir tratamiento y a menudo tienen que ir a un hospital especial administrado por el gobierno en Nueva Delhi, donde la capacidad es baja, el tratamiento es caro y los tiempos de espera son largos.

Todas las mujeres que conocí han tenido varias cirugías reconstructivas. Aunque las víctimas de ataques con ácido tienen derecho a una indemnización de hasta INR 300,000 (alrededor de US $4,600), no es fácil de obtener y es posible que no cubra el costo total del tratamiento y la rehabilitación. Como resultado, las sobrevivientes pueden verse endeudadas.

Bala ya ha tenido ocho cirugías y explica su terrible experiencia después del ataque: “Cuando fui asaltada, llamamos a la policía pero la policía no me escuchó. Estuve sufriendo durante dos o tres horas antes de que me llevaran a un centro médico. Me llevó varias horas conseguir el tratamiento adecuado”.

Bala dice que viajó a las citas en Nueva Delhi solo para descubrir que “no hay doctores disponibles”. Hacemos un viaje tan largo y no nos ven “.

En 2013, el gobierno indio modificó el código penal nacional para registrar mejor y tratar de frenar las incidencias de ataques con ácido. Los cambios legales restringieron las ventas de ácidos sin receta y le dieron a los vendedores la responsabilidad de solicitar y registrar las identidades de los compradores, los motivos de compra y las cantidades vendidas. Pero este es un país donde las redes sociales fuertes parecen preceder a todo lo demás. El ácido todavía encuentra su camino en manos de los atacantes, y tales ataques aún ocurren.

Mis conversaciones con mujeres en Café Sheroes sugirieron que muchos perpetradores de ataques con ácido quedan impunes ofreciendo sobornos o usando su propia influencia para eludir las leyes. Sin embargo, las mujeres no expresaron enojo. Explicaron que la justicia solo puede venir de la creación de espacios donde se sientan socialmente incluidos, por parte de la comunidad en general, y del refuerzo de las leyes gubernamentales.

Exigieron un mayor enfoque en la prevención, en lugar de la respuesta a la crisis. También expresaron gratitud porque pueden continuar con sus vidas en el café. Su lucha constante por la igualdad revela la verdadera cara de la India.

Por Ritu Mahendru

Mujeres Musulmanas: Pañuelos Púrpura Contra el Femicidio

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Aziya Zubair – en la foto con su esposo- era una arquitecta y mujer de negocios de origen pakistani, residente en Estados Unidos, motivada por contribuir al fin de los estereotipos culturales sobre las y los musulmanes para una mejor convivencia en la sociedad norteamericana post 9-11. Por ello, junto a su esposo Muzzamil Hassan, decidió fundar en 2004 Bridges TV, un medio de comunicación satelital para conectar la vida de las comunidades musulmanas con la sociedad estadounidense.

La pareja habia estado casada 9 años y tenian dos hijos. Pero la realidad entre Aziya y Muzzamil no era precisamente la de un matrimonio ideal, como de aquellos que hablan las novelas y las series de TV. Aziya Zubair vivía entre su carrera, el activismo comunitario, el canal de TV y la espiral de violencia doméstica. El 12 de febrero de 2009 su cuerpo fue encontrado decapitado en el Estado de Nueva York, luego que su propio marido informara a la policía donde encontrarlo.

Los fiscales argumentaron que Hassan abusaba de su esposa y planeó el ataque en un pasillo de Bridges TV. Fue arrestado en 2009 después de que ingresó a una estación de policía en la ciudad de Buffalo, en el estado de Nueva York, y le dijo a los oficiales que su esposa estaba muerta. Muzzamil fue encontrado culpable y condenado el 7 de Febrero de 2011 a 25 años de prisión.

En febrero de 2010 y mientras aún se esperaba sentencia condenatoria para Hassan, las mujeres musulmanas norteamericanas comenzaron con el Día del Hiyab Púrpura, fecha que a partir del 2011 pasa a ser internacional, ya que es también conmemorada en Canadá, Inglaterra y Libia. Es una jornada de remembranza y apoyo para las víctimas de violencia doméstica y femicidio, pero es más que eso. Es una lucha para erradicar la violencia contra la mujer en las comunidades musulmanes e impugnar las narrativas religiosas patriarcales que la respaldan.

La fecha se conmemora cada año entre el 12 y el 16 del mes inclusive con distintas actividades como charlas de prevención, vigilias, jornada de educación comunitaria y cyberactivismo a través de redes sociales como Facebook o Twitter. Es tradición el uso del Hiyab o pañuelo islámico que cubre la cabeza, en color púrpura, pero también es posible sumarse vistiendo una prenda morada.

Durante esos días el objetivo es mantener viva la memoria y legado de Asiya Zubair, hacer conciencia sobre los efectos nefastos de la violencia doméstica y promover una cultura de respeto y buen trato, en la convicción de que la violencia contra las mujeres es un problema social que si bien no es exclusivo de las religiones, está presente en todas las religiones y mientras más animemos a toda la comunidad a hablar de ello, más grande es la posibilidad de reducir su incidencia.

El Día Internacional del Hiyab Púrpura fue pensado por las mujeres musulmanas, pero no pertenece sólo a ellas. Es de todas las mujeres y de toda persona que desee sumarse a la prevención de la violencia doméstica, a la denuncia del femicidio, al apoyo solidario a las víctimas y sus familias. Es un día de activismo y memoria, una oportunidad para encontrar nuevas maneras de terminar con la violencia de género en un contexto de acelerado aumento de esta en todas partes del mundo, porque ninguna civilización tiene el privilegio de la misoginia.

Libro “La Caida del Imán” de Nawal el Saadawi

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La caída del Imán, obra maestra de la narrativa árabe actual, no sólo constituye un testimonio humano excepcional, sino una insólita y bellísima pieza literaria de gran envergadura. En palabras de Doris Lessing, «el relato trata de las mujeres que sufren la áspera dominación patriarcal islámica, pero podrían ser mujeres de cualquier lugar en el que haya crueldad y malos tratos.

Nawal El Saadawi, nacida el 27 de octubre de 1931 en la localidad egipcia de Kafr Tahla, estudió la carrera de medicina y fue directora general de Sanidad de Egipto. Empezó a escribir cuentos y novelas en 1956, y en 1972 publicó Mujeres y sexualidad, su primer estudio sobre los problemas de la mujer árabe y de su lucha por la liberación.

Debido al acoso de la censura, tuvo que publicar sus libros en Beirut y fue cesada de su cargo. Al igual que otros importantes intelectuales árabes, fue encarcelada por Sadat. Actualmente vive y trabaja en El Cairo. Ejerce la psiquiatria y preside la Asociación de Solidaridad de las Mujeres Árabes.

Descarga Gratuita: Nawal El Saadawi-La caída del Imán

Daulatdia: Vivir y Crecer en el Burdel más Grande de Bangladesh

 

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Es el burdel más grande de Bangladesh, y posiblemente del mundo. La ciudad de Daulatdia alberga a más de 1.500 prostitutas, algunas de tan sólo 10 años de edad.

Daulatdia es el nombre de una aldea de burdeles en Bangladesh. Ha llegado a ser conocido como uno de los burdeles más grandes del mundo. Abriendo alrededor de 1988, es uno de los 20 burdeles oficialmente sancionados en Bangladesh, aunque fue extraoficialmente en existencia durante décadas anteriores.

Ubicado entre una concurrida estación de ferrocarril y un puerto de ferries lleno de miles de hombres, Dautladia alberga a profesionales del sexo que atienden a miles de hombres diariamente. La edad promedio de los trabajadores sexuales recién llegados es 14 (la edad de consentimiento) y algunas son más jóvenes. Muchos de ellas son vendidas por traficantes de redes de explotación sexual o “dalals” por alrededor de $ 250 dólares, que luego están obligadas a pagar a proxenetas que son en su mayoría mujeres mayores.

Daulatdia es como una pequeña ciudad en sí mismo. El burdel tiene todo lo que las mujeres en situación de prostitución y los clientes necesitan, desde salones de belleza, mercados hasta centros de juego. Las mujeres que trabajan allí no tienen ninguna razón para salir de la aldea contenida en el burdel. De todos modos, incluso si quisieran irse, no se les permite. En un destartalado laberinto de callejones sucios, las mujeres y las niñas trabajan día y noche en diminutos cubículos, conociendo a los hombres que vienen de la carretera cercana.

Originalmente el lugar fue construido durante el gobierno colonial. Pero ahora es propiedad de la familia de un político local. Muchas de las prostitutas siempre han vivido allí; algunos fueron vendidos a la prostitución por sus familias, y otros fueron secuestrados de sus aldeas.

El burdel más antiguo es Kandapara, con 200 años de funcionamiento. La fotografa alemana Sandra Hoyn publicó en “The Longing of The Others” fotografías de este sito, recopiladas en el siguiente video:

Bangladesh es uno de los países islámicos que no criminaliza la prostitución. Sin embargo,varios burdeles han sido cerrados. El año pasado, las autoridades locales demolieron el burdel Tangail en el norte de Bangladesh. Eso ciertamente no impidió que los clientes se fueran a Daulatdia.

Daulatdia, un pueblo en el cual mujeres que venden sexo a 3000 hombres cada día. Es un mundo sombrío pero, todavía hay lugar para la esperanza.

Un día de mal tráfico es cuando el negocio prospera en Daulatdia. Conductores, limpiadores, cargadores, empresarios de pequeñas ciudades e incluso policías vienen al burdel para pasar el tiempo con cualquiera de las mujeres de 12 a 35 años que ofrecen sus servicios por menos de US $3 por hora en caseríos de una habitación donde comen, duermen y crian a sus hijes.

Los niños y niñas que viven aquí son vulnerables al abuso y la explotación sexuales. Sus madres son apenas capaces de defenderse de los borrachos que pasan por sus habitaciones. Los niñes son regularmente empleados por los clientes para hacer recados, ir a buscar alcohol y drogas, hacer apuestas, dar masajes y, finalmente, limpiar después de que los clientes los hayan dejado solos. La mayoría de los niñes son empujados bajo la cama o en una esquina para dormir en la misma habitación donde sus madres atienden sus clientes.

Rekha tiene una hija llamada Sharifa. Ella sabe la existencia de las trabajadoras sexuales conduce a la privación y enfermedades. Ella sabe que la escuela a la que Sharifa asiste le ofrece la única posibilidad real de otra vida. Una digna de vivir. Rekha se despierta temprano todos los días para ver como Sharifa se va a la escuela. Sharifa sostiene en sus pequeñas manos sus propios sueños que un día, juntos, encontrarán una manera de escapar.

Morjina Begum, la directora de la escuela, observa a los niños que llegan a través de las puertas. Ella más que nadie entiende lo que significa esta escuela. Una vez fue una trabajadora sexual y sabe lo que significa sufrir.

Hace veinte años, las prostitutas y nuestros hijos, no teníamos esperanza, ni siquiera un cementerio para nuestro entierro, pero ahora gracias a Save the Children, tenemos chicas que están cursando estudios de ingeniería y medicina, muchas se han convertido en maestras y tantas más se han casado y se han asentado fuera de Daulatdia viviendo una vida normal

Cuando Sharifa regresa de la escuela, su madre, Rekha, la está esperando. Hace años, antes de que Save the Children empezara a trabajar en Daulatdia, estas madres y sus hijos no tenían esperanza, pero ahora hay chicas que ahora están libres. Rekha espera que su hija también viva una vida normal y nunca tenga que sufrir como ella. Es por eso que espera y reza para que la escuela nunca se cierre, porque sin ella no habrá esperanza de escape.

Fotos: Daniel Melbye

#NiUnaMenos. Vivas Nos Queremos!

Más de 2000 muertas por Feminicidio … Más de 700 desaparecidas en Argentina .. y más en América Latina y en el mundo.

Cuando era de esperar que no sobreviviríamos…

Doce meses transcurrieron desde que el acontecimiento #Ni Una Menos movilizó a miles de cientos de cuerpos que se reunieron en las plazas y en las calles. ¡Vivas nos queremos! simboliza la consigna de este año:

Ni una menos por femicidio, por trata, por aborto clandestino, por persecución judicial, por despido, por homo, lesbo y trans odio.

Por los feminicidios silenciados de mujeres indígenas y campesinas cuyos cuerpos se oponen como el último bastión en los conflictos territoriales contra el agronegocio, las corporaciones mineras o sojeras, la Marcha de Mujeres Originarias se hace presente este año invocando el derecho al Buen Vivir. Desde Honduras, el feminicidio de la líder indígena hondureña Berta Cáceres, asesinada vilmente, nos interpela en las luchas que las mujeres llevan adelante contra el sistema capitalista y extractivista. Berta fue la principal promotora de una campaña contra la construcción de una represa hidroeléctrica en el Río Gualcarque, lugar sagrado para el pueblo lenca.

Tras décadas de lucha de familiares y movilizaciones, el mapa de las luchas de las mujeres latinoamericanas contra los feminicidios abarca desde Ciudad Juárez hacia el último cielo de Sudamérica. En México, Susana Chávez acuñaría la consigna Ni Una Más para identificar la lucha contra los feminicidios. La escritora y activista, que escribiera Sangre en homenaje a una de las tantas mujeres muertas, apareció ella misma asesinada en 2011. A esa consigna le siguió Ni una mujer menos, ni una muerta más. No se trataba tan sólo de un problema del lenguaje. Era un tema de cuentas.

Por ello, el movimiento #NiUnaMenos colocó entre sus consignas de 2015 la creación del “Registro de Feminicidios”. Lo cual no significa que el movimiento se agote en él. Cada 30 horas una mujer muere en Argentina. El cuerpo de una niña es sacrificado, la infancia es asediada cuando se separan a la/os hermana/os de una familia por feminicidio vinculado.

#NiUnaMenos tiene una tarea inmensa que incluye muchos frentes, entre ellos la justicia patriarcal y machista, la desresponsabilización de los Estados por acción u omisión, la educación por una vida libre de violencias para las mujeres, la violencia mediática, la despenalización del aborto y más… La cuenta no (nos) cierra.

No queremos que nos arrebaten a otra mujer de la comunidad de mujeres. Por eso las contamos: más de 2160 asesinadas, de 700 desaparecidas, de 400 huérfanos… Las contamos todas y todos. Los familiares, las mujeres, los movimientos de mujeres, las feministas, la sociedad. Y nos faltan. La cuenta no nos cierra. Pedimos por eso que el Estado nos brinde los datos. Queremos la cuenta exacta. Sus vestidos (están) colgando de las perchas, sin sus cuerpos. Los zapatos rojos esparcidos por las calles, para traerlas a la memoria. Las contamos para exigir lesa humanidad.

Pero aún para el poder, debemos comprobar la sistematicidad. Los cuerpos, hallados, desaparecidos, huesos en el desierto, son reclamados hoy y siempre. La fuerza es haber logrado reunirlos a todos y alterar el régimen de lo invisible y lo (d)enunciable. La lista es infinita; pero alimenta la esperanza poder cerrarla. Lo que importa es que hoy todas y todos compartimos el mismo lenguaje y exigimos que la cuenta cierre. De una vez por todas. Que nos devuelvan a las desaparecidas por la trata. Ni Una Mujer Menos, Ni Una Muerta Más. Las queremos a todas de regreso a casa.

Ni Una Menos. Vivas nos queremos!

Karina Bridaseca Feminista descolonial. Coordinadora del Programa Sur-Sur (CLACSO). Coordinadora de la Red de Derechos Humanos e Investigadora Independiente del CONICET. Profesora de UNSAM y UBA.

La Violencia Sexual como Arma de Guerra contra las Mujeres

Violencia Sexual

La violencia sexual es un arma específica de guerra contra las mujeres

Yifat Susskind, directora de MADRE, organización de derechos humanos, resumió la situación actual de las mujeres en Irak en el diario británico The Guardian, en Julio de 2014:  “A medida que Irak se hunde en la guerra, las mujeres no sólo están en la primera línea: Son el campo de batalla”.

Esta violencia no es al azar. La violación es un arma terriblemente común que se utiliza para aterrorizar y controlar a las comunidades durante la guerra. Sin embargo, sólo recientemente ha sido tratado el tema con la seriedad que merece. El día en que Isis conquistó Mosul, los líderes mundiales estaban en Londres para una cumbre para abordar el flagelo de la violación en tiempo de guerra. Ahora, el compromiso de los gobiernos para proteger a las mujeres en zonas de guerra de violencia sexual está nuevamente siendo probado.

La violencia contra la mujer, especialmente la de naturaleza sexual, ha añadido su propio índice de vergüenza a las guerras recientes. De los conflictos en Bosnia y Herzegovina, pasando a Perú y hasta Ruanda, niñas y mujeres han sido víctimas de violación, encarcelamiento, tortura y ejecución.

La violación, identificada por los especialistas como la más intrusiva de los eventos traumáticos, se ha documentado en muchos conflictos armados, incluyendo los de Bangladesh, Camboya, Chipre, Haití, Liberia, Somalia y Uganda. La violación oportunista, el rapto de las cautivas y el saqueo de siglos anteriores, han sido sustituidos en los conflictos modernos por la violación como una herramienta de combate planificada.

La Violencia Sexual se define en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud de la Organización Panamericana de la Salud como

“Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.

De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, un 70% de las mujeres sufre algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida.

La violencia sexual contra las mujeres en escenarios de conflicto, ha tratado de justificarse en base a la percepción de que es inevitable en situaciones de máxima tensión y caos social, como es un estado de guerra, en las cuales los hombres están sometidos a la privación de compañía femenina por largo tiempo.

No obstante, este argumento es dudoso: Durante la dictadura militar en Chile, 3.399 mujeres fueron víctimas de violencia y tortura sexual. Este tipo de violencia fue organizada por el Estado, como una manera de aterrorizar a la población y a los “enemigos internos” fue llevada a cabo por miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden, muchos de ellos esposos y padres de familia, quienes conducían sus autos, tranquilamente, a sus hogares luego de “prestar servicio” en los campos de concentración de prisioneras políticas.

Lo mismo puede decirse en el caso de las mujeres indigenas de Guatemala, quienes narraron ante tribunales, la violencia sexual a la que fueron sometidas durante la dictadura de Rios Montt. Una de ellas relató:

“Me agarraron las manos y los pies y me abrieron, no sólo a mi sino a mi mamá también.Eramos bastantes mujeres, esto me lo hicieron en el destacamento, vi cómo le mordían los pechos a mi mamá, luego me violaron a mí”.

Otro ejemplo de que no es la tensión de la guerra lo que hace inevitable la violación, es el reporte de Physicians for Human Rights presentado en agosto de 2014, sobre violaciones en masa y violencia sexual agravada, en el período post-electoral en Kenia del 2007. El informe presentó las conclusiones derivadas de la revisión de 1600 expedientes médicos de tres hospitales en la zona del Valle del Rift entre 2007 y 2011.

Según Amnistía Internacional, los cuerpos de las mujeres se han convertido en parte del terreno del conflicto y es ahí donde se desarrolla la guerra en la actualidad; el triunfo o la derrota están marcados por la devastación en las vidas de las mujeres, producto de la violación y el abuso sexual, los cuales ya no son sólo un subproducto de la guerra, sino una estrategia militar deliberada.

La violación sistemática se utiliza a menudo como arma de guerra en “Limpieza Étnica”. Más de 20.000 niñas y mujeres musulmanas fueron violadas en Bosnia desde el inicio del conflicto, en abril de 1992, según un equipo de investigación de la Comunidad Europea. El informe también dice que las víctimas se vieron enfrentadas a la violencia que implica “llevar en sus vientres a los hijos de sus enemigos”.

También sirve para humillar a los enemigos, como hicieron las milicias pro-gobierno de Janjaweed en la región de Darfur, en Sudán, usando las violaciones en masa para controlar y castigar a las poblaciones no árabes de la zona. En Colombia, los grupos rivales violan, mutilan y matan a mujeres y niñas con el fin de imponer códigos punitivos de conducta en las ciudades y pueblos enteros y así fortalecer su control.

Es en el marco del conflicto armado en Siria, donde la violencia sexual como arma de guerra ha mostrado su cara más atroz. El informe: “Violence against Women: Bleeding Wound in the Syrian Conflict” de noviembre de 2013, sostiene que los grupos de derechos humanos sirios expresaron profundas preocupaciones sobre presuntos abusos sexuales, ya en una etapa temprana de la represión de las protestas pacíficas en 2011.

Basándose en diversas fuentes y en diferentes regiones de Siria, la Organización Siria para los Derechos Humanos “Sawasia” estima en 300 el número de casos de agresiones y violaciones sexuales cometidos en 2011. En 2013, se estima que el número de violaciones de mujeres alcanzó aproximadamente 6000, dando lugar a numerosos casos de embarazo forzado.

Los casos de violación se han documentado en Homs, Damasco, Hama, Latakia, Daraa, Idlib y Tartous. La información recibida indica que hay tres situaciones principales en las que se han producido incidentes de violación: Durante redadas gubernamentales, en los puestos de control, durante secuestros, en incursiones “puerta a puerta” y en los centros de detención. La información recopilada también indica que los miembros del aparato de seguridad del Estado han estado involucrados en la violencia sexual en varias ocasiones.

No podemos olvidar a las “Mujeres de comfort” que eran mujeres y niñas que fueron forzadas a la esclavitud sexual por el Ejército Imperial Japonés en los territorios ocupados antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Se estima que entre 20.000 a 410. 000 sufrieron esclavitud sexual en tiempos de conflicto.Muchas de las mujeres eran de países ocupados, incluida Corea, China y Filipinas, aunque también habia mujeres de Birmania, Tailandia, Vietnam, Malasia, Taiwán, Indonesia, Timor Oriental y otros territorios ocupadas por los japoneses fueron utilizadas para “Estaciones Militares de Comfort”. Existieron este tipo de instalaciones  en Japón, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia, Birmania, Nueva Guinea, Hong Kong, Macao y la Indochina francesa.

Hoy, las mujeres son campos de batalla en Irak y el Kurdistán, en la brutal arremetida del ISIS por imponer un Califato Islámico mundial. La Organización por la Libertad de las Mujeres de Irak denunció el secuestro y tráfico de mujeres para ser vendidas individualmente o en grupos, para convertirse en esposas temporales de los guerreros ISIS donde se convierten en esclavas sexuales en nombre de la “Jihad Sexual.” Según la entidad, estas atrocidades se han intensificado a lo largo del mes de agosto, en línea con la comisión de genocidio contra las comunidades minoritarias. Las masacres cometidas contra los Yazidi, chiítas y las comunidades cristianas fueron seguidas por la toma de cientos de mujeres para llevarlas al recién fundado “Mercado de concubinas” en Mosul, con el propósito de vender a las mujeres como esclavas sexuales.

El daño infligido a una mujer en estos contextos, es un ataque a su cuerpo, a su familia y su cultura; en muchas sociedades, las mujeres son vistas como depositarios de los valores culturales y espirituales de la comunidad. Destruirlas física y moralmente es una forma de quebrar la moral, capacidad de resistencia y unidad del colectivo.

La violencia sexual contra las mujeres en escenarios bélicos es una expresión del Patriarcado, como lo son las guerras en las cuales se llevan a cabo estas atrocidades. Un patriarcado en el cual la categoría “Hombres” domina a la categoría “Mujeres” a través del control de la sexualidad femenina usando la violencia y la coerción, dónde las mujeres son objetos cuya dignidad, libertad y derechos dependen de las decisiones masculinas.

Las mujeres, carne de cañón de la política del patriarcado, cosificadas y devaluadas genéricamente, son abusadas, agredidas, violadas, traficadas y asesinadas por hombres, como una forma de propinar una derrota a otro grupo de hombres.

Y mientras los líderes políticos, las organizaciones internacionales y la opinión pública discute sobre la guerra y la paz, la violencia sexual aumenta y se recrudece en el planeta. Sin importar el lugar del mundo, con o sin declaraciones, en ausencia de resoluciones de la ONU o en aparentes estados de derecho, las mujeres enfrentan una guerra diaria por la integridad de sus cuerpos: En Irak, Siria y El Congo. Pero también en Nigeria, Egipto, Honduras y El Salvador; en la frontera norte de México y en los campos de refugiados de Palestina. Donde hay ocasión para la violencia de género, habrá espacio para la violencia sexual.